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En
esta sección vamos a discurrir sobre acontecimientos universales
tales como el crecimiento de masa hasta el infinito, la conservación
de la información durante la eternidad, la expansión
de una onda hasta el infinito durante una eternidad y la propiedad
de un campo no luminoso para enviar información luminosa.
El
primer punto es interesante porque nos sitúa delante del
proceso de creación astrofísica. Imaginemos un cierto
paquete microcósmico con masa sujeto a una velocidad uniformemente
acelerada entre los dos puntos de un trayectoria dividida en infinitos
segmentos. Supongamos que la velocidad es siempre la misma por
el paso de cada punto de entrada e igualmente la misma en cada
punto de salida de cada segmento. Tendríamos una paradoja.
Si entre los dos puntos E_S de un
segmento la diferencia de velocidad es 10 es imposible que al
inicio del nuevo segmento la velocidad sea igual a la que exige
el argumento. Nosotros la resolvemos transformando esta diferencia
en masa, de tal manera que si durante el recorrido A, que se corresponde
al primer segmento, nuestro paquete pesaba X
ahora pesará X más
el equivalente de la diferencia de velocidad traducida en masa,
a la que nosotros le adjudicaremos un valor Y.
Como en el caso del coche de antes expresamos esta diferencia
en kilos y gramos. Si nuestro paquete- al que compararemos con
un tren de juguete, puesto que simplemente estamos jugando-; entonces,
si nuestro tren tiene un peso de 1 kilo en el punto E
y al llegar
al punto S, siendo el valor en peso
de la diferencia de velocidad es 1 gramo, nuestro tren pesará
1 kilo y 1 gramo. Puesto que la transformación de energía
en masa es igual a la diferencia de velocidad entre E
y S nuestro tren comienza el recorrido
del segmento siguiente con un gramo más pero a la misma
velocidad con la que iniciara su recorrido en el punto de entrada
del segmento de partida. Ahora imaginemos que esta operación
se realiza infinitas veces. Nadie dudará que al cabo de
una eternidad nuestro tren habrá alcanzado una masa de
valor igual a infinito. Nosotros, para evitar este derrotero,
incluimos en el proceso un límite o punto crítico
de crecimiento, a partir del cual nuestro tren se limita a vivir
in situ de la energía potencial desarrollada, tal que procede
a la transformación de masa de esta energía mediante
su emisión. Digamos que como nuestro tren ha estado sujeto
a una aceleración constante uniforme durante un tiempo
infinito su tiempo de vida potencial, no estando ya sujeto a la
ley de crecimiento, será un efecto de ese tiempo, plus su reacción al medio universal y la reacción del
medio universal a su existencia. Este punto crítico de
resistencia al crecimiento hasta el infinito es el que llamo Punto
de Implosión Astrofísica, que es una ley universal
a la que se sujeta la transformación de energía
en masa en todos los lugares del cosmos.
Pero
consideremos que este proceso de crecimiento se ha detenido o
desacelerado antes de alcanzar nuestro paquete este punto universal,
tal que existiendo no emite masa en forma de energía al
exterior, sino que invisible se presenta como un campo sin masa
visible en el universo. Tendríamos a nivel real, no ficticio,
lo que el siglo XX llamó un agujero negro, es decir, un
tren de energía cuyo crecimiento en el tiempo y el espacio
no alcanzó el punto de implosión astrofísica
en razón del efecto del medio sobre su comportamiento.
