Declaración de Principios
0.- Este estudio sobre
las Memorias de la Creación del Universo tiene su origen en la necesidad de
abrir la Fe a los principios científicos de la Naturaleza. No pretendo fundar
la Fe en tales principios porque la Fe fue fundada sobre los principios sobrenaturales
de los que los Evangelios son su Tratado Eterno. Encarnación y Resurrección las
dos columnas del Templo de la Fe, a la hora de las preguntas sobre el Origen de
todas las cosas la única explicación que nos pudieron dar nuestros padres, y
nosotros mismos les hemos podido dar, hasta ahora, a nuestros hijos, es el Relato
de la Creación del Universo según el Génesis. Es decir, Dios creó los Cielos y
la Tierra. Y lo demás, el “cómo y el cuándo” son aspectos de la Actividad
Creadora que podemos conocer o desconocer pero que no le añaden ni le quitan
nada a la Fe.
El trabajo que me he fijado en este libro es superar la primera
de las dos incógnitas: el cómo. Pues aunque la Fe sea invencible nadie puede
negar que la Fe sin el Conocimiento sea corruptible, como bien se ha demostrado
a lo largo de los siglos. A la ignorancia debemos entonces remitir todos los
errores del Cristianismo.
Por consiguiente en este libro voy a ir directo a la
Verdad: el Universo, esta estructura de ingeniería astrofísica dentro de cuyas
paredes orbita nuestro Sistema Solar, ha sido creado por el Dios del Génesis.
Lo contrario, el supuesto hecho circunstancial de haberse producido este
conjunto final de belleza impresionante que llamamos Universo a partir de una
serie caótica de elementos, no le produjo al materialismo científico conflicto
de ninguna clase en la medida que la Ciencia negó la existencia de una Estética
Natural. (Este tema de la Estética de los Cielos y su función estimulante de la
Inteligencia es un asunto que el ateísmo científico declaró ser fruto de una
serie de casualidades, todas con origen en el caos. Sobre lo demás: cómo es
posible que el caos produzca unos Cielos de una belleza tan impresionante, este
es un punto que se negaron a responder. O respondieron con el desprecio que se
merece la pregunta de un necio).
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1.- El hecho es que
tampoco la Ética está implicada en la Genética y sin embargo su manifestación
se produce a todos los niveles históricos conocidos. De manera que siendo
innata la necesidad, el Conocimiento forma parte de nuestra estructura
genética.
O lo que es lo mismo, no reaccionaríamos a la Estética del Universo
si nuestra estructura genética no estuviese preparada para responder a las
chispas que los Cielos hacen saltar en nuestro cerebro.
(Así que negando la
relación: Inteligencia Natural-Estética Universal, lo que el materialismo
científico hizo fue intentar dirigir hacia una vía muerta el tren de la
investigación cosmológica creacionista. Contra ese intento hay que decir que la
historia de las civilizaciones desde sus más tempranos días mantiene un
registro de las respuestas de las distintas culturas a este estímulo natural,
sobre el que el Género Humano, hallándose como se hallaba en su Infancia
Ontológica, no tenía capacidad de manipulación ni dominio. El ser humano
simplemente reaccionaba a la Belleza del Universo con la naturalidad de los
árboles a la llegada de la primavera y de los vientos al invierno).
A la sazón
el ser humano en su Infancia Ontológica la respuesta del Hombre al estímulo del
Universo en su Cerebro fue la Palabra. Es decir, si en el hecho de la
admiración tiene la Ciencia su Pasado, ese mismo hecho revolucionó mucho antes
el Futuro del Hombre abriéndole la boca para articular su Primera Palabra. La
Primera Palabra, la palabra admirativa por antonomasia, qué otra podía ser sino
¡Dios!
2.- El Relato bíblico
sobre la Creación del Universo tiene su origen en aquel estímulo que despertó
en el Hombre la Palabra y la búsqueda del Conocimiento. Respecto a las
respuestas que las distintas culturas le habían dado a aquel estímulo (Estética
Celeste-Inteligencia Natural) la Respuesta Bíblica abrió entre Moisés y sus
contemporáneos una distancia tan insalvable como imposible le fuera al Faraón
cruzar el mar Rojo.
En comparación con el relato de la Creación del Universo de
Moisés los relatos cosmogónicos de los pueblos antiguos llevaban el sello del
trauma biohistórico vivido por sus padres en alguna parte al otro lado del
Diluvio. Dioses, demonios, océano, cielo, tierra, semidioses. Todas las
paranoias de aquellos hombres se mezclaron en un caos mítico de cuyas entrañas
no podía salir nada bueno excepto la justificación del comportamiento social
que era su patrimonio histórico. Razón por la que en este libro prefiero dejar
para otra ocasión un análisis sobre la génesis de las respuestas de la
Antigüedad al desafío del cosmos.
