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Recuerdo los tiempos infinitos de mi juventud, bullendo en mi
ser el pensamiento eterno por los dioses del Universo expuestos
a la nueva Luz del Génesis de la Creación. Abstraído del barro
de la Vida para moverme con la libertad de un hijo de Dios, creado
para gozar de la Verdad sin imposiciones externas procedentes
de deberes y lealtades extrañas a mi inteligencia, como el que
ha nacido de nuevo a una existencia dotado de todas las potencias
ontológicas necesarias para crecer en el reino de la Ciencia de
la Creación del Universo, me lancé a la búsqueda de las piezas
sueltas que el Creador dispersó en el mundo de las ciencias la
mente puesta en un objetivo único: dibujar las líneas maestras
de la Estructura del Universo a la Luz de la CSXXI que mi Dios
alboreaba en mi cabeza.
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Y estaba leyendo el otro día una disertación sobre el proceso del
nacimiento de las ideas y sin quererlo el pensamiento se me fue
a la memoria de aquéllos días de juventud infinita. Eran días
de revolución interna, que yo comparo con un viajero que sólo tiene
que dejarse llevar, relajarse, estar tranquilo y disfrutar del
paisaje, la máquina hace de por sí el trabajo, porque lo que había
que hacer, comprar el billete y subirse, ya estaba hecho. Es decir,
la manzana cayó, ciertamente, y el agua que se derramó hizo el
Eureka, pero el viajero había pagado el billete y de no haberlo
pagado no hubiera visto el paisaje, es decir, no hubiera visto
en algo que todo el mudo ve eso que sólo él podía ver: la Idea,
la Palabra, fruto de un trabajo personal, individual, único, solemne
y sagrado para aquél que en secreto, sin consejo de nadie, cabalga
solitario por la autopista del pensamiento.
La
Introducción a la CSXXI, tiene mucho de ese proceso solitario,
intelectivo, maravilloso y arduo. Es cierto que su concepción
hubiera sido imposible sin el Dios que le cerrara a los sabios
el acceso a la Memoria de la Creación del Universo y sin embargo
se complaciera en darme la Llave para que por mí mismo entrara
y saliera. Yo, encantado, hasta reunir todas las piezas y poder
modelar en letras el Edificio Teórico que le sirvió a Dios para
alzar los Cielos y la Tierra, fui entrando y saliendo durante
muchos años, y sigo haciéndolo al ritmo de mis otras actividades
según se ve en el rumbo que he tomado en dirección
a la Estelogía Atómica de Creación, es decir, la recreación en
signos y letras del Cosmos a la medida de un Ser Todopoderoso
e infinitamente Inteligente que revoluciona el Espacio y el Tiempo
sujetando la Reproducción de Materia estelógica ad infinitum et
ad eternum a la Actividad de su Espíritu Creador.

Esta
revolución cósmica, que toqué biohistóricamente en la Tercera
Parte de la Historia Divina, es el punto de enemistad entre la
Fe y la Razón. Choque violento, traducido en la Ideología del
Materialismo, producto de la irracionalidad que implica
tener una Inteligencia nacida para no tener límites y, con todo,
verse esclava de fronteras insuperables contra cuyos muros nada
se puede hacer.
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Aunque mi crítica a la CSXX parezca dura lo es exclusivamente
desde la razón teleonómica que le es natural al conocimiento científico;
desde el pensamiento cristiano esa crítica, en apariencia destructiva,
se torna en constructiva a la manera que corrigiendo un error
se avanza en conocimiento si se aprende de la caída. Ahora bien,
si quien está en un error no quiere ni aprender ni salir de él,
en este caso ya no hablamos de proceso intelectivo sino de fenomenología
patológica. Que
esta operación destructora del tejido científico estuvo en las
raíces del comportamiento esquizoide agresivo del siglo XX sólo
quien tiene las manos manchadas de sangre es capaz de negarlo.