No
olvidemos que en el caso de entrada jugamos con una situación
ideal. En la realidad no existe un tren de onda aislado de un
medio externo. De aquí que si la posibilidad de crecimiento
hasta el infinito de un cuerpo protoestelógico sea imposible,
siendo la parada término el Punto de Implosión Astrofísica,
la posibilidad contraria, la creación de cuerpos estelógicos
fríos sea una constante universal. El tamaño y las
dimensiones de una estrella fría puede variar tanto como
las especies astrofisicas, y su reactivación depender de
factores tan variados como la gama de acontecimientos que el cosmos
pone en juego. En términos físicos diríamos
que un agujero negro sería una estrella fría supermasiva
o superdensa respecto a la cual el campo gravitatorio se limita
a la función de alimentar las fuerzas nucleares que hacen
posible la composición múltiple de su cuerpo. En
condiciones aisladas la existencia de este agujero dependerá
de la velocidad a que consuma la masa protoestelógica la
energía del campo en el que reside; una vez que la cantidad
de energía del campo caiga bajo el mínimo de fuerza
requerida para mantener el núcleo de la estrella fría
que alberga el acontecimiento natural será la explosión
resultante de la energía potencial que mantiene cada parte
componente de la masa con la que se relaciona el campo. ¿Podríamos
llamar al fin de un agujero negro de esta naturaleza Nova o Supernova?
En las estrellas clásicas la masa transforma el campo en
energía cuántica del tipo luminoso y sus especies
naturales. La masa de un agujero negro transforma el campo en
fuerzas de unificación intranuclear. Solamente cuando la
descompensación entre el campo y la fuerza intranuclear
se desequilibra el cuerpo de la estrella fría se descompone,
generando la explosión típica natural a la destrucción
de un todo en sus partes cuando estas partes han conservado sus
propiedades bajo el efecto al que estuvieron sujetas durante el
tiempo de vida de la estrella fría que crearan.
Yo
tiendo a creer que una Nova y una Supernova son procesos distintos.
De
hecho podemos considerar un núcleo estelógico frío
en un medio universal activo. Supongamos que un frente nebular
incide en su horizonte, cae en la red del campo de la estrella
fría y, no existiendo la posibilidad de la órbita
al no darse una fuerza de emisión estelógica, la
materia nebular se estaciona sobre el núcleo del campo
invisible, o agujero negro. Tendremos un protoplaneta.
De
hecho cuando se produce una creación en serie de astros,
tal cual sucede en las galaxias, no existe una razón uniforme
sino que la transformación del campo sobre el que se produce
su creación da lugar a generaciones de estrellas frías
que lo mismo pueden pertenecer a sistemas astrofísicos
concretos que mantener su propio sistema. En el primer caso habría
una convivencia en el seno de un sistema estelar múltiple,
sea abierto o globular; en el segundo tendríamos agujeros
negros puntuales intercalados en el propio sistema galáctico.
Por
agujero negro masivo, según la terminología antigua
de la Edad Atómica, campo gravitatorio invisible, según
la nuestra, entenderíamos un sistema intergaláctico
situado entre ambos términos. Lo cual nos lleva a pensar
que de no existir un Punto de Implosión en cuanto ley universal
que cierra el proceso de transformación de energía
en masa clásica para proceder a la creación de energía
estelógica, podríamos llegar a la situación
de la existencia de un campo gravitatorio invisible tal que su
capacidad de absorción fuese tan grande como para arrastrar
a su núcleo un universo entero.
En
cuanto a la creación de planetas vemos que la existencia
puntual de un sistema, según observamos en nuestro propio
Sistema Solar, es causa de un crecimiento de los núcleos
estelógicos emergentes tal que el crecimiento del núcleo
que hace de cabeza de tren llega a alcanzar su punto de implosión
de tal manera que estabiliza la relación entre campo y
masa, cerrando el proceso de manera que los cuerpos astrofísicos
que le siguen ya no progresan, determinando así el surgimento
de microastros orbitales de propiedades frías, es decir,
cuyos núcleos no emiten durante la explosión efecto
de la Implosión Astrof'ísica la materia almacenada
en sus superficies durante el recorrido. Aunque calientes, el
calor que generan no es suficiente para reducir a polvo la Corteza,
surgiendo de esta manera los planetas.