Por las mismas causas tampoco voy a perderme
en el análisis y refutación de las teorías cosmológicas modernas, pues aunque
bajo un ropaje diferente las respuestas de la Edad Atómica a las viejas
preguntas clásicas sobre el Origen y la Estructura del Universo tuvieron sus
raíces en la misma actitud psicológica que arrastrara al hombre antiguo a la
era de los mitos y las leyendas. A su tiempo y cuando la ocasión se presente ya
iré desmenuzando sus esqueletos hasta dejar al descubierto la naturaleza de sus
hipótesis.
(No siendo esta Nueva Cosmología el desarrollo de una hipótesis
anterior y no ser deudora de ninguna de ellas, la teoría histórica que se pone
en movimiento en este libro no tiene por qué seguir el mismo método de registro
y refutación de todas las hipótesis que desde los días del Mundo Clásico a la
Edad Atómica han hecho lo mismo, es decir, intentar satisfacer la necesidad de
conocimiento del ser humano. Y considerando que la libertad de expresión se une
a la libertad del pensamiento para crearse su propio método he preferido seguir
por línea de acción la plataforma que en el Génesis trazó Moisés).
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3.- En efecto, y aunque
parezca que no viene a cuento una breve reseña biohistórica, la entrada de
Moisés en la Historia revolucionó la estructura del Futuro de la Humanidad por
muchas razones. Fue el primer legislador que abolió los sacrificios humanos.
Una vez depurado por Jesucristo de las penas relacionadas al delito, su Código
de Justicia sigue siendo la base de la Ética de la Civilización, permaneciendo
su NO matarás, NO robarás, NO adulterarás, NO levantarás falso testimonio...
los pilares sobre los que el Palacio de la Justicia mantiene su estructura básica.
De muchas otras maneras la revolución de Moisés nos sigue afectando tres mil
quinientos años después. Sin contradecir en absoluto nuestra Dogmática sobre la
Divinidad, su Monoteísmo sigue siendo la Roca sobre la que Cristo levantó su
Iglesia. (De la oposición entre aquella fuerza Antigua estancada en su inercia,
que se negaba a dar el salto adelante, y la Nueva, que reclamaba nacimiento,
surgió el gran conflicto que, con su explosión, le devolvería a la Sagrada
Escritura la naturaleza revolucionaria que tuvo en sus orígenes y a la que
nunca renunciara. Gracias a Jesucristo, aún al precio de ser considerado
traidor a su patria por querer convertir la Sagrada Escritura en patrimonio
universal de la Humanidad, la Inteligencia Natural Clásica encontró abierta la
puerta al estudio de la Palabra de Dios. Y lo que es más importante, le dio a
la Biblia un Pueblo que la protegería de la Caída del Imperio Romano, que se
avecinaba).
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4.- El pueblo judío, es
cierto, había llevado la Sagrada Escritura contra el viento de los siglos. Pero
lo había hecho como quien lleva una carga de la que uno no se puede liberar.
Sus periodos de idolatría, sus épocas de corrupción, tan habituales en su
historia, no eran más que eso, la manifestación de esa imposibilidad para
quitarse aquella carga de las espaldas. Moisés firmó un Contrato entre Dios y
el Pueblo Hebreo por el que Israel no sería jamás destruido, pero que al
obligar a las dos partes y estar el Ojo de Dios en todos los sitios había de
crear y creó en la conciencia del pueblo judío la necesidad de no sentirse
vigilado de aquella manera tan constante y omnipresente. Efecto de aquella
necesidad de liberación fueron aquéllos periodos de idolatría y corrupción de
los que la Biblia está tan sobrada. (Fue esta relación de naturaleza
sadomasoquista, por cuanto Dios sabía que le era imposible al hombre no pecar y
el hombre sabía que a Dios le era imposible dejar de castigar, la que condujo
al pueblo judío a la situación final que mediante su enfrentamiento con los
poderes sacerdotales de Jerusalén nos descubrió Jesucristo).
5.- Después de un
milenio y medio estudiando la Sagrada Escritura, viviéndola en sus carnes
-diría yo- tal fue el modelo de relación entre Dios, el Universo y el Hombre
que Jerusalén y sus hijos se formaron. Sus ritos, sus prescripciones, el way of
life judío en general, salvando excepciones, mantuvo las manos del resto del
mundo lejos de la Sagrada Escritura, y las del pueblo judío, salvando raras
excepciones, lejos de los libros de la Edad de Oro de la Filosofía y la
Ciencia Clásicas. Esta situación, este muro psicohistórico insalvable en las
dos direcciones, Jesucristo se dispuso a echarlo abajo. Y lo echó. La necesidad
era vital. Depositarios de la Sagrada Escritura los judíos no podían ignorar
que la Historia Universal seguía en evolución y a su alrededor había otro
pueblo en el que Dios había depositado otro tipo de escritura sagrada. Si la
Sagrada Escritura fue el fruto del amor de Dios al Hombre, el fruto del amor
del Hombre a la Sabiduría sería la Filosofía, madre de la Ciencia.