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A V E  

Estelogía Atómica de Creación - El Mundo de las Galaxias

Prólogo 1-Intro 2-Toma de contacto 3-Cosmología Cuántica
4-El Big Crunch 5-El espacio en cuanto Plano de Movimiento y la Velocidad media de la luz

 

 

 

 

 

 

Sección 6 - Eternidad, Infinito y Dios

En esta sección vamos a discurrir sobre acontecimientos universales tales como el crecimiento de masa hasta el infinito, la conservación de la información durante la eternidad, la expansión de una onda hasta el infinito durante una eternidad y la propiedad de un campo no luminoso para enviar información luminosa.

El primer punto es interesante porque nos sitúa delante del proceso de creación astrofísica. Imaginemos un cierto paquete microcósmico con masa sujeto a una velocidad uniformemente acelerada entre los dos puntos de un trayectoria dividida en infinitos segmentos. Supongamos que la velocidad es siempre la misma por el paso de cada punto de entrada e igualmente la misma en cada punto de salida de cada segmento. Tendríamos una paradoja. Si entre los dos puntos E_S de un segmento la diferencia de velocidad es 10 es imposible que al inicio del nuevo segmento la velocidad sea igual a la que exige el argumento. Nosotros la resolvemos transformando esta diferencia en masa, de tal manera que si durante el recorrido A, que se corresponde al primer segmento, nuestro paquete pesaba X ahora pesará X más el equivalente de la diferencia de velocidad traducida en masa, a la que nosotros le adjudicaremos un valor Y. Como en el caso del coche de antes expresamos esta diferencia en kilos y gramos. Si nuestro paquete- al que compararemos con un tren de juguete, puesto que simplemente estamos jugando-; entonces, si nuestro tren tiene un peso de 1 kilo en el punto E y al llegar al punto S, siendo el valor en peso de la diferencia de velocidad es 1 gramo, nuestro tren pesará 1 kilo y 1 gramo. Puesto que la transformación de energía en masa es igual a la diferencia de velocidad entre E y S nuestro tren comienza el recorrido del segmento siguiente con un gramo más pero a la misma velocidad con la que iniciara su recorrido en el punto de entrada del segmento de partida. Ahora imaginemos que esta operación se realiza infinitas veces. Nadie dudará que al cabo de una eternidad nuestro tren habrá alcanzado una masa de valor igual a infinito. Nosotros, para evitar este derrotero, incluimos en el proceso un límite o punto crítico de crecimiento, a partir del cual nuestro tren se limita a vivir in situ de la energía potencial desarrollada, tal que procede a la transformación de masa de esta energía mediante su emisión. Digamos que como nuestro tren ha estado sujeto a una aceleración constante uniforme durante un tiempo infinito su tiempo de vida potencial, no estando ya sujeto a la ley de crecimiento, será un efecto de ese tiempo, plus su reacción al medio universal y la reacción del medio universal a su existencia. Este punto crítico de resistencia al crecimiento hasta el infinito es el que llamo Punto de Implosión Astrofísica, que es una ley universal a la que se sujeta la transformación de energía en masa en todos los lugares del cosmos.

Pero consideremos que este proceso de crecimiento se ha detenido o desacelerado antes de alcanzar nuestro paquete este punto universal, tal que existiendo no emite masa en forma de energía al exterior, sino que invisible se presenta como un campo sin masa visible en el universo. Tendríamos a nivel real, no ficticio, lo que el siglo XX llamó un agujero negro, es decir, un tren de energía cuyo crecimiento en el tiempo y el espacio no alcanzó el punto de implosión astrofísica en razón del efecto del medio sobre su comportamiento.

