2
- Evolución y ambiente
"A
este principio, según el cuál, cualquier pequeña variación, siempre
que sea útil, se conserva, le he denominado selección natural"
(charles darwin. Origen de las especies, Capítulo 3).
La
teoría de la evolución se refiere, tanto a la Neontología como a
la Paleontología, y nos ocuparemos de ella después de establecer
algunas cuestiones preliminares de carácter general.
CONCEPTO
DE EVOLUCIÓN
El
concepto de evolución, en Biología, se basa en lo siguiente:
a)
En los seres vivos, se observa que ocurren toda una serie de variaciones
en la estructura y en el aspecto general de los organismos.
b)
Algunas de estas variaciones, que suelen aparecer espontáneamente,
han llegado a ser hereditarias, perpetuándose en las generaciones
siguientes.
c)
Aunque la mayoría de estas variaciones pueden ser perjudiciales,
algunas de ellas son beneficiosas.
d)
La evolución, presupone la supervivencia de los organismos más idóneos.
Cualquier grupo de seres vivos, aislado geográficamente, o de cualquier
otra forma, que presente variaciones beneficiosas, tendrá ventaja
sobre otros grupos de los mismos organismos que hayan sido menos
favorecidos, y los primeros, tenderán a reproducirse y a sobrevivir,
con más éxito que los otros.
e)
La consecuencia del apartado d), es la evolución de uno de los grupos
que se desarrollan, más idóneo que los demás, el cual está mejor
adaptado que los que le rodean; así pueden aparecer nuevas especies,
más resistentes y mejor adaptadas al medio ambiente.
Podríamos preguntarnos, por qué razón, siendo cierto el apartado
e), llegan a extinguirse la mayoría de los grupos de animales y
vegetales. Para explicar su extinción, pueden darse varias razones,
pero quizás la más sencilla, sea que el ambiente varía con más rapidez
que la evolución de los grupos hacia formas mejor adaptadas; y por
ambiente, entendemos, no sólo el medio inorgánico (temperatura,
salinidad, humedad, etc.), sino también el medio orgánico: especies
rivales, predadoras, parásitos y animales de rapiña, etc. Se comprende
que, con tantas variables en competencia, ocurran tales extinciones,
aunque la adaptabilidad de los seres vivos es de tal categoría,
que son raras las extinciones en los grupos más desarrollados.
En
realidad, casi todos los grupos principales de animales y vegetales,
han sobrevivido desde su primera aparición en las rocas que contienen
fósiles, desde el Cámbrico (véase la Figura 2), aunque, naturalmente,
el destino de los grupos menores dentro de los mayores, ha variado
considerablemente a lo largo de toda la historia geológica.
LA
EVOLUCIÓN DEL CABALLO
Un
excelente ejemplo paleontológico de la evolución, lo encontramos
en la historia fósil del caballo, el cual, en sí mismo, ya tiene
algo de "curiosidad paleontológica", por ser uno de los
pocos supervivientes (el rinoceronte es otro), de un orden de Mamíferos
mucho más diversificado en épocas anteriores, denominado Perisodáctilos.
El caballo, se apoya sobre una pezuña formada sobre el dedo central
del pie, en contraste con los Artiodáctilos (la vaca, el antílope,
el búfalo, el ciervo), que caminan sobre una pezuña dividida en
dos partes, formada sobre los dedos 3. ° y 4. ° del pie.
El
caballo fue en un principio, de pequeña talla y de aspecto análogo
al de un perro; vivía en los bosques, alimentándose de hojas, pero
más tarde, pasó a ser el animal de gran talla, habitante de las
llanuras, que se alimenta de hierba, que es el actual.
Aunque
sus fósiles se encuentran, por lo general, en América, donde tuvo
lugar su evolución, el caballo desapareció de allí provisionalmente,
a finales de la era Terciaria, para volver de nuevo cuando los europeos
los llevaron otra vez, desde su nuevo hogar en el viejo mundo.
LOS
CONCEPTOS DE HOMOLOGÍA Y HOMOMORFÍA
El
concepto de homología no implica, en sí mismo, la evolución, y de
hecho, este fenómeno era conocido mucho antes de que Darwin y Wallace
estableciesen su teoría de la evolución. Pero también es verdad,
que la homología de los órganos, se comprende mejor dentro del marco
de la evolución biológica: es la condición según la cual, dos o
más organismos, poseen órganos que pueden parecer diferentes a primera
vista, pero que en realidad poseen una semejanza estructural básica,
que revela un origen común, o bien (si se prefiere prescindir de
toda alusión evolutiva), que están relacionados con un tipo estructural
común. De esta forma, la mano del hombre, el ala del murciélago
y la aleta de la foca, son homologas, como se demuestra mediante
el estudio de sus esqueletos, que están organizados de la misma
forma, con los mismos huesos, dispuestos análogamente en la mano,
en el ala y en la aleta. De esta comparación, se llega a poder establecer
un modelo general, el llamado "arquetipo".
Sin
embargo, es más adecuado considerar la homología, como un resultado
de la evolución a partir de una estructura primitiva, que se ha
ido modificando al adaptarse a funciones definidas. Así, la evidencia
fósil, en relación con estas estructuras esqueléticas modernas —aunque
desgraciadamente discontinua— sugiere con fuerza que todas las extremidades
de los Mamíferos, derivan de la extremidad presente en un tipo primitivo
de Mamífero. Esta parece haber sido bastante similar a nuestra propia
mano, pudiendo decirse que la mano del hombre es, esencialmente,
un órgano primitivo, y que su maravillosa capacidad de movimiento
y destreza, no depende de ninguna modificación importante del órgano
original, sino más bien de una falta de ésta.
