74.- El Texto bíblico no
miente. En el Cuarto Día del Génesis se nos dice que Dios creó las estrellas
para separar la Luz de las Tinieblas. Cito: “Y así fue. Hizo Dios los dos
grandes luminares, el mayor para presidir el día, y el menor para presidir la noche,
y las estrellas; y los puso en el firmamento de los cielos para alumbrar la
tierra y presidir el día y la noche, y separar la Luz de las Tinieblas”. ¿Quién
no ha leído alguna vez este texto?: “Creó Dios las estrellas y las puso en el
Firmamento de los Cielos para separar la Luz de las Tinieblas”. El Autor del
Génesis primero nos dice que Dios creó la Luz y enseguida nos declara que una
vez creada la Luz la separó de las Tinieblas.
75.- Bueno, las opciones
que se nos ofrece son las que son y no admiten vueltas. Dios creó la Luz, luego
la separó de las Tinieblas, y creó las estrellas para separar la Luz de las
Tinieblas. La cuestión es qué pasaría ahora si donde Moisés escribió Luz nosotros
ponemos el Manto de Hielo cuya creación hemos seguido. ¿Empieza a calentarse el
ambiente? Qué tal si cogemos lápiz y papel y tiramos líneas.
76.- Trazamos una
circunferencia en una esquina del papel y la llamamos Tierra. En el lado
contrario trazamos otro círculo y lo llamamos Tinieblas. Ahora trazamos en
medio un muro de separación entre Tierra y Tinieblas, que llamaremos Estrellas.
Es la imagen que nos sale poniendo Tierra donde Moisés puso Luz. Y de hecho, si
miramos al cielo vemos que los Cielos hacen de muro de separación entre la
Tierra y el cosmos exterior. Conclusión: Si Dios creó la Luz y la separó de las
Tinieblas es que la Tierra se encontraba en ese momento en esa región de la que
las estrellas la separan actualmente. O lo que es igual, antes de crear la Luz:
la Tierra se encontraba en medio de las Tinieblas.
77.- Comprendo que esta
sencilla forma de fabricar lógica le parezca al lector un arte siniestro de
complicar aún más las cosas. Lo cierto es que por más que quiero no encuentro
la complicación y tal vez por esto me lanzo a la recreación de los
acontecimientos geohistóricos sin pensar en la opinión de los siglos. A la hora
de la verdad, que es la que aquí nos interesa, el problema es dónde, en qué
región del espacio exterior se encuentran esas Tinieblas que cubrían la faz del
Abismo cuando Dios dijo: Haya luz.
78.- La Revelación se
limita a informarnos sobre la distancia astronómica que Dios puso entre las
Tinieblas y la Luz. No da números ni coordenadas intergalácticas. Nos dice que
Dios creó la Tierra y entre la Tierra y su región de Origen puso por medio los
Cielos. Traducción maravillosa y revolucionaria que nos deja clavados en el
asiento y nos sitúa justo donde nos quería ver nuestro Creador: En medio de las
Tinieblas y mirando a los Cielos. Así que ¿de qué nos vale tener los pies sobre
la tierra si al final el que tiene la cabeza en las nubes es el que mejor ve
las cosas?
79.- Una cuestión extra
viene al caso. ¿Creó Dios las estrellas para separar la Tierra de su región de
Origen sin más causa que dibujar en la bóveda del firmamento el zodiaco? ¿O le
dio a los Cielos dimensiones galácticas por alguna otra razón? La respuesta
positiva implica la afirmación de un imposible histórico, ni más ni menos que
un hombre de hace tres mil quinientos años hubiera comprendido, sin haber
observado jamás el cosmos, que nuestro Universo es una Galaxia en el corazón de
un océano de galaxias en movimiento, razón por la que le dio Dios a nuestros
Cielos sus actuales dimensiones astronómicas.