1
- Los fósiles
"Háblale
a la Tierra y ella te enseñará" (JOB, 12.8)
La
Paleontología es la ciencia que estudia los fósiles, y los fósiles
son restos de los seres vivos que han poblado la Tierra en épocas
pretéritas. Aunque el Homo sapiens (el hombre), apareció sobre la
Tierra mucho después de la desaparición de los Dinosaurios, es capaz
de determinar la edad de las rocas que contienen sus restos, mediante
el estudio de los fósiles, lo cual puede llevarse a cabo, aun en
el caso de que las rocas hayan perdido su disposición horizontal
primitiva, apareciendo plegadas o dislocadas por los movimientos
internos de la Tierra. Por ejemplo, los restos de hombres fósiles,
se sitúan constantemente sobre las rocas que contienen restos de
Dinosaurios, y de aquí se deduce, que estas últimas rocas, son de
una edad anterior a las que contienen fósiles humanos.
Esta
última observación, nos lleva a uno de los conceptos básicos de
la Paleontología, a saber, que las rocas de la misma edad, contienen
los mismos tipos de fósiles. Si quisiéramos conocer la edad de una
roca, cuantitativamente, entonces los fósiles solos no bastan y
tendríamos que recurrir a otros métodos, como la radiactividad mineral.
Los fósiles, en general, se utilizan para determinar las edades
relativas, y suelen ser bastante precisos para este propósito; las
edades relativas son muy útiles para determinar la edad geológica
de los terrenos: un geólogo que trabaje fuera de su territorio,
partiendo del reconocimiento de los fósiles contenidos en la roca
expuesta, puede determinar con gran aproximación la edad de la roca
que aflora en la superficie: las rocas que contienen fósiles humanos
son de edad cuaternaria; si contienen restos de Dinosaurios son
mesozoicas, y así sucesivamente.
Sin
embargo, constantemente surgen problemas. Ciertos fósiles son más
característicos que otros, en lo que a relacionar edades geológicas
se refiere, o puede darse el caso de que la roca no contenga fósiles,
o quizás los contenga, pero sólo pueden ser identificados por un
especialista. Estos problemas, que acosan continuamente al geólogo,
se suelen resolver mediante la utilización de un servicio internacional
de información, que está muy desarrollado, y rara vez son insolubles.
Los fósiles también pueden estudiarse consultando publicaciones
monográficas, o enviándolos a un especialista para su estudio e
identificación.
La
Paleontología no es una ciencia fría y muerta, sino un elemento
de trabajo constantemente empleada por el geólogo, para profundizar
sus conocimientos sobre la Tierra, y puede decirse, sin exagerar,
que en el interior de la Tierra hay tesoros fabulosos. Por ejemplo,
el petróleo se encuentra utilizando una combinación de métodos,
entre los cuales, la Paleontología y su moderna rama, la Micropaleontología,
es uno de los más importantes. La presencia de petróleo en el subsuelo,
se establece estudiando la estructura de las rocas de la corteza
terrestre, y esta estructura, se determina conociendo previamente
la edad geológica de las rocas. Este método, está ilustrado en la
Figura 1, en la que se describen: (a), la secuencia de fósiles encontrados,
de más antiguos (en la parte inferior) a más modernos (en la parte
superior), que el geólogo debe establecer, como un estudio preliminar
al más detallado de la región; (b), los afloramientos locales, tal
como se presenten en la superficie, donde las rocas aparecen, en
parte claramente visibles, al descubierto, y en parte cubiertas
por derrubios y por la vegetación; y (c), las predicciones geológicas
sobre la estructura de los materiales en profundidad, basadas en
las consideraciones de (a) y (b). La secuencia de fósiles, ha permitido
al geólogo establecer las relaciones de edad de las rocas, observando
al propio tiempo, que los estratos A, B, C y D no se continúan de
forma ininterrumpida, como cabría esperar, y que, por lo tanto,
han debido ser fracturados por movimientos internos de la Tierra
que han originado una falla, la cual al desplazarse, ha permitido
el paso del petróleo observado en la superficie, ya que este fluido,
puede rezumar a través de la roca fracturada de la falla, y posiblemente,
la arenisca del estrato B, dado que es permeable, podría servir
de almacén al petróleo.
No
es necesario que expongamos aquí detalles sobre la geología del
petróleo; lo que se trata de resaltar, es que el estudio de los
fósiles ha contribuido a esclarecer la estructura de los materiales
del subsuelo.