La
homomorfía es una condición según la cual, dos o más organismos
parecen similares, o poseen órganos que parecen similares, pero
que tienen orígenes diversos o se relacionan con diferentes arquetipos.
Así, el Delfín, el Ictiosaurio y el Tiburón (Figura 4), son muy
parecidos: los tres son alargados, tienen apéndices en forma de
aletas, una aleta dorsal y aleta caudal análogamente constituida.
Sin embargo, en este caso, son homomorfos, debido a que sus estructuras
internas son diferentes en cada uno de ellos: esto se debe al hecho
de que, los delfines derivan de los primitivos mamíferos terrestres,
el Ictiosaurio de los primitivos reptiles también terrestres, y
el Tiburón es un pez.
Por
supuesto, que la homomorfía es un concepto relativo, porque todos
los Vertebrados terrestres, descienden de antepasados pisciformes,
y de hecho, también es una hipótesis aceptable, que todos los animales
descienden de organismos sencillos; pero la homomorfía se refiere,
por lo general, a antepasados más inmediatos, que han sufrido modificaciones
en cierto modo convergentes.
Aunque
este fenómeno presente un gran interés, en relación con la evolución,
para los paleontólogos puede resultar a veces un inconveniente,
ya que en ocasiones, ciertos fósiles agrupados bajo un mismo nombre,
después de un examen más detallado resultan pertenecer a varios
tipos, no relacionados entre sí, y por lo tanto, hay que darles
nombres distintos.
IMPERFECCIONES EN EL REGISTRO FÓSIL
La
razón de la mayor parte de la confusión existente en los nombres
de los fósiles, está en que sólo fosilizan las partes esqueléticas
duras de los organismos, y casi nunca sus partes blandas.
Los
Conejos y los Roedores son homomorfos por la circunstancia de tener
los dientes igualmente cortados en bisel, pero un estudio más detallado
de estos animales, revela que nos encontramos ante dos órdenes completamente
distintos de Mamíferos, llamados Lagomorfos y Roedores, respectivamente.
Los esqueletos de estos dos órdenes de Mamíferos, presentan suficientes
diferencias para poder distinguirlos con facilidad, pero, ¿qué ocurriría
con las conchas marinas, en las que a parte de su forma general,
presentan pocos caracteres que permitan distinguir una de otra?
La homomorfía está, en realidad, muy difundida en la literatura
que se refiere a los moluscos bivalvos, y si bien es cierto que
el conocimiento de los estados evolutivos, ayuda mucho a esclarecer
alguno de estos casos, no lo es menos que aún existen muchos ejemplos
de fósiles que nos presentan problemas de difícil solución.
La
falta de documentación fósil, puede presentar otros aspectos. Fácilmente
se comprende el papel desempeñado por los animales necrófagos terrestres
y acuáticos, por cuya causa, rara vez se conservan la carne o la
materia vegetal. Los mismos huesos, son roídos, la madera se pudre,
las conchas se desintegran y, en conjunto, nada llega a fosilizar,
a no ser que se produzca su rápido enterramiento. Sólo así puede
quedar un organismo adecuadamente protegido, para que no tenga lugar
su destrucción completa.
Por
si todo esto no fuese bastante, hemos de contar con que muchos fósiles
se pierden al ser disueltos por el agua que circula constantemente
a través de las rocas de la corteza terrestre; en otras ocasiones,
al quedar sometidos a temperaturas elevadas, son transformados,
perdiendo así su identidad orgánica, y finalmente, cuando las rocas
son erosionadas por los agentes de la dinámica terrestre, se pierden
irremisiblemente los fósiles que contenían.
Por
otra parte, hay que recordar, que el martillo del geólogo sólo tropieza
con una pequeña parte de las rocas fosilíferas existentes en la
Tierra. La mayoría de tales rocas, si no se encuentran sumergidas
bajo el mar, son inaccesibles, por estar a gran profundidad en la
corteza terrestre; en consecuencia, los geólogos sólo conocen una
pequeña parte de las rocas, incluso de las más comúnmente explotadas.
Así, no debe extrañarnos, ya que el registro fósil resulta tan discontinuo,
que existan aún muchas lagunas en nuestro conocimiento de los fósiles,
y que aún queden muchas cuestiones sin resolver en Paleontología.
A
pesar de todo, es cierto que disponemos de una notable cantidad
de información, procedente de las rocas fosilíferas de todo el mundo,
y que la documentación conseguida sobre la evolución, a base de
los fósiles, es bastante completa. Para ilustrar esto último con
un ejemplo, consideraremos la evolución de los Mamíferos a partir
de los Reptiles.
EL
PASO EVOLUTIVO DE REPTILES A MAMÍFEROS
Actualmente, es realmente fácil distinguir un mamífero de un reptil.
Los mamíferos, por lo general, tienen pelo, la temperatura de su
sangre se mantiene uniformemente caliente, dan a luz a las crías
y las amamantan con leche. Los reptiles, por el contrario, carecen
de pelo y presentan el cuerpo cubierto de escamas, la temperatura
de su sangre depende de la del ambiente, ponen huevos y no amamantan
a las crías.
Además,
con objeto de que estas diferencias puedan ser apreciadas por los
paleontólogos, estos criterios deben ampliarse al esqueleto: los
mamíferos presentan la mandíbula inferior formada por un solo hueso,
el dentario (en realidad, está formada por dos huesos, unidos en
su punto medio), una abertura única, en el cráneo, para la nariz,
un conjunto de tres huesecillos en el oído medio (martillo, yunque
y estribo), y dos o más raíces en los dientes yugales. También presentan
diferenciada la dentición en incisivos, caninos, premolares y molares,
y un paladar secundario, que separa las cavidades bucal y nasal.
