119.- Tenemos a la
Tierra rotando alrededor del Sol. Hemos visto que la estabilidad termodinámica
de la Biosfera la hizo Dios depender de las masas polares. Ahora nos toca
estudiar la mecánica de mantenimiento de los casquetes polares, pues todo nos
lleva a creer que la temperatura y el ángulo de rotación están en relación
directa, y sin embargo la Tierra orbita dentro de un campo gravitatorio sujeto
a las alteraciones que desde el astro central transforman el espacio
interplanetario en razón de su interrelación con el mundo sideral al que
pertenece. Lo que provoca en los planetas una dinámica rotatoria inestable,
reflejo del cabeceo del Sol. (Que el Sol cabecee significa que su ángulo de
rotación parece que ande como borracho y, como el cuerpo del borracho anda de
izquierda a derecha, de la misma manera su eje geográfico se tumba ahora a la
derecha ahora a la izquierda. Movimiento que se refleja con especial intensidad
en la rotación de Marte y debiera, por naturaleza, ser el natural al eje de la
Tierra. Si el cabeceo del ángulo de rotación planetario es la regla, la Tierra
es la excepción a la regla. La importancia de esta constante dinámica es vital
si recordamos que la temperatura y el ángulo de rotación están en relación
directa). La sujeción de nuestro planeta a la ley del cabeceo solar -sobre cuya
causa tendríamos que entrar en otro capítulo- alternaría el área de incidencia
de la energía solar sobre la geografía continental, con el consiguiente efecto
de descongelación irregular de los casquetes polares. Pero esto no pasa, y de
aquí la pregunta: ¿Por qué la Tierra le ofrece al Sol siempre el mismo ángulo
de rotación?
120.- Esta singularidad
tiene una explicación. La ley que gobierna la caída del eje de rotación hacia
un hemisferio o hacia el otro de un cuerpo que gira sobre sí mismo tiene la
respuesta. La experiencia no falla. La realidad cotidiana nos ofrece ejemplos variados
sobre la naturaleza y los efectos aplicativos de esta ley. Su descripción no es
complicada. Pensemos, ¿qué pasaría si nos pusiéramos a dar vueltas con los
brazos abiertos sosteniendo una enciclopedia en una mano? ¿El brazo cargado no
se nos caería en la dirección natural al peso que sostiene? En fin, sobre
ejemplos como sobre gustos no hay nada escrito. Una vez que se ha comprendido
la naturaleza de la ley y el efecto a que da lugar cada cual puede inventarse
el suyo. Comprendida en toda su extensión la ley lo que hay que hacer ahora es
aplicarla a la realidad del Globo de la Tierra. Quiero decir, basta agarrar un
globo terráqueo, ponerlo sobre la mesa y pararse a observar este ejemplo de la
enciclopedia en una mano con el fenómeno de concentración de los continentes en
un hemisferio. ¿No está toda la masa continental agrupada en un hemisferio? El
otro hemisferio está ocupado por las aguas del Pacífico. Ya tenemos la
enciclopedia en un brazo de la Tierra, ¿qué efecto nos resultará si ahora
cogemos el Globo de la Tierra y empezamos a darle vueltas sobre su eje?
121.- Este efecto de
caída del ángulo de rotación hacia el hemisferio sobrecargado es justamente el
que buscó Dios al cargar la masa pentacontinental sobre un hemisferio. El
efecto final que producía era un ángulo de rotación fijo. ¿Por qué molestarse?
Bueno, la necesidad de la estabilización del Plano de Interrelación Biosférico
era una causa de primer orden. La creación de una plataforma termodinámica
estable era una necesidad de la Evolución. Gracias a la concentración
pentacontinental dentro de un hemisferio del planeta Dios hacía posible que la
zona de incidencia que el Globo le presenta a la energía solar fuera siempre la
misma. Gracias a esta constancia óptica la curva de crecimiento de la
temperatura biosférica y por tanto de la descongelación de los casquetes
polares se sujetaría a un ritmo estable durante todas las edades geológicas.
(Conclusiones supersencillas y naturales éstas que a los defensores de la
tectónica de placas, por ejemplo, debe parecerles una herejía. Pero qué se le
va a hacer. Ni sobre gustos hay nada escrito ni se puede tener contento a todo
el mundo).