Esto
sobre el primer punto. Sobre el segundo, la conservación
de la información durante la eternidad: digamos que un
sistema estelógico, sea astrofísico o galáctico,
emite un paquete de información que traduce el valor de
su energía total, y que transporta consigo en tanto que
imagen por todo el universo. Pero este valor es referido al momento
y sólo a ese momento, y se conserva, como vemos, independientemente
de la distancia que recorra en el cosmos. Esto nos lleva a considerar
lo que todos sabemos, que el cosmos que observamos es una imagen
virtual producto de momentos distintos, y si tenemos en cuenta
que los campos actúan de lentes aceleradoras o desaceladoras
sobre un mismo punto terminal podría caer, en determinados
momentos, una lluvia prodecente del mismo foco pero cada gota
de lluvia, por seguir con la imagen, originada, como si fuera
en una nube distinta, durante un momento diverso. Lo cual nos
dibujaría en serie la película de ese cuerpo durante
cierto recorrido de su movimiento en el espacio y el tiempo. De
hecho la astrofotografía hace sospechar que muchos de los
cuerpos catalogados no son más que momentos distintos de
un mismo cuerpo galáctico. Pero hay otro punto que se debe
considerar, no tanto la propiedad que tiene un paquete de energía
para conservar su valor original durante la eternidad que dure,
sino la capacidad que puede tener para contactar con otro tren
de información, viajar juntos y por tanto producir una
imagen añadida. También podríamos hablar
de corrupción durante el trayecto, por alteraciones interactivas
con otros trenes o por ruptura en función de un paso gravitatorio,
mas no será tanto este el punto que nos interesa cuanto
cómo esta suma nos da cuenta de la dinámica a que
está sujeto el propio cosmos, donde los cuerpos crecen
y se dividen, se restan y se suman en razón de la interactividad
gravitatoria, simulando gigantes galácticos que crecen
y decrecen acorde al comportamiento a que están sujetos.
Imaginemos
un bosque cuyos árboles estuviesen en movimiento y tuviesen
la propiedad de los átomos y las moléculas que hacen
enlaces y se traspasan partículas y átomos. Tendríamos
que un árbol predominante se moviese absorviendo masa de
las galaxias con las que contacta gravitatoriamente, sin destruirlas;
proceso que continuaría hasta que su propio peso le impidiera
seguir avanzando y en adelante serían otras galaxias las
que le quitarían peso, deviniendo el gigantismo la propiedad
de otra galaxia de paso. Quiero decir, la situación real
del cosmos es de constante transformación interna. Aquel
cosmos de la Edad Atómica, totalmente estático,
sujeto a un sólo movimiento, el de expansiòn, o
en su defecto, contracción, fue un modelo para ignorantes
cuyos ojos jamás tuvieron la oportunidad de contemplar
el universo y el cosmos. Lógico pues que siendo una generación
de ciegos, la de Einstein, los ciegos que le siguieron cayeran
todos en la hoya.
Esto
sobre el segundo punto. Sobre el tercero, imaginemos la creación
de una onda que se expande a la vez que conserva el valor de la
energía en cualquier punto de la onda original, siendo
este valor una constante en todos los puntos de la onda madre.
Imaginemos ahora que su tiempo de crecimiento será un factor
fijo, no alterable. Y que partiendo a una velocidad infinita su
velocidad de expansión decrece según se acerca al
límite de tiempo. Ahora transformemos esta onda en un campo
gravitatorio tal que su expansión y crecimiento, habiendo
sido localizado su epicentro en el interior de un sistema astrofísico,
se extiende hasta comprender en sus límites finales al
sistema en cuyo interior tuviera lugar el acontecimiento de su
nacimiento.
Si
mediante el primer punto se nos abría la posibilidad de
una creación matematizada de un sistema astrofísico,
tal que el Sistema Solar; y si por el segundo tenemos en activo
una imagen real del cosmos, aunque sujeta a la ley del tiempo
y el espacio; por este tercero tenemos una mecánia de mantenimiento
de las constantes de un sistema astrofìsico una vez que
se conocen los valores de esas constantes. Estamos hablando, por
supuesto de Dios.
Por
el cuarto punto, la propiedad de un campo gravitatorio de subirse
a un tren de información y mandar la foto de su cuerpo
en lugar de la foto original que ese tren portaba, comprendemos
cómo la Luna, no siendo un cuerpo emisor, se nos hace visible.
Digamos que la Luna, de poder nosotros teletransportarla al vacío,
sería un ejemplo imperfecto de lo que es un campo invisible.

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