Estas y otras estructuras características, sirven para distinguir
los mamíferos fósiles de los reptiles.
Por
otra parte, cada una de estas características, tiene su significado.
El paladar secundario, tiene por objeto permitir al mamífero respirar
mientras come, mientras que el reptil, cuyas aberturas nasales se
abren directamente en la cavidad bucal, sólo puede respirar entre
dos bocados; la sencillez de la mandíbula inferior en los mamíferos,
implica su mayor fortaleza y la hace apta para masticar: en la Figura
5, puede verse cómo, el número de huesos de la mandíbula de los
reptiles, ha ido reduciéndose, en el transcurso de la evolución,
hasta quedar reducidos a uno solo en los mamíferos.
Para
la mayoría de los mamíferos y reptiles fósiles, todo esto está bastante
claro, pero cuando nos paramos a considerar el grupo de los Reptiles
Sinápsidos, empiezan a surgir complicaciones. Cuanto más de cerca
se examinan estos reptiles, tanto más paradójicos resultan. En cierto
modo, el grupo en conjunto, se desarrolló prematuramente, en el
Pérmico y Triásico. En los períodos sucesivos, Jurásico y Cretácico,
en vez de ser sus descendientes, los mamíferos, los animales terrestres
predominantes, fueron los reptiles los que proliferaron extraordinariamente,
y los dinosaurios llegaron a dominar en todas partes, quedando los
Sinápsidos y mamíferos relegados a un lugar muy secundario, con
el resultado de que los mamíferos quedasen reducidos a unas criaturas
pequeñas y casi desapercibidas. Quizás si los Sinápsidos hubiesen
tenido más éxito, la historia de los vivientes habría sido muy diferente:
posiblemente el aire habría estado habitado por murciélagos (que
son mamíferos), en vez de aves (descendientes de los reptiles),
y el mismo hombre, podría haber surgido y desaparecido hace ya mucho
tiempo.
Pero
todo esto son meras especulaciones. La documentación fósil de los
Sinápsidos, muestra una tendencia precoz a la diferenciación dentaria:
Dimetrodon, a parte de poseer una cresta o "vela" dorsal,
probablemente formada por la piel, soportada por espinas (de significado
muy dudoso), presenta la dentición diferenciada en "incisivos",
"caninos" y "molares", al menos, en la mandíbula
superior. Posteriormente, los Sinápsidos desarrollaron un paladar
secundario, y una mandíbula inferior en la que uno de sus huesos
(el dentario), predomina sobre los otros, destinado a formar el
único elemento óseo de la mandíbula de los mamíferos, mientras los
demás huesos van reduciéndose. Asimismo, adquieren una disposición
más esbelta en la marcha, con el cuerpo erguido, gracias a la estructura
de sus extremidades anteriores y posteriores, opuestas a la postura
de los demás reptiles, más tendida y con la articulación del codo
dirigida hacia fuera.
El
verdadero problema que plantea la historia de los Sinápsidos, es
que no es posible decidir con exactitud, donde acaban los reptiles
y donde comienzan los mamíferos. El "gran salto" previsible
entre reptiles y mamíferos, parece quedar reducido a una serie de
"escalones" imprecisos, más que a una aventurada y decisiva
"zancada". Los rasgos mamiferoides característicos, aparecen
independientemente en más de un grupo de Sinápsidos. Cabe preguntarse
si los últimos sinápsidos eran reptiles muy avanzados o mamíferos
primitivos, y la decisión resulta extremadamente difícil. Probablemente,
la indicación más precisa de que estamos en presencia de mamíferos,
sea la de poseer sangre caliente, pues esta es la clave de la vida
tan activa, característica de los mamíferos. Parece que podría identificarse
esta condición, con la presencia de paladar secundario, toda vez
que, un animal de sangre fría puede dejar de respirar mientras engulle
el alimento, mientras que tal cosa resultaría muy difícil para un
animal de sangre caliente, que tiene una mayor necesidad de oxígeno.
Pero el caso es que el paladar secundario está ya desarrollado en
ciertos sinápsidos, que por otra parte, conservan varias características
reptilianas.
En
los Ictidosaurios, grupo de fósiles asignados provisionalmente a
los últimos Sinápsidos, la transición de reptil a mamífero viene
indicada por la circunstancia de que el único carácter que permite
atribuirlos a los reptiles, es la reducción de los huesos de la
mandíbula inferior que no es completa. Un paso más, podría decirse,
y ya estamos en los mamíferos; y, efectivamente, los mamíferos propiamente
dichos, se empiezan a encontrar a continuación, en el límite entre
los períodos Triásico y Jurásico.
LA
EVOLUCIÓN DEL OÍDO
El
oído fue, originalmente, un órgano del equilibrio, función que aún
conserva, pero con una serie de modificaciones que permiten percibir
vibraciones del exterior, esto es, oír. En los peces, el equilibrio
se controla mediante ciertos huesecillos (otolitos), situados en
cámaras repletas de líquido: cualquier desequilibrio hace sentir
al pez el movimiento del otolito sobre la superficie interna, sensible,
de la cámara, y su cerebro registra el desequilibrio, que seguidamente
puede ser corregido. Tal como puede verse en la Figura 6, existe
también en el pez un huesecillo especial, el hio-mandibular, también
llamado columelar, que conecta el oído interno con el interior del
cráneo, y sirve para trasmitir las vibraciones del agua, pasando
por el cráneo, hasta el oído interno.