Asimismo, el agua, el hierro, el carbón, y muchos otros recursos
y materias primas naturales, serían mucho más difíciles de obtener,
a no ser por la información que aporta la Paleontología. El paleontólogo,
por otra parte, no es el único que aporta datos para un estudio
geológico: los mapas topográficos y geológicos tienen la misma importancia
y, en realidad, hay un verdadero ejército de profesores, investigadores,
directores de Museos, y otras muchas personas, que contribuyen al
conjunto de conocimientos, sobre los que se basan los geólogos para
obtener sus deducciones.
Independientemente de todo este trabajo, del estudio de los fósiles
surgen, en ocasiones aparentemente por casualidad, indicios y datos
sobre la Historia de la vida y en la Tierra, lo cual es propiamente
el objetivo de este libro.
UNOS
CUANTOS CONCEPTOS TÉCNICOS
Antes
de profundizar en el estudio de la Paleontología, es necesario conocer
algunos términos de uso corriente. Los hemos reducido al mínimo
posible, y se han definido en lenguaje vulgar, para que no resulte
demasiado engorroso al lector que no esté iniciado en estos estudios.
Calcáreo, compuesto por carbonato cálcico (CaCO3). Los compuestos
calcáreos se presentan en una gran variedad de formas, como por
ejemplo, la caliza.
Géneros
y especies: el nombre de un fósil u organismo vivo, puede expresarse
vulgarmente, por ejemplo, el "Mamut lanudo", o científicamente,
en este caso Mammuthus primigenius ([1]). Mammuthus es el nombre
del género, el cual constituye un grupo de individuos, de los que
un subgrupo es la especie Mammuthus primigenius. De esta forma,
varias especies se agrupan en un género. Homo sapiens es el nombre
de nuestra especie; las otras especies, pertenecientes también al
género Homo, parecen haberse extinguido hace ya mucho tiempo.
Reino,
Phyllum, Clase, Orden, Familia: son las unidades normalmente utilizadas
en la clasificación. Reino, es la unidad más amplia, en nuestro
caso, Animalia (Reino animal), del cual una subdivisión en el Phyllum
o "Tipo" Chordata (Cordados, animales que poseen notocordio
o "cuerda dorsal"); a continuación, la Clase Mammalia
(Mamíferos), y dentro de éstos, el Orden Primates (Simios, Antropomorfos,
Hombres), que a su vez contiene la familia Hominidae (Homínidos),
en la que finalmente se incluye el género Homo con la especie Homo
sapiens en nuestro caso.
Columna
estratigrafía, representa la Historia geológica o parte de ella,
esquemáticamente, mediante una serie de divisiones convencionales,
tal como aparece en la Figura 2.
Plancton, forma el conjunto de organismos acuáticos que flotan y
son llevados a la deriva por las aguas, como las medusas, ciertas
algas y multitud de microorganismos.
Nécton,
es el conjunto de animales que nadan libremente en el agua, con
autonomía y facultad de desplazarse, como los peces, los tiburones,
las ballenas, etc.
Béntos,
forma el conjunto de organismos que viven sobre el fondo del mar,
fijos sobre él o con facultad de desplazarse, como los cangrejos,
la mayoría de los Moluscos, Equinodermos, Gusanos, etc., y también
las algas.
Algas,
son plantas marinas y otros vegetales inferiores, a menudo unicelulares,
bentónicas o planctónicas.
Aéreos,
son los seres vivos que normalmente necesitan el aire atmosférico
para respirar.
Terrestres, son los seres vivos que normalmente pueblan los continentes.
Todo
esto, en términos generales, porque puede haber algunas excepciones;
por ejemplo, algunos peces son tan pequeños, que no pueden nadar
contra corriente y son arrastrados por el oleaje o las corrientes
marinas, junto con el plancton.
NATURALEZA DE LOS FÓSILES
Para
cualquiera suele resultar un momento memorable cuando encuentra
su primer fósil, aunque el entusiasmo subsiguiente puede quedar
ligeramente empañado, al enterarse de que el fósil encontrado, en
muchos casos, no es más que un "molde", a pesar de lo
cual, estos fósiles son igualmente válidos para su estudio, lo mismo
que las simples huellas e impresiones dejadas por antiguos seres
vivos. La mayoría de los fósiles, son conchas de animales inferiores
marinos; los huesos y cráneos de grandes Vertebrados, son mucho
más raros. No obstante, muchos fósiles conservan el material original
que perteneció al animal vivo, y no es raro encontrar, por ejemplo,
huesos de Vertebrados que conservan la estructura y composición
originales.
