En
la página anterior expuse el dilema sobre
la contradicción tan grande en la que cayó
la Cosmología del siglo XX al alienar a nuestro
Sistema Solar de la ley universal por excelencia
a la que se sujetan todos los cuerpos del cosmos.
No pretendía socavar la genialidad de los
padres de la edad atómica. Pero es fortuitamente
cierto, si no al menos verdadero, que emparentar
a galaxias que distan entre sí millones de
años luz mediante una ley gravitatoria universal
y abstraer de su mecánica a estrellas distantes
entre sí escasos años luz -decía-
si no es una incongruencia sí debe ser, al
menos, un absurdo.
La
confesionalidad obsoleta del ateísmo científico
del siglo pasado implicó la heretización
radical de cualquier pensamiento que osase poner
en Duda la filosofía del materialismo que
amó la Academia de los Nobeles por espíritu.
Y es que en esto pasa como en las antiguas repúblicas,
el rebelde por justicia al derrumbar al tirano acaba
por convertirse en su sucesor natural. Más
o menos es el fenómeno vivido por la Ciencia,
que después de liberarnos del yugo de la
Teología no tuvo mejor cosa que hacer que
todopoderizar su Razón y convertir su Academia
en un Nuevo Vaticano con universidades por iglesias
y cátedráticos por cardenales. Contra
semejante estructura copiada de la iglesia por excelencia,
la Católica, el pensamiento cosmológico
no podía derivar hacia la salida del túnel
donde esperaba Dios a la Ciencia. Y la situación
de idiotez en la que se encuentra actualmente la
Universidad es su fruto. Por ejemplo en el capítulo
de la formación y estructura de los Planetas.
Mientras la tecnología trata la formación
sólida de los planetas en los manuales de
ciencias naturales se sigue enseñando que
los planetas son bolas de gases. Obviamente son
manuales para la idiotización de los pueblos,
pero desde luego no han sido escritos por idiotas.
¿Qué crédito se merece la Cosmología
del siglo XX, una cosmología que relaciona
a cuerpos distantes millones de años luz
mediante una ley y le niega esa ley a cuerpos situados
a escasos años luz?
En
la foto anterior abrimos el techo de nuestro sistema
sideral a la distancia de una docena de años
luz. En la que hemos visto doblamos esa razón.
Y quien no se maraville es porque ha sido completada
su idiotización con éxito. ¿Pueden
dos cuerpos situados millones de años luz
atraerse y no hacerlos estrellas situadas a menos
de veinte? La respuesta positiva implica una reestructuración
de la Constitución del Universo, por supuesto.
La clásica imagen del Sistema Solar viajando
solo por el mar de las constelaciones cae en pedazos
haciendo el ruido de los ídolos romanos bajo
las botas del cristianismo. ¿O acaso el Sol
se mueve entre sus compañeras en plan fórmula
1? Y siguen las preguntas: ¿Ocupa el Sol
el centro gravitatorio del campo que comparte con
sus compañeras de foto? Preguntas devastadoras
dispuestas a demoler el templo de la CSXX. ¿Se
atraen hacia un centro común cuerpos situados
a millones de años luz y estas estrellas
siguen a pesar de sus velocidades de navegación
manteniendo las distancias? ¿Qué fuerza
electrodinámica puede transformar un sistema
astrofísico en una molécula? ¿Cómo
se alimenta esta fuerza? El trabajo de estabilización
dinámica existe. Lo dicta la propia ley gravitatoria.
¿Qué parte de un sistema astrofísico
se transforma en esa fuerza?
Las
respuestas vienen detrás de las preguntas.