En
los Anfibios, el oído posee ya una caja de resonancia adecuada,
porque la audición en el aire, requiere un sistema de audición más
sensible que en el agua, y la simple transmisión por los huesos
del cráneo no sería suficiente. En los Reptiles sinápsidos (Ambulátiles),
persiste la misma estructura que en los Anfibios, pero intervienen
en la audición dos pequeños huesecillos, el articular y el cuadrado,
que forman a su vez parte de la articulación de la mandíbula con
el cráneo: estos huesecillos, se sitúan en las proximidades de la
caja de resonancia del oído, ayudando probablemente a la audición
([12]).
Por
último, el desarrollo más completo de la estructura del oído medio,
se puede ver en los Mamíferos, especialmente en el hombre: el estribo,
homólogo del hio-mandibular de los Peces y Anfibios, queda en contacto
con el oído interno, pero la transmisión del sonido se hace, desde
el tímpano, mediante el martillo y el yunque, que son los homólogos
del articular y el cuadrado de los Reptiles.
Nuestro
oído es mucho más complicado que el de los peces, sin duda alguna,
pero los estudios sobre su evolución, demuestran que los huesecillos
existentes en el oído medio, no son más que los huesos mandibulares
de nuestros antecesores, adaptados a una nueva y más elevada función.
"ESLABONES PERDIDOS" Y "FÓSILES VIVIENTES"
Las
cuestiones más interesantes, desde el punto de vista paleontológico,
en materia de evolución, son las que se relacionan con grupos biológicos
extinguidos, o que se suponen extinguidos: esta última reserva,
es necesaria por la propia experiencia sobre el Coelacanto, un pez
perteneciente al grupo de los Crosopterigios, que se suponía extinguido
a la vez que los Dinosaurios, al final del Cretácico, y se ha encontrado
vivo en 1938.
El
principal interés de este descubrimiento, radica en el estudio de
su esqueleto, porque los Crosopterigios se llaman así, por sus "aletas
lobuladas", que presentan un lóbulo o base carnosa, en cuyo
interior los huesos están dispuestos de tal forma, que preconizan
la estructura de las patas de los Anfibios, es decir, el quiridio
que luego se encuentra en todos los Vertebrados terrestres y aéreos.
En realidad, fue un solo grupo de estos Crosopterigios, el que se
adaptó a la vida sobre tierra firme, a finales del Devónico y principios
del Carbonífero, comenzando a respirar el aire atmosférico, y dando
origen de tal manera a los Anfibios. Los demás peces (la mayoría
son Actinopterigios), no lograron abandonar el medio acuático, aparte
de algunos que pueden respirar fuera del agua, temporalmente, como
los Dipnoos actuales.
En
Paleontología evolutiva, las cuestiones rara vez quedan completamente
zanjadas, y aunque con frecuencia es posible conocer detalles convincentes
de la evolución, en un reducido número de fósiles, rara vez se pueden
enlazar estos datos parciales para formar una serie evolutiva completa,
que suponga una progresión, a través de cambios sucesivos. Más pronto
o más tarde, aparece una laguna en la sucesión: tal vez no se han
encontrado los fósiles más significativos, o si se han encontrado,
no están completos, o la evolución fue tan rápida en ese momento
preciso, que los fósiles no muestran todos los estados intermedios.
Este
problema es particularmente enojoso, cuando se trata del origen
de los grupos mayores, como por ejemplo, los Peces. Sin embargo,
en algunas ocasiones, algún hallazgo afortunado de estos "eslabones
perdidos", puede servir para completar líneas evolutivas que
de otra forma resultarían discontinuas.
Uno
de estos descubrimientos afortunados fue el del Archaeopteryx, un
auténtico reptil-ave, del que sólo se conocen dos ejemplares. En
el adjunto cuadro, se comparan las características de Archaeopteryx
con las que son propias de los Reptiles y de las Aves.
COMPARACIÓN ENTRE REPTILES, ARCHAEOPTERYX Y AVES
REPTILES:1) Larga cola, vértebras independientes, en general.
ARCHAEOPTERYX:Larga cola con vértebras independientes.
AVES:Cola corta, con vértebras unidas.
REPTILES:2) Huesos macizos, en general.
ARCHAEOPTERYX:Huesos macizos.
AVES:Huesos huecos.
REPTILES:3) Extremidades anteriores análogas a las posteriores.
ARCHAEOPTERYX:Extremidades anteriores, parecidas a las posteriores
y de igual longitud.
AVES:Las
alas son las extremidades anteriores profundamente diferenciadas
de las posteriores.
REPTILES:4) Cavidad craneal pequeña.
ARCHAEOPTERYX:Cavidad craneal amplia.
AVES:Cavidad craneal amplia.
REPTILES:5) Por lo general, tienen dientes.
ARCHAEOPTERYX: Tiene dientes.
AVES:No
tienen dientes.
REPTILES:6) No tienen plumas.
ARCHAEOPTERYX:Tiene plumas
AVES:Tienen plumas.
REPTILES:7) Área de inserción para los músculos pectorales más bien
reducida.
ARCHAEOPTERYX:Área de inserción para los músculos pectorales reducida.
AVES:Área de inserción para los músculos pectorales muy desarrollada.
Puede
comprobarse que según los caracteres 1, 2, 5 y 7, el Archaeopteryx
se asemeja a los Reptiles, mientras que por los caracteres 4 y 6
(que consideramos como los más importantes), se asemeja a las Aves,
y por lo que respecta al carácter 3, ocupa una posición intermedia.
En realidad, el Archaeopteryx, no debía ser buen volador; probablemente
planeaba (como los Pterodáctilos y otros auténticos Reptiles voladores),
más que volar como las verdaderas Aves. La estructura de sus extremidades
posteriores sugiere que podría trepar por los árboles, y de hecho,
se supone que el medio arbóreo, con sus condicionamientos de agilidad
y ligereza, debe haber sido el precursor del medio aéreo. En definitiva,
que los Archaeopteryx, se encuentran a medio camino evolutivo entre
los Reptiles y las Aves.