Unas
cuantas semanas de trabajo en el campo, en sitios adecuados, con
la ayuda de una guía geológica o acompañado por alguien que conozca
el terreno, permitirán encontrar una gran cantidad de fósiles a
cualquier aficionado. Por otra parte, los fósiles, no tienen preferencia
para ser encontrados por una determinada persona, de forma que,
un principiante, puede hacer un hallazgo importante, lo mismo que
un paleontólogo experto, siempre que sepa de antemano dónde ha de
buscarlo.
La
fosilización puede realizarse de varias formas:
a) conservando el material original;
b) por
sustitución de la materia original por otra distinta;
c) por
impregnación;
d) conservando la impresión o huella de un organismo (o de
sus partes esqueléticas duras) en la roca.
1.
Fosilización del material original
Son
raros los organismos perfecta y completamente conservados. Un ejemplo
de esto serían los Mamuts congelados, hallados en Siberia, que son
especies extinguidas de Proboscídeos, parecidos a los elefantes,
que aparentemente han quedado conservados para siempre entre los
hielos. Los primeros cadáveres de estos Mamuts fueron exhumados
por los perros y lobos al excavar en la tierra, en busca de carroñas;
estos "fósiles" no sólo han conservado el pelo y la carne
aún intactos, sino que, en algunos casos, incluso la hierba de que
se alimentaban, estaba aún medio triturada entre los molares del
Mamut.
Con
mayor frecuencia, la materia original de las conchas y esqueletos
de animales marinos, se ha conservado en los fósiles incluidos en
las rocas, los cuales, excepto por falta de la carne y partes blandas,
están casi inalterados. Tales fósiles pueden ser de cualquier edad
geológica, aunque son más frecuentes en los terrenos más modernos.
Como
acabamos de ver, una de las principales condiciones para la fosilización,
es la presencia de partes esqueléticas duras en el animal. Así,
un animal cualquiera, un caballo pongamos por ejemplo, después de
muerto pronto queda reducido a su esqueleto, por la acción de diferentes
animales que se alimentan de carroñas (buitres, perros, larvas de
insectos, etc.), y por acción de ciertas bacterias que destruyen
las partes orgánicas blandas. Y aún el mismo esqueleto, puede reducirse
eventualmente a polvo, por efecto de la meteorización. Tal suele
ser el destino de la mayoría de los animales muertos sobre el continente;
pero si el caballo se hubiese enterrado en una ciénaga o hubiese
quedado cubierto por el polvo o la arena acarreados por el viento,
o bien, por poner otro ejemplo, si hubiésemos considerado un animal
marino, que después de muerto quedase cubierto por sedimentos, entonces,
una vez destruidas las partes orgánicas blandas, las partes esqueléticas
habrían quedado preservadas, pudiendo llegar a fosilizar.
La
conclusión de todo lo que antecede, es que sólo una pequeña parte
de los seres vivos existentes en un determinado momento, son susceptibles
de fosilizar y que, incluso en este caso, no vamos a encontrar necesariamente
una selección completa de seres vivos, que sea representativa de
la fauna en cuestión. Así, en el caso del caballo, no hay ninguna
garantía de que hubiese de caer en la ciénaga ni de que, en consecuencia,
se haya conservado fósil. Este desequilibrio en la documentación
fósil de la vida del pasado, junto con los efectos destructivos
del transcurso del tiempo, queda bien reflejado en la comparación
que hace el Profesor Ager refiriéndose a los paleontólogos que estudian
la vida de tiempos pasados, los cuales no disponen de "los
habitantes de una ciudad, sino únicamente de los cadáveres enterrados
en el cementerio, y esto, sólo después de haber sido saqueados por
los ladrones de tumbas".
2.
Sustitución o alteración del material original
Este
es, probablemente, el tipo de fosilización más frecuente. Una vez
que las partes esqueléticas han quedado enterradas, y han llegado
a incorporarse a la corteza terrestre, tarde o temprano, por lo
general, son afectadas por el agua que penetra y circula por grietas
y fisuras de las rocas, empapándolas y disolviendo a su paso ciertos
componentes solubles ([3]). Este agua, también entrará en contacto
con el fósil contenido en la roca, haciendo que el material que
formaba la concha recristalice o sea sustituido por nuevos minerales
llevados hasta allí en disolución por el agua. De este modo, una
concha ordinariamente formada por carbonato cálcico, puede ser reemplazada,
por ejemplo, por sulfuro de hierro, en forma de pirita o de marcasita,
la primera estable en contacto con la atmósfera y la segunda inestable.
