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A V E  

Estelogía Atómica de Creación - El Mundo de las Galaxias

Prólogo 1-Intro 2-Toma de contacto 3-Cosmología Cuántica
4-El Big Crunch 5-El espacio en cuanto Plano de Movimiento y la Velocidad media de la luz

 

 

 

 

 

 

Sección 7 - La Creación

Se imponen las conclusiones donde se han elaborado unas afirmaciones a partir de impresiones del entendimiento. La astrofotografía es una fuente de valor incalculable a la hora de buscar el origen de los objetos que representan. Las galaxias, en definitiva, proceden de un origen común basado en el salto de la energía-materia microcósmica a la cósmica sobre un modelo de campo en el que la derivación de la velocidad en masa sigue unas leyes estables dentro de una pista de vuelo cuya naturaleza no interfiere en el proceso traduciendo la diferencia entre dos puntos en una emisión cuántica. La forma de escalera de caracol o estrella de muchos brazos en rotación que las galaxias jóvenes nos presentan se debe a la proximidad en el tiempo entre el momento de emisión de la luz y la salida del túnel de espacio-tiempo en cuyo seno se produjera la transformación cosmológica. Otra forma de expresarlo es el de un ciclotrón circular abierto hacia el exterior. Una vez finalizada la creación astrofísica el campo galáctico producido se relaciona con sus pares y da lugar a múltiples modelos de galaxias, según las fuerzas con las que internaccionan unas con otras, si se suman, o se dividen, o simplemente derivan a partir de la fase original hacia formas propias.

Este modelo de creación de materia astrofísica en campos galácticos es el que viene dominando desde la eternidad, variando el actual modelo cosmológico respecto a su anterior increado en que éste se producía bajo los parámetros del Infinito, y aquél, bajo la ley de campos de espacio-tiempo matematizados por un Creador, quien genera dicho campo transformador y le imprime una ley específica.

Llamamos Dios a este Creador que aprendió a reproducir aquel proceso cosmológico y manipularlo en orden a proceder a una Creación General sujeta a los principios de generación autónoma de materia astrofísica en campos de espacio-tiempo situado en los bordes de crecimiento del cosmos.

Digamos que la mecánica creadora en las fronteras del cosmos, y de aquí que los astrónomos estén siempre expandiendo el horizonte de observación telescópico, se basa en una concentración de ríos de energía cósmica disparados hacia el exterior del cosmos y que, absorvidos por un campo que sirve de frontera, inicia un viaje cuántico perfecto en un campo que hace las veces de acelerador, y la materia devora la energía que contiene, transformándola en masa. Este proceso de crecimiento ad infinitum desemboca en lo que ya he llamado Momento de Implosión Astrofíca, punto límite tras el cual la transformación de energía en masa se rompe y se sucede la operación inversa, es decir, la transformación de masa en energía cuántica, o cósmica, produciéndose el encendido de la luz, que anuncia el nacimiento de las estrellas.

Puesto que el Cosmos está rodeado de un campo de espacio-tiempo en crecimiento perfecto y la energía cósmica es generada constantemente por las galaxias, el crecimiento de la masa total es constante, aunque nosotros sólo veamos el salto tras el Punto de Implosión Astrofìsica. O sea, que el Cosmos está generando continuamente nuevas galaxias y este es un proceso llamado a permanecer ad eternum.

La hipótesis de un punto común de origen cosmológico es únicamente el producto de un absolutismo intelectual y de una prepotencia demente que para paliar su impotencia se viste de omnipotencia racional, reduciendo un proceso amplio a un punto idóneo, típico de una mente totalitarista que por reducción anula la realidad a fin de satisfacer el complejo de omnisciencia que mueve su pensamiento. Observamos que la manifestación de todo totalitarismo y absolutismo tiene por meta la reducción de la realidad universal a un modelo encerrado entre unos límites controlables por el director del cotarro.

El siglo XX, harto experto en absolutismos y despotismos y totalitarismos sucumbió en todos sus extremos y manifestaciones a esta impotencia que se vistió de omnipotencia para ocultar su ignorancia bajo una aura de omnisciencia feroz, demente y genocida a la luz de cuya luz tenebrosa el loco que vivía en el genio se encontró a sus anchas convirtiendo el universo en un loquero y deviniendo superjefe del centro penitenciario psiquiátrico más grande jamás conocido, en efecto, el siglo XX.

Partiendo, pues, de estas premisas el entendimiento de las fuerzas que mueven el cosmos no nos presenta mayor problema que el referido a nuestra imposibilidad actual para comprobar sobre el terreno las deducciones implicadas en la interpretación de la astrofotografía. Ahora bien, si hacemos lo que los de la NASA y Cía, no interpretar sino crear nuestra propias astrofotografías, entonces el loco que arrastró al genio ha consumado su operación demencial y ya ni aunque la puerta se nos abra tendremos la capacidad para salir a respirar el aire libre. Enamorados de la propia capacidad para superar al arte el genio prefiere quedarse en el patio pintando las paredes con sus dibujitos artíusticos, que sus doctores venden luego como muestra del genio que hay en el loco. En fin, causa tanta risa como pena ver a los actuales herederos del siglo XX hacer el loco en nombre del genio que una vez fuera el científico de las estrellas. Lo demás, si alguno quiere saber cuántos nanosegundos dura este proceso de salto de la energía cósmica a la materia astrofísica, sólo tiene que preguntarselo a los astrónomos y sus colegas, porque superando a los dioses éstos lo conocen absolutamente todo, incluso el año y día en que terminará el mundo, según Newton en el 2060. Si el más grande de ellos estaba así de ido de la azpotea ¡qué diremos de los micos que le salieron por discípulos.

 

FIN del tema.