INTERPRETACIÓN DE UN AMBIENTE PRETÉRITO, EN FUNCIÓN DE LOS FÓSILES
Resultaría de gran utilidad para el paleontólogo, que cualquier
grupo de animales o plantas fósiles, fuese un indicador seguro del
clima y demás condiciones ambientales del pasado, pero por desgracia,
tal cosa pocas veces resulta posible. Si, por ejemplo, un futuro
paleontólogo, dijese de todos los tigres, que fueron habitantes
de la jungla tropical, tendría que hacer la salvedad de que, el
más corpulento de todos, el "tigre de Manchuria", habitó
el SE de Siberia, donde existe un clima nada tropical: en realidad,
este tigre se encuentra tan al Norte como la ciudad de Irkutsk,
a una latitud de 53 °N.
Si
describiésemos los Limulus actuales, que viven en las costas, como
habitantes de "aguas marinas someras", tal cosa no serviría
de gran ayuda cuando quisiéramos interpretar su historia: En el
Devónico, los Limulus eran principalmente marinos, en el Carbonífero,
habitaban de preferencia las aguas dulces; en el Mesozoico, también
poblaban abundantemente las aguas dulces, pero algunos se adaptaron
a vivir en las aguas salobres de los estuarios; y ahora, han vuelto
a ser marinos.
Sin
embargo, algunos grupos sí que nos proporcionan una información
segura: así, por todo lo que sabemos, ningún Cefalópodo (pulpos,
calamares, etc.), puede vivir en aguas dulces. Por tanto, la presencia
de Cefalópodos fósiles, es una indicación segura del medio marino.
Entre
esta maraña de datos, unos fidedignos y otros dudosos, el paleontólogo
tantea, con vistas a la reconstrucción del pasado, tarea que, afortunadamente,
se suele simplificar con el aporte de datos que no proceden precisamente
de los fósiles. Así, las huellas de gotas de lluvia o las grietas
de retracción por sequedad, pueden conservarse en la superficie
de una capa de arcilla, proporcionando un buen indicio sobre el
clima de aquélla época. Los cristales de sales formados por evaporación
en los lagos salados, sugieren un clima árido o semiárido. Las cenizas
volcánicas, depositadas junto con los fósiles, nos indican la proximidad
de volcanes.
ISÓTOPOS
DEL OXIGENO
Es
posible llegar a conocer las temperaturas de los mares antiguos,
a partir de las proporciones de los isótopos de oxígeno, que forman
parte del material constitutivo de los fósiles. De los dos principales
isótopos del oxígeno presentes en la atmósfera (y por lo tanto,
también disueltos en los mares y lagos), el más común es el 0-16,
mientras que el 0-18 está presente sólo en la proporción de 1/500.
Como quiera que la concentración de iones CO3= presente en el agua
del mar, que contienen ambos isótopos del oxígeno, varía con la
temperatura, y puesto que tales iones pasan a formar parte de las
conchas, en forma de CO3Ca, se comprende que la determinación cuantitativa
de los isótopos del oxígeno en el carbonato cálcico de los fósiles,
nos dará una medida exacta de la temperatura del agua del mar cuando
se formó la concha.
El
análisis de las temperaturas del mar en épocas pasadas, se basa
en el razonamiento anterior aunque, por supuesto, para simplificar
el método, no se han tenido en cuenta algunas dificultades que suelen
presentarse; por ejemplo, la recristalización de las conchas fósiles,
es un fenómeno muy frecuente que falsea los resultados, porque el
agua que circula por la corteza terrestre, no tiene la misma proporción
de isótopos del oxígeno que la del mar donde se formó la concha.
Sin embargo, teniendo en cuenta todos estos factores, se pueden
llegar a obtener algunas deducciones muy importantes: así, del estudio
de los Belemnites del Jurásico de Gran Bretaña, se ha deducido que
la temperatura media del mar, en aquélla época, era aproximadamente
de 18°, siendo así que, en la actualidad, los mares que rodean las
Islas Británicas, tienen una temperatura que oscila entre 8° y 12°.
Los
Belemnites son fósiles que se encuentran corrientemente en los sedimentos
de edad mesozoica y pertenecieron a ciertos Cefalópodos —los Belemnoideos—
actualmente extinguidos. Estos animales tenían el aspecto de un
calamar, y de hecho, estaban muy próximos a estos Cefalópodos actuales;
ambos eran Dibranquiales. El "Belemnites", tal como aparece
fósil (Figura 8), constituye la parte más resistente del esqueleto
interno de estos Cefalópodos y tiene forma de una bala. En sección
transversal presenta una estructura fibroso-radiada, y a la par
concéntrica, bastante parecida a la de un tronco de árbol cortada
transversalmente. La estructura radial, se debe al desarrollo radial
de los cristales de calcita que lo forman, y la estructura concéntrica,
se debe probablemente (como en el tronco del árbol), al crecimiento
anual, según las estaciones leí año. Del estudio y dosificación
cuidadosa de los isótopos del oxígeno, en estos anillos concéntricos,
en los Belemnites del Jurásico de Gran Bretaña, en el supuesto de
que no hubiesen realizado migraciones a gran escala, se deduce una
variación estacional de 6° para la temperatura del mar, y que estos
animales vivían unos 3 ó 4 años.
LAS
PLANTAS
Otra
fuente de información, lo constituyen las plantas fósiles, ya que
en la actualidad, es evidente la clara relación existente entre
las plantas y el medio ambiente. Viajando desde el polo al ecuador,
se cruza, en primer lugar, la tundra o desierto frío; a continuación,
los bosques de Coníferas, después los bosques templados; tal vez,
a continuación, crucemos una zona de desiertos cálidos, y finalmente,
la selva tropical.