Ambas formas de sulfures de hierro, tienen un hermoso color bronceado,
que hace a tales fósiles mucho más apreciados por los coleccionistas,
pero desgraciadamente, los fósiles de marcasita se alteran rápidamente,
a menos que sean tratados y barnizados, poco después de extraerlos
de la roca que los contenía.
La
alteración de la sustancia original, no implica necesariamente su
reemplazamiento por un material distinto. Así, por ejemplo, la transformación
de la madera para formar carbón, no precisa de ningún aporte extraño,
sino simple pérdida de oxígeno, hidrógeno y también parte del carbono
que formaban los hidratos de carbono (celulosa, lignina, etc.).
3.
Por impregnación mediante sales minerales
Las
partes duras de un organismo, pueden conservarse a veces con increíble
detalle, si el agua que lo empapa después de muerto, o la que se
infiltra a través de la roca que lo contiene, lo impregna aportando
minerales que van rellenando sus poros. Como puede comprenderse,
sólo los materiales porosos, sus susceptibles de este tipo de fosilización:
la madera y las esponjas, pueden ser dos buenos ejemplos. La impregnación
de la madera por ópalo da lugar a auténticos bosques petrificados,
en los que algunos de los árboles aún permanecen erguidos, en su
lugar de crecimiento.
4.
Impresiones y otras huella
Si
la roca que contiene el fósil, es particularmente porosa, una concha
incluida en ella puede llegar a disolverse por completo, por efecto
del agua que circule a través de la roca. De esta forma, quedará
una cavidad donde anteriormente estuvo el fósil, pero la roca puede
aún conservar la impresión del exterior de la concha en la superficie
de la cavidad, o un molde del interior de la misma concha. De esta
forma, podemos encontrar moldes externos o internos de los fósiles,
los cuales, aunque no sean más que impresiones dejadas por las conchas,
son aún fósiles en cierto sentido, y pueden aportar casi tanta información
como los verdaderos fósiles.
Podemos
citar otros ejemplos: se han encontrado huellas del paso de animales
en el barro, evidentemente conservadas antes que la lluvia o la
erosión las borrase. Ciertas huellas encontradas en Estados Unidos,
indican que un Dinosaurio caminó sobre el barro bajo una tormenta
de lluvia, se detuvo y volvió a caminar de nuevo poco después. También
pueden encontrarse tubos de habitación o madrigueras de animales
acuáticos o terrestres, como prueba indirecta de su existencia:
los llamados "tirabuzones del diablo", por los primeros
colonos que los descubrieron en Norteamérica, han sido identificados
como el relleno endurecido de las madrigueras con trazado espiral
de ciertos Roedores, que habían sido exhumadas por la erosión, al
destruir los terrenos más blandos que las rodeaban. Otras pruebas
indirectas de vida, las constituyen los excrementos de estructura
espiral de ciertos animales marinos, denominados Coprolitos; los
gastrolitos o piedras estomacales de ciertos Reptiles, que debían
ser utilizados para triturar los alimentos resistentes, del mismo
modo que los que se encuentran en la molleja de las Aves; los "cordones
de arena" o tubos formados en las playas por ciertos Gusanos
perforadores, etc., etc.
ALGUNOS
EJEMPLOS INTERESANTES DE FOSILIZACIÓN
Pese
a que el rápido enterramiento y la presencia de partes esqueléticas
duras, son las condiciones normales para la fosilización, hay algunas
excepciones a esta regla. Entre los fósiles, se encuentran gusanos
y medusas, conservados bajo condiciones favorables, y en el fondo
de la cueva de Wakulla Springs, en Florida (U.S.A.), se han conservado
inalterados huesos de Mastodonte, cubiertos por 25 m. de agua. Pero
en general, la regla se cumple.