No olvidemos que en el caso de entrada jugamos con una situación ideal. En la realidad no existe un tren de onda aislado de un medio externo. De aquí que si la posibilidad de crecimiento hasta el infinito de un cuerpo protoestelógico sea imposible, siendo la parada término el Punto de Implosión Astrofísica, la posibilidad contraria, la creación de cuerpos estelógicos fríos sea una constante universal. El tamaño y las dimensiones de una estrella fría puede variar tanto como las especies astrofisicas, y su reactivación depender de factores tan variados como la gama de acontecimientos que el cosmos pone en juego. En términos físicos diríamos que un agujero negro sería una estrella fría supermasiva o superdensa respecto a la cual el campo gravitatorio se limita a la función de alimentar las fuerzas nucleares que hacen posible la composición múltiple de su cuerpo. En condiciones aisladas la existencia de este agujero dependerá de la velocidad a que consuma la masa protoestelógica la energía del campo en el que reside; una vez que la cantidad de energía del campo caiga bajo el mínimo de fuerza requerida para mantener el núcleo de la estrella fría que alberga el acontecimiento natural será la explosión resultante de la energía potencial que mantiene cada parte componente de la masa con la que se relaciona el campo. ¿Podríamos llamar al fin de un agujero negro de esta naturaleza Nova o Supernova? En las estrellas clásicas la masa transforma el campo en energía cuántica del tipo luminoso y sus especies naturales. La masa de un agujero negro transforma el campo en fuerzas de unificación intranuclear. Solamente cuando la descompensación entre el campo y la fuerza intranuclear se desequilibra el cuerpo de la estrella fría se descompone, generando la explosión típica natural a la destrucción de un todo en sus partes cuando estas partes han conservado sus propiedades bajo el efecto al que estuvieron sujetas durante el tiempo de vida de la estrella fría que crearan.

Yo tiendo a creer que una Nova y una Supernova son procesos distintos.

De hecho podemos considerar un núcleo estelógico frío en un medio universal activo. Supongamos que un frente nebular incide en su horizonte, cae en la red del campo de la estrella fría y, no existiendo la posibilidad de la órbita al no darse una fuerza de emisión estelógica, la materia nebular se estaciona sobre el núcleo del campo invisible, o agujero negro. Tendremos un protoplaneta.

De hecho cuando se produce una creación en serie de astros, tal cual sucede en las galaxias, no existe una razón uniforme sino que la transformación del campo sobre el que se produce su creación da lugar a generaciones de estrellas frías que lo mismo pueden pertenecer a sistemas astrofísicos concretos que mantener su propio sistema. En el primer caso habría una convivencia en el seno de un sistema estelar múltiple, sea abierto o globular; en el segundo tendríamos agujeros negros puntuales intercalados en el propio sistema galáctico.

Por agujero negro masivo, según la terminología antigua de la Edad Atómica, campo gravitatorio invisible, según la nuestra, entenderíamos un sistema intergaláctico situado entre ambos términos. Lo cual nos lleva a pensar que de no existir un Punto de Implosión en cuanto ley universal que cierra el proceso de transformación de energía en masa clásica para proceder a la creación de energía estelógica, podríamos llegar a la situación de la existencia de un campo gravitatorio invisible tal que su capacidad de absorción fuese tan grande como para arrastrar a su núcleo un universo entero.

En cuanto a la creación de planetas vemos que la existencia puntual de un sistema, según observamos en nuestro propio Sistema Solar, es causa de un crecimiento de los núcleos estelógicos emergentes tal que el crecimiento del núcleo que hace de cabeza de tren llega a alcanzar su punto de implosión de tal manera que estabiliza la relación entre campo y masa, cerrando el proceso de manera que los cuerpos astrofísicos que le siguen ya no progresan, determinando así el surgimento de microastros orbitales de propiedades frías, es decir, cuyos núcleos no emiten durante la explosión efecto de la Implosión Astrof'ísica la materia almacenada en sus superficies durante el recorrido. Aunque calientes, el calor que generan no es suficiente para reducir a polvo la Corteza, surgiendo de esta manera los planetas.