Siempre
que estemos en presencia de plantas fósiles, relativamente recientes,
de forma que aún tengan representantes actuales, se pueden hacer
deducciones muy útiles sobre las condiciones ambientales de tales
plantas fósiles; pero con otras más antiguas, tropezaremos con mayores
dificultades, aunque pueden establecerse ciertos hechos básicos.
Así, en el estudio de las plantas fósiles del Eoceno de Inglaterra,
se halló que un 73 % de las plantas actuales, con las que pueden
relacionarse, se encuentran en la flora de Indonesia, lo cual sugiere,
que en aquella época, la región londinense tuvo una flora análoga
a la jungla tropical de la región indonésica, en vez del bosque
templado que ahora existiría, si no hubiese sido destruido por el
hombre.
Tiene
especial interés, el conocimiento de los bosques carboníferos de
finales del Paleozoico. La mayoría de las plantas que lo formaban,
están ya extinguidas, y no es fácil sacar conclusiones tajantes
sobre su ambiente; pero se supone, por ejemplo, que la ausencia
de anillos de crecimiento anual, en las plantas arbóreas del Carbonífero,
indica ausencia de variación climática estacional, lo cual demuestra
una notable alteración del clima, ya que en la actualidad, en estas
regiones, los árboles forman anillos anuales de crecimiento, de
acuerdo con la sucesión de veranos e inviernos. Sin embargo, también
cabe la posibilidad de que la falta de anillos de crecimiento anual,
en las plantas paleozoicas, fuese debida a un estado evolutivo más
primitivo.
La
abundancia de raíces y otros fósiles vegetales, asociados al carbón,
nos demuestra que, ciertamente, estamos en presencia de un auténtico
bosque, y el polvo negro carbonoso asociado al carbón, que le hace
tan sucio, puede ser un indicio de incendios forestales. El gran
desarrollo de la vegetación, en la que abundan las plantas arbóreas
de más de 30 m. de alto, indica claramente la existencia de lluvias
abundantes, pero no es fácil decidir si se trata o no de un clima
tropical. Sobre este particular, es interesante hacer notar que,
al Oeste de Patagonia, con clima frío, donde los glaciares llegan
hasta el mar, se desarrolla un bosque tan denso, en sus niveles
inferiores, como la selva tropical húmeda del Amazonas, y que en
Alaska, los bosques se asientan sobre los glaciares, nutriéndose
de los depósitos morrénicos acumulados sobre el hielo.
LAS
POSICIONES DE LOS FÓSILES
En
muchas ocasiones, se pueden obtener ciertas deducciones ambientales,
a partir de la posición que tienen los fósiles en los estratos.
Al
encontrar una capa de carbón, el geólogo, que sabe que el carbón
se ha formado a partir de materia vegetal comprimida y transformada,
busca las raíces de las plantas que le dieron origen, y si las encuentra
atravesando el estrato situado inmediatamente debajo de la capa
de carbón, puede deducir, lógicamente, que el carbón está "in
situ", es decir, que los vegetales se acumularon y luego se
han transformado en carbón, en el mismo sitio donde crecían en vida.
Sin embargo, algunos tipos de carbón pueden haberse originado a
partir de materia vegetal previamente transportada. El carbón "cannel",
cuyo nombre deriva del vocablo inglés "canwyl" que designa
un tipo especial de candela o antorcha, debido a que arde con una
llama parecida a la de una lámpara, es un ejemplo de lo que acabamos
de indicar, y puede contener restos de peces, porque al parecer,
se formó en un lago, mientras que el carbón normal se forma en regiones
pantanosas, análogas a las turberas. En la costa de la Isla de Wight,
existe un conjunto caótico de troncos de árboles fósiles, del Cretácico,
que evidentemente fueron arrastrados y acumulados por la corriente
de un río de aquella época, y ahora van quedando al descubierto
por la acción erosiva del mar.
Los
fósiles de Invertebrados, debido a su menor tamaño y facilidad de
transporte, se suelen encontrar alejados del lugar que ocuparon
en vida. De hecho, aparte de los corales, suele ser muy difícil
encontrar sus fósiles en el mismo sitio donde vivieron y murieron.
Sin
embargo, estos fósiles transportados, pueden proporcionamos cierta
información sobre las circunstancias de su enterramiento. Por ejemplo,
los Belemnites, quedan a menudo orientados con el eje longitudinal
en una dirección preferente, que debió ser la de la corriente, cuando
fueron depositados y enterrados en el fondo del mar.
También
del examen detenido de los mismos fósiles, se pueden obtener deducciones
sobre el ambiente en que vivían los animales correspondientes. Esto
se puede apreciar claramente en el caso de los Moluscos Bivalvos
(almejas, mejillones, ostras, etc.). En general, pueden deducirse
tres formas diferentes de vida para estos Moluscos, de acuerdo con
sus características anatómicas reflejadas en las conchas, tal como
aparece en el cuadro adjunto.
