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Se
imponen las conclusiones donde se han elaborado unas afirmaciones
a partir de impresiones del entendimiento. La astrofotografía
es una fuente de valor incalculable a la hora de buscar el origen
de los objetos que representan. Las galaxias, en definitiva, proceden
de un origen común basado en el salto de la energía-materia
microcósmica a la cósmica sobre un modelo de campo
en el que la derivación de la velocidad en masa sigue unas
leyes estables dentro de una pista de vuelo cuya naturaleza no
interfiere en el proceso traduciendo la diferencia entre dos puntos
en una emisión cuántica. La forma de escalera de
caracol o estrella de muchos brazos en rotación que las
galaxias jóvenes nos presentan se debe a la proximidad
en el tiempo entre el momento de emisión de la luz y la
salida del túnel de espacio-tiempo en cuyo seno se produjera
la transformación cosmológica. Otra forma de expresarlo
es el de un ciclotrón circular abierto hacia el exterior.
Una vez finalizada la creación astrofísica el campo
galáctico producido se relaciona con sus pares y da lugar
a múltiples modelos de galaxias, según las fuerzas
con las que internaccionan unas con otras, si se suman, o se dividen,
o simplemente derivan a partir de la fase original hacia formas
propias.
Este
modelo de creación de materia astrofísica en campos
galácticos es el que viene dominando desde la eternidad,
variando el actual modelo cosmológico respecto a su anterior
increado en que éste se producía bajo los parámetros
del Infinito, y aquél, bajo la ley de campos de espacio-tiempo
matematizados por un Creador, quien genera dicho campo transformador
y le imprime una ley específica.
Llamamos
Dios a este Creador que aprendió a reproducir aquel proceso
cosmológico y manipularlo en orden a proceder a una Creación
General sujeta a los principios de generación autónoma
de materia astrofísica en campos de espacio-tiempo situado
en los bordes de crecimiento del cosmos.
Digamos
que la mecánica creadora en las fronteras del cosmos, y
de aquí que los astrónomos estén siempre
expandiendo el horizonte de observación telescópico,
se basa en una concentración de ríos de energía
cósmica disparados hacia el exterior del cosmos y que,
absorvidos por un campo que sirve de frontera, inicia un viaje
cuántico perfecto en un campo que hace las veces de acelerador,
y la materia devora la energía que contiene, transformándola
en masa. Este proceso de crecimiento ad infinitum desemboca en
lo que ya he llamado Momento de Implosión Astrofíca,
punto límite tras el cual la transformación de energía
en masa se rompe y se sucede la operación inversa, es decir,
la transformación de masa en energía cuántica,
o cósmica, produciéndose el encendido de la luz,
que anuncia el nacimiento de las estrellas.
Puesto
que el Cosmos está rodeado de un campo de espacio-tiempo
en crecimiento perfecto y la energía cósmica es
generada constantemente por las galaxias, el crecimiento de la
masa total es constante, aunque nosotros sólo veamos el
salto tras el Punto de Implosión Astrofìsica. O
sea, que el Cosmos está generando continuamente nuevas
galaxias y este es un proceso llamado a permanecer ad eternum.
La
hipótesis de un punto común de origen cosmológico
es únicamente el producto de un absolutismo intelectual
y de una prepotencia demente que para paliar su impotencia se
viste de omnipotencia racional, reduciendo un proceso amplio a
un punto idóneo, típico de una mente totalitarista
que por reducción anula la realidad a fin de satisfacer
el complejo de omnisciencia que mueve su pensamiento. Observamos
que la manifestación de todo totalitarismo y absolutismo
tiene por meta la reducción de la realidad universal a
un modelo encerrado entre unos límites controlables por
el director del cotarro.
El
siglo XX, harto experto en absolutismos y despotismos y totalitarismos
sucumbió en todos sus extremos y manifestaciones a esta
impotencia que se vistió de omnipotencia para ocultar su
ignorancia bajo una aura de omnisciencia feroz, demente y genocida
a la luz de cuya luz tenebrosa el loco que vivía en el
genio se encontró a sus anchas convirtiendo el universo
en un loquero y deviniendo superjefe del centro penitenciario
psiquiátrico más grande jamás conocido, en
efecto, el siglo XX.
Partiendo,
pues, de estas premisas el entendimiento de las fuerzas que mueven
el cosmos no nos presenta mayor problema que el referido a nuestra
imposibilidad actual para comprobar sobre el terreno las deducciones
implicadas en la interpretación de la astrofotografía.
Ahora bien, si hacemos lo que los de la NASA y Cía, no
interpretar sino crear nuestra propias astrofotografías,
entonces el loco que arrastró al genio ha consumado su
operación demencial y ya ni aunque la puerta se nos abra
tendremos la capacidad para salir a respirar el aire libre. Enamorados
de la propia capacidad para superar al arte el genio prefiere
quedarse en el patio pintando las paredes con sus dibujitos artíusticos,
que sus doctores venden luego como muestra del genio que hay en
el loco. En fin, causa tanta risa como pena ver a los actuales
herederos del siglo XX hacer el loco en nombre del genio que una
vez fuera el científico de las estrellas. Lo demás,
si alguno quiere saber cuántos nanosegundos dura este proceso
de salto de la energía cósmica a la materia astrofísica,
sólo tiene que preguntarselo a los astrónomos y
sus colegas, porque superando a los dioses éstos lo conocen
absolutamente todo, incluso el año y día en que
terminará el mundo, según Newton en el 2060. Si
el más grande de ellos estaba así de ido de la azpotea
¡qué diremos de los micos que le salieron por discípulos.

FIN
del tema. |