En la relación entre naturaleza teleonómica del conocimiento
y definición biohistórica del comportamiento de un ser inteligente
vienen ambas partes tan profundamente integradas en un todo específico,
indisociable y perenne que la sola idea de ofrecer una disociación
es síntoma visible de una esquizofrenia aguda superviolenta. Las
guerras mundiales del Siglo XX fueron la expresión suicida de
la disociación entre Fe y Razón, cuyas causas podemos reducir
a simples prolegómenos estéticos, pero insuficientes del todo
para dar cuenta de la vastedad de sus orígenes culturales. La
angustia del ser humano ante el hecho de haber sido creado a la
imagen de su Creador y sin embargo verse en el espejo de la Historia
reducido a la condición de la peor bestia, junto a síntomas paranoides
dispersos, está en la etiología del conflicto de Guerra Civil
Mundial que caracterizó el comportamiento del Género Humano a
lo largo y ancho de la Tierra.
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Es
cierto que entrar en este conflicto supera el tema al que se quiere
ceñir la Estelogía Atómica de Creación. A fin de volver a este
estudio y dejar el tema de la relación teleonómica fundamental
entre Conocimiento y Comportamiento y la implicación de la Limitación
del Intelecto Humano en el desarrollo de dicho conflicto, diré
que la Idea de esta Remodelación de la estructura de la materia
astrofísica procede de la observación del comportamiento del Sol
desde las operaciones simples de la creación de materia en el
mundo de la mecánica cuántica. Observaciones que se vieron consolidadas
en mi cabeza a raiz de la Catástrofe de Chernobil, cuando los
mortales jugaron a ser dioses y creyeron poder controlar el proceso
de creación ad infinitum de materia entre los límites de un espacio tecnológico: sin querer comprender que un espacio tecnológico es un sistema con sus propias reglas y la simulación del espacio gravitatorio en su área es imposible.
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La idea de la creación de una fuente ilimitada de energía eléctrica
desde las leyes elementales de la física de partículas era seductora
y atractiva para alcanzar por ella el dominio de las fuerzas del
universo a nivel local. Pero los efectos venían dados ya en la
propia idea, de aquí que el mundo "capitalista" abandonara
ese camino, que, sin embargo, ha emprendido actualmente abriendo
ese mismo proceso, desde otro punto de vista, en lo que se ha
dado a llamar el proyecto de creación del Sol a escala microfísica.
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Esperemos que la Quimera se quede en un saqueo de las arcas de
los Estados Unidos Europeos, saqueo a que están tan hábilmente
acostumbrados los pueblos de Europa, y el experimento no pase
jamás de una burla internacional basada en la ignorancia de las
naciones sobre las causas de las catástrofes que las aquejan y
pintan en el horizonte de su futuro un paisaje... ¿sin colores?
Porque ciertamente no hay uno sólo entre ellos que tenga la menor
visión de futuro sobre lo que hay al otro lado del Siglo XXI.
Chernobil sucedió en una región apartada del planeta, por lo que
sus efectos fueron mínimos dentro de la catástrofe soviética;
principio del fin de la URSS en cuanto potencia mundial, de sucumbir
la Quimera del ITER al descontrol inevitable, los efectos de la
Catástrofe del ITER, por hallarse en una de las zonas más interconectadas
del planeta, el Sur de Francia, podrían ser de tipo definitorio
para el porvenir de la raza europea sobre la faz de la Tierra.
La
CSXX expuso las leyes elementales que hacen posible la creación
por la Destrucción,
de aquí sus efectos delictivos contra la Humanidad y la dureza
de mi crítica contra los padres de la Edad Atómica y su escuela
de Nobeles. La CSXXI es la Puerta abierta hacia esa Ciencia de
la Creación, que le permite a Dios mantener la palanca con la
que mover no el Universo sino el Cosmos entero acorde a su Voluntad,
y trabajando con cuyos principios el Hombre puede realizar la
meta para la que fue creado: Dominar las fuerzas del Universo.

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