CARACTERES DE LOS PELECIPODOS
MODO
DE VIDA :
CARACTERES ANATÓMICOS DE LAS CONCHAS:
Activa
Tienen
dientes en la charnela
son:
inequilaterales equivalvos isomiarios
Sedentarios (cementados)
Charnela
con dientes atrofiados o ausentes
son:
equilaterales inequivalvos anisomiarios o monomiarios
Sedentarios (fijos mediante el biso)
Charnela
con dientes atrofiados o ausentes son: de forma variable anisomiarios
o monomiarios
Enterrados o perforando las rocas
Charnela
con dientes atrofiados o ausentes
son
: inequilaterales equivalvos anisomiarios o isomiarios
La
terminología empleada en este caso, corresponde a la forma y al
interior de la concha: la condición de "equilátera" o
"inequilátera", se refiere a la simetría de la concha,
mientras que "equivalvo" o "inequivalvo", se
refiere a las dos conchas similares o distintas. Los términos terminados
en "miaría", se refieren a las impresiones dejadas por
los músculos aductores en el interior de las conchas. Los Pelecípodos
o Bivalvos, suelen tener dientes en la charnela, que son salientes
de la concha, mediante los cuales, las dos valvas se articulan y
encajan perfectamente; también poseen poderosos músculos que mantienen
cerrada la concha, para impedir que pueda ser fácilmente abierta
por otros animales, como las estrellas de mar, que se alimentan
de estos moluscos.
Los
Pelecípodos de vida activa, viven sobre el fondo del mar y en ocasiones
ligeramente enterrados en el cieno o en la arena, respirando mediante
una corriente de agua que circula entre sus valvas entreabiertas.
Los sedentarios cuyas conchas están cementadas sobre las rocas del
fondo marino (ostras y otros análogos), tienden a desarrollarse,
como los organismos sedentarios, igualmente en todas direcciones,
por lo que sus conchas son equiláteras, pero por estar fijos por
una de sus valvas, la otra funciona como la tapadera de una caja,
resultando conchas inequivalvas, con la valva superior más pequeña
que la inferior. Algunos Pelecípodos de vida también sedentaria,
como los mejillones, se fijan a las rocas mediante unos filamentos
proteínicos que reciben el nombre de "biso", como los
tirantes de una tienda de campana: estos Pelecípodos pueden ser
asimétricos (inequilaterales), por la posición excéntrica del biso,
aunque también pueden ser más o menos simétricos Por último, los
Pelecípodos que viven enterrados en los sedimentos del fondo del
mar, o que perforan las rocas, deben su forma asimétrica o inequilateral,
al hecho de que precisan una forma alargada para poder enterrarse
o penetrar en el agujero de la roca.
De
esta forma, se puede deducir el modo de vida y el ambiente en que
vivía un Pelecípodo, en función de sus características morfológicas.
En ocasiones, los fósiles de moluscos perforadores se pueden encontrar
en los propios agujeros o galerías donde habitaban; los que vivieron
cementados sobre las rocas del fondo del mar, pueden encontrarse
unidos a dichas rocas, y si están separados de ella, pueden, en
algunos casos, conservar la impresión de la roca como una cicatriz
en el área de fijación.
De
la posición de las conchas en los estratos, se puede obtener alguna
información adicional, como por ejemplo, el transporte sufrido por
las mismas, que se manifiesta en el porcentaje de conchas que presentan
la convexidad hacia arriba o hacia abajo, y el de conchas abiertas
o cerradas. Las corrientes de agua, tienden a colocar las conchas
con la convexidad hacia arriba, en la posición más estable (más
hidrodinámica). Por otra parte, como los músculos sólo pueden cerrar
las conchas al contraerse, la apertura se efectúa mediante un ligamento
elástico, que actúa cerca de la charnela, pasivamente, cuando los
músculos se relajan. Cuando el animal muere, los músculos se descomponen
y el ligamento, más resistente, produce la apertura de las dos valvas.
De esta forma, la proporción de conchas cerradas y abiertas, nos
proporciona un indicio sobre la rapidez con que fueron enterradas,
ya que un enterramiento tardío, será motivo de que casi todas las
valvas estén abiertas.
LOS
HÁBITATS PASADOS Y ACTUALES
La
determinación del hábitat de organismos fósiles, a partir del correspondiente
a sus parientes más cercanos que viven actualmente, no es tarea
fácil, y la dificultad aumenta, proporcionalmente a la edad geológica
de los fósiles. La interpretación de las especies fósiles que aún
tienen representantes actuales, es relativamente sencilla, pero
pocas especies actuales se encuentran fósiles más allá del Pleistoceno.
En la Era Terciaria, encontramos con frecuencia géneros que tienen
especies actuales, pero no resulta fácil determinar cuál puede haber
sido la variación de hábitat, para las especies anteriores que sólo
se conocen fósiles.
Consideremos el caso de los elefantes, actualmente representados
por dos especies, Elephas maximus, el elefante índico, y Loxodonta
africana, el elefante africano; ambos viven en ambientes tropicales,
como la sabana y la jungla. Cabría esperar, que las especies fósiles
próximas, lógicamente, hubiesen vivido en habitáis parecidos; sin
embargo, esto no es cierto, especialmente refiriéndonos al mamut,
el Elephas primigenius (ahora denominado Mammuthus primigenius),
que vivió en la tundra ártica. Es evidente, que los representantes
del género Elephas (en sentido amplio), han tenido y tienen una
gran variedad de habitáis.
En
algunas ocasiones, además, ciertas especies pueden variar sus necesidades
ecológicas, y de hecho, de otra forma, no se comprende cómo habría
tenido lugar su evolución. Tenemos un famoso ejemplo de este cambio,
en un pequeño caracol acuático, Potamopyrgus jenkinsi, que hasta
finales del siglo XIX vivía en los estuarios y actualmente puebla
los ríos: este cambio de hábitat, de agua salobre a dulce es muy
notable, por cuanto ha sucedido en menos de un siglo. Cambios como
éste, pueden haber afectado a muchos animales: la mayoría de los
tiburones son marinos, pero en ocasiones, pueden encontrarse en
las aguas continentales, por ejemplo, en el Lago Nicaragua. También
las ballenas que se encuentran en los lagos de China, probablemente
han remontado los grandes ríos que desembocan en el Pacífico. Entre
los Invertebrados, recordemos los casos del "cangrejo de los
cocoteros", que trepa por el tronco de los árboles, en la región
indo-pacífica, el cual muere por asfixia si se le priva del aire
atmosférico, y los Ditiscus (escarabajos acuáticos), que normalmente
viven en el agua. Sin embargo, a pesar de tales anomalías, suele
ser posible, con un conocimiento exacto de los hechos, llegar a
deducir el hábitat en que vivieron las especies fósiles.
