34.- Más
superficialmente o menos en profundidad quien menos quien más conoce cuál es el
producto final de la fusión de los sólidos. (Digo esto hablando sobre la fusión
de la Corteza Primaria). Los volcanes son el mejor ejemplo que pueda yo llamar
en mi ayuda. La asociación entre erupción volcánica y masas de gases elevándose
al cielo un clásico de la Naturaleza, la foto nos ahorra tener que navegar por
entre las redes cristalinas y sus enlaces moleculares, viaje placentero para
algunos, bastante pesado para otros. A nivel industrial los altos hornos nos
ofrecen gratuitamente otro ejemplo. Pero si lo que nos preocupa es conocer a
fondo el tema lo mejor es servirse de un experto en ciencias de la Naturaleza y
preguntarle cómo se las arregla la materia sólida para retardar lo peor;
después de todo el comportamiento de las redes cristalinas sometidas a una
fuente de calor en alza es un caso omnipresente en los manuales más elementales
de física.
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35.- La pregunta que
aquí nos trae de cabeza es la siguiente: ¿Qué iba Dios buscando al poner a tope
los motores del transformador geofísico? ¿Qué pretendía al provocar la
aceleración de las revoluciones de trabajo del Núcleo de la Tierra y producir
la fusión de la Corteza Primaria? (Las otras cosas que he dejado en el aire, la
naturaleza química de la Corteza Primaria y su formación son detalles que
intentaré recoger más adelante cuando entre en el capítulo de la Creación de la
Tierra. En su momento procuraré entrar también en la naturaleza astrofísica del
Núcleo y la relación que la materia estelar y los campos gravitatorios
mantienen y están en el origen de las propiedades del cosmos. Apuntar, como he
hecho, que esa relación energía-materia se traduce en luz y calor no es una
idea gratuita, sino simplemente la forma más natural y sencilla de explicar el
proceso básico en el que las estrellas y las galaxias tienen su origen y acorde
a cuya fenomenología se distribuyen e interaccionan. Pero ya que lo prometido
es deuda espero acordarme más adelante, y si no lo hiciera espero que el lector
disculpe este tic psicológico que me afecta a la hora de pagar “deudas”).
Regresemos entonces, recojamos el hilo y sigamos la senda que en las tinieblas
del túnel la Luz nos marca. Iba diciendo que una vez activado el Núcleo por la
presión de la multiplicación de la densidad gravitatoria del campo terrestre,
la transformación de la energía en calor precedió a la fusión del cuerpo
geofísico. Y me preguntaba luego qué es lo que esperaba Dios obtener de esta
fusión. A raíz de la representación de la fusión de la Corteza Primaria la
respuesta es la siguiente: Dios iba buscando la producción de una Atmósfera
químicamente predeterminada.
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36.- En otras palabras,
el efecto final que Dios produjo al pisar el acelerador del transformador
geonuclear tenía en la Atmósfera Primaria su estrella polar. (Obviaremos en
esta sección todo lo referente a las matemáticas de control de vuelo desde el
estado inicial al final. La lógica de la victoria alcanzada implica en su
estructura y desarrollo la superación de un complejo sistema de incógnitas. Los
resultados a la vista no sería justo arriesgarse a perder el hilo en base a
consideraciones específicas “sólo aptas para genios”. Pero sí sería bueno dejar
claro que la necesidad de atravesar ese mar de ecuaciones tenía el futuro por
premio. Cualquier error a la hora de doblar la densidad gravitatoria por unidad
cúbica astrofísica más allá de un punto crítico hubiera conducido al sistema
geofísico a su transformación en una especie de supernova planetaria. En ese
caso la Tierra se hubiera desintegrado en un enjambre de meteoritos. Pero
regresemos al tema). Iba diciendo que una vez alcanzado el Mediodía de esta
Jornada la Tierra se encontró envuelta en una Atmósfera, supersaturada con uno
de los elementos más abundantes en los espacios exteriores, el Hidrógeno. En
todos los demás aspectos la atmósfera terráquea era semejante a las atmósferas
de los demás planetas.
37.- En colores digamos
que del blanco y negro típico del cuerpo lunar la Tierra pasó al rojo brillante
y vivo de las fulguraciones solares, sólo que en líquido, para finalmente irse
apagando y enfriarse hasta desvanecerse su superficie en el seno de una nube
espesa, tan envolvente y enigmática como una nebulosa que orbitase alrededor de
un campo imaginario a la velocidad de crucero de un cometa de Navidad.
Digamos... Y dejémoslo ahí.