Esto sobre el primer punto. Sobre el segundo, la conservación de la información durante la eternidad: digamos que un sistema estelógico, sea astrofísico o galáctico, emite un paquete de información que traduce el valor de su energía total, y que transporta consigo en tanto que imagen por todo el universo. Pero este valor es referido al momento y sólo a ese momento, y se conserva, como vemos, independientemente de la distancia que recorra en el cosmos. Esto nos lleva a considerar lo que todos sabemos, que el cosmos que observamos es una imagen virtual producto de momentos distintos, y si tenemos en cuenta que los campos actúan de lentes aceleradoras o desaceladoras sobre un mismo punto terminal podría caer, en determinados momentos, una lluvia prodecente del mismo foco pero cada gota de lluvia, por seguir con la imagen, originada, como si fuera en una nube distinta, durante un momento diverso. Lo cual nos dibujaría en serie la película de ese cuerpo durante cierto recorrido de su movimiento en el espacio y el tiempo. De hecho la astrofotografía hace sospechar que muchos de los cuerpos catalogados no son más que momentos distintos de un mismo cuerpo galáctico. Pero hay otro punto que se debe considerar, no tanto la propiedad que tiene un paquete de energía para conservar su valor original durante la eternidad que dure, sino la capacidad que puede tener para contactar con otro tren de información, viajar juntos y por tanto producir una imagen añadida. También podríamos hablar de corrupción durante el trayecto, por alteraciones interactivas con otros trenes o por ruptura en función de un paso gravitatorio, mas no será tanto este el punto que nos interesa cuanto cómo esta suma nos da cuenta de la dinámica a que está sujeto el propio cosmos, donde los cuerpos crecen y se dividen, se restan y se suman en razón de la interactividad gravitatoria, simulando gigantes galácticos que crecen y decrecen acorde al comportamiento a que están sujetos.

Imaginemos un bosque cuyos árboles estuviesen en movimiento y tuviesen la propiedad de los átomos y las moléculas que hacen enlaces y se traspasan partículas y átomos. Tendríamos que un árbol predominante se moviese absorviendo masa de las galaxias con las que contacta gravitatoriamente, sin destruirlas; proceso que continuaría hasta que su propio peso le impidiera seguir avanzando y en adelante serían otras galaxias las que le quitarían peso, deviniendo el gigantismo la propiedad de otra galaxia de paso. Quiero decir, la situación real del cosmos es de constante transformación interna. Aquel cosmos de la Edad Atómica, totalmente estático, sujeto a un sólo movimiento, el de expansiòn, o en su defecto, contracción, fue un modelo para ignorantes cuyos ojos jamás tuvieron la oportunidad de contemplar el universo y el cosmos. Lógico pues que siendo una generación de ciegos, la de Einstein, los ciegos que le siguieron cayeran todos en la hoya.

Esto sobre el segundo punto. Sobre el tercero, imaginemos la creación de una onda que se expande a la vez que conserva el valor de la energía en cualquier punto de la onda original, siendo este valor una constante en todos los puntos de la onda madre. Imaginemos ahora que su tiempo de crecimiento será un factor fijo, no alterable. Y que partiendo a una velocidad infinita su velocidad de expansión decrece según se acerca al límite de tiempo. Ahora transformemos esta onda en un campo gravitatorio tal que su expansión y crecimiento, habiendo sido localizado su epicentro en el interior de un sistema astrofísico, se extiende hasta comprender en sus límites finales al sistema en cuyo interior tuviera lugar el acontecimiento de su nacimiento.

Si mediante el primer punto se nos abría la posibilidad de una creación matematizada de un sistema astrofísico, tal que el Sistema Solar; y si por el segundo tenemos en activo una imagen real del cosmos, aunque sujeta a la ley del tiempo y el espacio; por este tercero tenemos una mecánia de mantenimiento de las constantes de un sistema astrofìsico una vez que se conocen los valores de esas constantes. Estamos hablando, por supuesto de Dios.

Por el cuarto punto, la propiedad de un campo gravitatorio de subirse a un tren de información y mandar la foto de su cuerpo en lugar de la foto original que ese tren portaba, comprendemos cómo la Luna, no siendo un cuerpo emisor, se nos hace visible. Digamos que la Luna, de poder nosotros teletransportarla al vacío, sería un ejemplo imperfecto de lo que es un campo invisible.