Un
ejemplo clásico de la deducción de las condiciones del medio ambiente,
en función de los fósiles, lo constituye el estudio de los Mamíferos
fósiles del "Great Basin", situado en las tierras altas
de la Cordillera Americana, al NE de California. De esta región,
se han estudiado unos 20.000 fósiles de Mamíferos, número que tiene
gran importancia, porque en los estudios de este tipo, al disponer
de mayor número de fósiles, estadísticamente, los resultados obtenidos
son más seguros. Se observa una notable desaparición de los Perisodáctilos
(del tipo del caballo), y una reducida invasión de los Desdentados
(como el Perezoso, etc.), durante la Era Terciaria: este último
fenómeno es debido a la reapertura del istmo de Panamá, a finales
del Terciario, después de un largo período (desde el Eoceno al Plioceno
inferior), de aislamiento por el mar entre Norte y Sur América.
Por otra parte, los datos obtenidos del estudio de los fósiles,
muestran que, durante el Terciario, se desarrolló una tendencia,
parcialmente invertida durante el Cuaternario, hacia una mayor sequedad
ambiental en el Norte del "Great Basin", con el consecuente
aumento de las diferencias entre las temperaturas extremas. La tendencia
general, fue la transformación del bosque en sabana y de ésta en
pradera: sólo sobrevivieron, sin grandes alteraciones, durante este
período, las comunidades establecidas en las márgenes de los ríos.
Cuál haya sido la causa de esta progresiva sequía, es otra cuestión,
pero una posible explicación, puede residir en la elevación del
macizo montañoso hacia el Oeste, que fue causa de la progresiva
escasez de lluvia en el "Great Basin", mientras en el
Cuaternario, la inversión del proceso, se debió seguramente al enfriamiento
general y aumento de la humedad, consecuencia de las glaciaciones.
OTRAS
INFORMACIONES APORTADAS POR LOS FÓSILES
Pocas
veces se encuentran fósiles con indicaciones sobre las causas de
su muerte. Cerca de mi propia ciudad de Portsmouth (Inglaterra),
se encontraron no hace mucho algunos huesos humanos de Sajones,
que debieron ser asesinados, porque uno de ellos tenía un clavo
metido en el oído. Retrocediendo a tiempos más remotos, podemos
referirnos a los peces del Oligoceno de Rumania, que murieron con
las bocas abiertas, por lo que, al parecer, perecieron asfixiados
debido a las condiciones del agua contaminada, y es de notar, que
cerca de esta localidad, se encuentra el campo petrolífero de Ploesti.
Las
pruebas de carnivorismo en los fósiles, no son frecuentes, salvo
por la estructura de la dentición. Los dientes son muy buenos fósiles,
debido a que están formados por dentina recubierta de esmalte, y
pueden interpretarse en relación con la clase de alimentación que
corresponde a sus poseedores. De esta forma, podemos distinguir
los dientes agudos y largos de los animales carnívoros (león, tiburones);
los que tienen coronas planas, propios de los herbívoros (caballo);
los de superficie rugosa, que corresponden a comedores de moluscos
(rayas), y los dientes puntiagudos de los insectívoros (musarañas).
Muchos mamíferos, como el hombre, poseen diversas clases de dientes,
para abarcar una dieta variada, y sólo algunos, como los Roedores,
tienen dientes de crecimiento continuo.
En
el hombre, una vez que se forma la segunda dentición, cualquier
pieza que se pierda, se pierde para siempre, lo cual contrasta con
lo que ocurre en los elefantes: a parte de sus "colmillos",
que son dientes muy modificados, en su mandíbula se forman continuamente
nuevos molares, de modo que cuando uno se desgasta y cae, otro nuevo
viene a reemplazarle.
Finalmente, es fascinante, aunque sea muy raro, encontrar marcas
dejadas por los dientes de un carnívoro, en un hueso fósil, lo cual
es una clara indicación de muerte violenta.
En
algunas ocasiones, en los fósiles, se pueden encontrar indicios
de otras funciones fisiológicas, a parte de la alimentación. Así,
por ejemplo, la presencia de esqueletos de pequeños Ictiosauros,
en el interior del cuerpo de otro mucho mayor, nos indica que estos
reptiles marinos del Mesozoico eran vivíparos, es decir, que sus
crías nacían ya vivas, en vez de poner huevos, como es normal en
los Reptiles.
Algunos
Cefalópodos paleozoicos, cuyas conchas están excepcionalmente bien
conservadas, conservan bandas de coloración diversa, que deben corresponder
a la coloración del animal vivo, tal como ocurre actualmente con
la concha del Nautilus. En estos Cefalópodos, la parte superior
de la concha, bien iluminada por la luz solar, presenta una brillante
coloración, mientras que su parte inferior, que vista por otros
animales marinos se proyecta contra la superficie brillante del
mar, es de tonos pálidos; está claro que los Cefalópodos paleozoicos,
a los que nos hemos referido, nadaban con el ápex de la concha en
posición horizontal, y en otros casos, con la concha colocada hacia
arriba, lo que concuerda notablemente con su posición durante la
natación deducida por otras consideraciones.
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