131.-
Este sistema geofísico autónomo, en el
origen de tantos quebraderos de cabeza, se completa
con una estructura planetaria sui géneris, especial,
aplastantemente maravillosa, cuyas bases me honro presentaros.
Pero quiero partir de un hecho. Mejor aún de
una ley: A saber, si todo sistema astrofísico
es un transformador de energía universal en luz
y calor su velocidad de trabajo dependerá de
la densidad gravitatoria de su campo y del número
de revoluciones por siglo de su astro. Esto de un sitio.
132.-
Del otro sitio, es justo decir que la velocidad sideral
de un sistema -sea constelación o galaxia- es una
constante deducida de las fuerzas de la región
astrofísica al que dicho sistema pertenece. En
otras palabras, si el Sistema Solar no se interrelacionara
con el Universo de las constelaciones su velocidad de
crucero dependería exclusivamente de la cantidad
de energía de su campo gravitatorio. Sujeto el
Sistema Solar a la ley de atracción de la gravedad
entre los cuerpos del universo, la propia ley nos dice
que al disminuir la distancia entre las constelaciones
por lógica ha de subir la velocidad de crucero
de los sistemas estelares que las componen. Efecto universal
este del que nosotros podemos inferir que si se acelera
la velocidad del astro central de cuya velocidad dependen
los cuerpos menores de un sistema todos los cuerpos dependientes
de su física experimentarán dicha variación.
De alguna forma, de alguna manera.
133.-
Y esto viene a cuento porque la pregunta no puede ser
eludida ni dejada de lado en razón de ciertos contextos,
especialmente una vez abierta la Evolución de la
Vida en la Tierra a un complejo sistema de ecuaciones
físicas sin cuya resolución el futuro de
la vida no podía ser garantizado. La nueva pregunta
que viene al caso es: ¿Cómo frenó
Dios de antemano las posibles alteraciones que en el futuro,
y precisamente por estar sujeto nuestro Sistema a esta
ley universal, la Tierra habría de experimentar?
Para mejor captar las entrañas de la cuestión
comparemos nuestro Sistema con una nave. Hecho, comparado
el Sistema Solar con una nave en pleno vuelo, lo que aquí
estamos tratando de descubrir es si esta nave fue dotada
de un freno de seguridad, o simplemente navega por el
mar de las constelaciones a la deriva, expuesta a los
vientos gravitatorios y a los campos electromagnéticos
siderales.
134.-
¿Pero por qué tenía Dios necesidad
de dotar al Sistema Solar de un freno de seguridad para
mantener estable su velocidad de crucero? es la cuestión
contraria a la anterior. Y bueno, pienso que la necesidad
es tan obvia como la sujeción de todos los cuerpos
del universo a las leyes que lo regulan. ¿Si las
ruedas aceleran no lo hará el chasis al mismo tiempo?
¿Si el Sol mete el pie en el acelerador los planetas
no sufrirán las consecuencias?
135.-
¿Y en qué medida esta aceleración
hipotética le afectará a los transformadores
centrales de los planetas, y especialmente al de la Tierra
una vez descubierta la relación directa entre velocidad
y calor? ¿Pero y si ahora bajara bruscamente la
velocidad solar por razones de interacción electrodinámica
a distancia? O séase, ¿se partió
Dios la cabeza para crearle un Sustrato Ecosférico
Autónomo al Plano de Interrelación Biosférico
y después iba a exponer toda la Arquitectura Geofísica
a la destrucción a raiz de un golpe de timón
constelacional? Tiró líneas, desplazó
continentes de un hemisferio al otro, creó zonas
sismológicas calientes, reguló la termodinámica
geonuclear, no dejó nada al azar, ningún
cabo suelto se le pasó por alto. Y ahora, cuando
la aventura de la vida comenzaba, ¿ahora iba a
dejar la nave solar a la deriva por las corrientes interconstelacionales?
La necesidad de corregir trayectorias en el tiempo, controlar
variaciones en el espacio y gobernar por control remoto
la materia, obligaba a la Inteligencia Creadora a dotar
al Sistema Solar de un freno de seguridad que mantuviese
la velocidad de crucero del astro central dentro de una
franja de máximos y mínimos. La cuestión
es de qué tipo de freno automático ha de
echar mano un Ingeniero Astrofísico a la hora de
poner en órbita un Sistema del tipo Solar. Aunque
claro, si no sabemos a qué tipo pertenece el Sistema
Solar difícilmente podremos encontrar la respuesta.
La respuesta está delante de nuestros ojos sin
embargo. |