Bien
conocido es el ámbar, un mineral ligero de color dorado, que debe
su origen a la resina rezumada por ciertas Coníferas, endurecida
y fosilizada. Se encuentra, por lo general, en las costas del Mar
Báltico, y en Lituania, existe un Museo de ámbar. Muy apreciado
ya por el hombre prehistórico, como una piedra preciosa, se ha encontrado
en algunas tumbas de la época Micénica en Grecia (2. ° milenio a.
de C.). Más interesante quizás, para el paleontólogo, sea la presencia
de insectos conservados con todo detalle, incluso los pelos microscópicos
de su cuerpo, en el interior del ámbar: evidentemente, quedaron
atrapados en la resina, y allí fueron embalsamados con toda delicadeza.
Es
raro que la piel de un animal se conserve lo mismo que sus huesos;
sin embargo, en algunos casos ocurre así, como en Starunia (Ukrania),
donde se encontró el cuerpo de una hembra de Rinoceronte lanudo,
del período Pleistoceno, conservado por hidrocarburos naturales
y sal, cuya piel incluso conservaba las cicatrices de heridas sufridas
en luchas. Los habitantes de Salzkammergut (Austria), refieren cómo
en el siglo XVIII se encontró el cuerpo de un hombre en una de las
minas de sal gema, vestido con ropas que nadie pudo reconocer; probablemente
se trataba de un hombre de la edad del hierro (de los últimos siglos
a. de C.), que habría muerto en las minas, quedando conservado por
la sal.
En
el Museo de Copenhague, se conserva el cuerpo de un hombre hallado
en una turbera y perfectamente momificado por efecto del agua ácida
que impregna la turba. Su piel no está arrugada, como en las momias
egipcias, sino materialmente "curtida" y ennegrecida por
la turba, conservando un aspecto auténticamente humano, que produce
una fuerte impresión en el que lo contempla.
INTERPRETACIONES ERRÓNEAS DE LOS FÓSILES
Antes
de que la Paleontología fuese una ciencia, desconociendo el verdadero
valor y significado de los fósiles, ocurría con frecuencia que eran
descritos por un artista y no por un científico. En una ocasión,
cierto esqueleto fósil fue descrito como el "Homo diluvii testis",
es decir, un hombre "testigo del diluvio", aunque luego
se pudo ver, que se trataba simplemente de una salamandra gigante
fósil. Sin embargo, esta ciencia, progresó rápidamente, y ya a principios
del siglo XIX, los fósiles eran correctamente interpretados y se
describían con una exactitud aceptable.
No
fue nada fácil desarraigar la idea de que los fósiles eran simples
lusus naturae, es decir, "juegos de la naturaleza", llegando
incluso a pensar, algunos, que podrían ser "inventos diabólicos",
permitidos por el Creador, para desconcertar a los hombres.
La
Biblia, tomada al pie de la letra, dio motivo a innumerables controversias,
por ejemplo, cuando se calculaba en unos 4.000 años, el tiempo de
la Creación, escalonada en los 6 días del Génesis, lo cual estaba
en evidente desacuerdo con los millones de años deducidos por los
geólogos, o cuando la teoría de la evolución, se enfrentó con la
pretendida creación inmediata de los animales y vegetales; y por
último, al sugerir que, el mismo hombre, habría sido el resultado
de la evolución de ciertos Primates.
Como
es natural, los Paleontólogos no están libres de equivocaciones,
como todos los humanos. Por ejemplo, los Graptolitos se denominan
así, por su semejanza con "piedras escritas" (del griego
graptos, escrito, y lithos, piedra). De hecho, para los primeros
investigadores, estos fósiles eran estructuras inorgánicas, análogas
a la "textura gráfica" de ciertas pegmatitas, en las que
tiene lugar la formación de cristales de cuarzo rodeados por feldespato,
lo que da a la roca, un aspecto muy característico de "escritura
cuneiforme". Sin embargo, los Graptolitos sabemos ahora que
son los esqueletos de pequeños organismos coloniales, marinos, ya
extinguidos.
Quizás
la más famosa y tragicómica historia, sea la del Profesor Johann
behringer, profesor de Medicina en la Universidad de Würzburgo (Alemania),
a principios del siglo xviii. Este digno profesor, tuvo la mala
ocurrencia de publicar descripciones de ciertas "piedras figuradas",
que habían sido preparadas por sus alumnos, con objeto de jugarle
una mala pasada, y colocadas hábilmente en los sitios donde él acostumbraba
a recoger fósiles. behringer los consideró, de buena fe, como auténticos
fósiles, y cuando se enteró de su verdadera naturaleza, hubo de
emplear mucho tiempo en volver a comprar los ejemplares de su propia
publicación, en un esfuerzo para salvar su prestigio. Pocos profesores
de Paleontología, se salvan de tales jugarretas de los estudiantes,
aunque esperamos que no lleguen a publicarlos. Casi tan conocida
y famosa como la catástrofe de behringer, fue la falsificación de
Piltdown, una hábil asociación de un cráneo humano y una mandíbula
de chimpancé, que engañó a numerosos expertos durante muchos años.
LOS
NOMBRES DE LOS FÓSILES
Pensamos
que es oportuno hacer algunas indicaciones relativas a la nomenclatura
de los fósiles, muchos de los cuales, requieren un notable esfuerzo
en su pronunciación, como por ejemplo, Bdellacoma, Quenstedticeras,
Tschernyschewia, y Stoliczkaia, aunque posiblemente, mis colegas
de Europa central y oriental, no estén de acuerdo conmigo en este
extremo ([7]), mientras que otros llevan nombres loablemente descriptivos,
como Titanites giganteus, o llevan un nombre derivado de su lugar
de procedencia, como Hongkongites.
Algunos
de los nombres antiguos, resultan melodiosos y evocativos, como
Venus, Chione, Astarte, Leda, pero por desgracia, no es posible
continuar esta eufonía, con el verdadero diluvio de nuevos nombres.
Idealmente, el nombre adjudicado debe indicarnos algo acerca del
fósil a que se refiere; así, por ejemplo, Conomitra parva, nos indica
que se trata de un fósil cónico, en forma de "mitra" y
pequeño. El latín y el griego nos proporcionan un vocabulario útil
para este propósito, pues por una parte, son lenguas aún muy difundidas,
y por otra, siendo lenguas muertas, no están sujetas a las vicisitudes
y preferencias de los idiomas modernos, con sus implicaciones nacionales.
DISTRIBUCIÓN DE LOS FÓSILES
Los
fósiles se encuentran en la mayoría de las rocas sedimentarias,
exceptuando las más antiguas. Estas últimas, denominadas precámbricas,
pueden considerarse, con algunas raras excepciones, como completamente
azoicas, es decir, sin fauna. De las demás rocas, las sedimentarias,
es decir, las depositadas sobre el terreno o bajo el agua, por procesos
naturales de sedimentación, contienen —por lo general— fósiles,
al menos en ciertas regiones, aunque esto no siempre puede ser cierto.
Si la roca se ha alterado químicamente, por efecto del calor y las
presiones sufridas, tiene lugar un proceso llamado metamorfismo
que, al provocar su recristalización, destruye los fósiles. Sin
embargo, los fósiles más resistentes, pueden soportar un cierto
grado de metamorfismo, aunque a menudo, presentan una fuerte distorsión,
que indica la enorme presión sufrida por la roca que los contiene.
Las
rocas ígneas, que por lo general se han formado al consolidarse
un magma fluido, a elevada temperatura, no pueden, lógicamente,
contener fósiles; pero puede ocurrir que ciertos restos orgánicos
(conchas, vegetales, etc.), queden cubiertos por las cenizas procedentes
de una erupción volcánica, cuando ésta forma un tipo especial de
sedimento.
Geográficamente, los fósiles suelen presentar una extensa distribución.
Una de las razones que movieron a realizar la expedición de Scott
al Polo Sur, en 1911-1912, fue la de realizar investigaciones geológicas
en el interior de la Antártida, y efectivamente, se encontró madera
fósil, evidencia de que en otros tiempos, la Antártida fue una región
cubierta de vegetación.
Hay
rocas, en el Norte de Canadá, donde ahora se caza el oso polar,
que contienen sales, las cuales parecen haber cristalizado en zonas
lagunares o en albuferas, bajo condiciones climáticas de calor y
sequedad, muy distintas de las actuales. En algunos de los picos
más altos, de los Alpes y del Himalaya, encontramos rocas que contienen
fósiles de animales marinos, lo cual nos indica que tales sedimentos,
se depositaron bajo el mar.
De
hecho, toda la evidencia que nos proporcionan los fósiles, se reduce
a poner de manifiesto, que la faz de la Tierra no ha permanecido
estática en el tiempo; que el clima ha cambiado y que las montañas
no han sido siempre como ahora, ya que los materiales que las forman,
se depositaron en el fondo del mar.
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