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- La vida en el mar
"Aprende
a navegar del pequeño Nautilus, despliega el fino remo y aprovecha
el viento favorable" — pope.
LA
VIDA EN LOS ARRECIFES Y EN LA LAGUNA INTERNA
Los
que viven en las proximidades de los mares de coral —Mar Rojo, Océano
Indico, Mar Caribe y Pacífico austral y occidental— tienen el privilegio
de poder observar la vida marina en todo su esplendor. En muchos
aspectos, la vida en los continentes parece estar en decadencia;
sin embargo, por lo que se refiere a los océanos, la vida es todavía
muy floreciente. La gran barrera de arrecifes de Australia (de 1.600
Km. de longitud, por 25-28 Km. de anchura), edificada en su totalidad
por Corales y Algas calcáreas, es realmente enorme, con relación
a cualquier otra formación de arrecifes pasada o actual. Por otra
parte, los arrecifes presentan una gran variedad de vida: desde
los pequeños moluscos bivalvos que perforan conductos en la misma
roca formada por el coral, pasando por los organismos que forman
el arrecife o viven sobre él (corales, algas calcáreas, estrellas
y erizos de mar, gasterópodos, pelecípodos, etc.), hasta los peces
y el plancton flotante, que indirectamente están relacionados también
con el arrecife, por depender de él para su alimento y reproducción
y por otros lazos menos visibles.
Es
un hecho significativo, que muchos de los llamados "arrecifes
de coral" actuales, estén formados por un material que no procede
de los Corales. Aproximadamente la mitad del arrecife, con frecuencia,
es el producto de las Algas calcáreas; por otra parte, los arrecifes
de tiempos pasados, contienen una proporción de coral incluso menor,
pudiendo a veces ser los Corales, meros organismos accesorios, que
vivían en la superficie del arrecife, como los árboles en la sabana,
o incluso no existir verdaderos corales en el arrecife.
Podríamos entonces preguntarnos: ¿qué es, pues, un arrecife? Se
ha sugerido que el nombre deriva del antiguo vocablo escandinavo
"rif", cadena de rocas o escollos, que posteriormente
vino a significar una "barra" resistente situada a flor
de agua, con frecuencia formada por los corales. En el contexto
de este libro, el término "arrecife" significa cualquier
formación rocosa formada "in situ" bajo el agua, por organismos
vivos; el término in situ, implica la exclusión de los bancos formados
por conchas que han sido acumuladas por el oleaje o por las corrientes.
Con
el propósito de ilustrar diversos tipos de arrecifes, tomaremos
algunos ejemplos de épocas pretéritas —Silúrico del Canadá, Pérmico
de Inglaterra, Jurásico de Alemania— comparándolos con los arrecifes
modernos.
La
serie de rocas de la formación de Niágara (Canadá), que corresponden
al Silúrico, son un excelente ejemplo de formaciones recifales paleozoicas,
que también se encuentran en Gran Bretaña, en Suecia y en otros
lugares.
Los
arrecifes del Niágara, en la región de los grandes lagos, se han
desarrollado sobre un fondo marino de aguas someras, y probablemente
se iniciaron a partir de pequeñas precipitaciones de carbonato cálcico
sobre conchas y otros restos duros, desarrollándose posteriormente
para formar sus propias bases sólidas y creciendo así progresivamente.
Sin duda, las condiciones marinas fueron favorables para el desarrollo
de los Corales en el Silúrico medio, y dejaron de serlo más tarde,
cuando desaparecen las formaciones recifales. La primera fase de
la construcción de un arrecife, donde puede observarse, parece haber
tenido lugar en aguas relativamente profundas, y se inicia por un
tipo especial de corales ya extinguidos, los Tabulados. Posteriormente,
cuando el arrecife alcanzó el límite donde se deja sentir la acción
del oleaje, desempeñan un importante papel, en la construcción del
mismo, los Estromatopóridos, que también eran Celentéreos, actualmente
extinguidos, y los Corales pasaron a ser menos importantes.
Los
Estromatopóridos tienen forma variable; son estructuras calcáreas
compactas y duras, del tamaño de un puño, de un balón de fútbol
o mayores. Presentan una micro estructura complicada y, evidentemente,
albergaron en vida colonias de pólipos, más o menos, como las actuales
colonias de corales. Estos Estromatopóridos, junto con otros organismos,
forman la estructura inicial, resistente al oleaje, del arrecife,
sobre la cual se desarrolló ésta cuando el agua somera y turbulenta,
en esta fase intermedia, favoreció su formación. Posteriormente,
en la fase final, se completó la formación del arrecife, continuando
los Estromatopóridos gran parte del trabajo de construcción, pero
sobre el arrecife pululaban una gran cantidad de organismos: Trilobites,
Moluscos, Esponjas, y otros menos familiares, que se han conservado
fósiles en gran cantidad.
Las
calizas recifales del Silúrico medio de Wenlock, en Inglaterra,
formadas en condiciones muy parecidas a las de Niágara, contienen
los siguientes fósiles:
Phyllum
Brachiopoda: representado por multitud de formas; algunas conchas
se encuentran en posición de vida, pero la mayoría muestran señales
de haber sido arrastradas por las corrientes.
Phyllum
Bryozoa: colonias de Briozoos, muy abundantes.
Phyllum
Arthropoda: fragmentos de caparazones de Trilobites.
Phyllum
Mollusca: son todavía escasos, pero tanto los Pelecipodos como los
Gasterópodos se encuentran fósiles, y van siendo más frecuentes
a medida que transcurre la era Paleozoica.
Phyllum
Echinodermata: los Crinoides son muy abundantes, aunque la mayoría
de las veces, sólo se conservan fósiles sus tallos, que son muy
comunes en todo el Paleozoico.
Phyllum
Porifera: también se encuentran restos de Esponjas, asociados a
estos sedimentos.
Phyllum
Chordata: los restos de Peces son todavía raros en el Silúrico,
pero los Graptolitos son muy abundantes ([18]).
Una
vez que los arrecifes han alcanzado su completo desarrollo, constituyen
un elemento importante de las formaciones del Silúrico, en aguas
someras y turbulentas, como lo atestiguan los abundantes fragmentos
de fósiles asociados. Luego los arrecifes desaparecen por completo,
siendo sustituidos por "bosques de Crinoides", que se
desarrollan sobre los arrecifes sumergidos; ahora encontramos grandes
acumulaciones de los tallos de estos Crinoides, formando calizas
en las que a veces aparecen ejemplares completos, superpuestos al
arrecife. Posteriormente, todo quedó enterrado por sedimentos, y
sólo restan los arrecifes, como mudos testigos —a la manera de las
colinas formadas por los nidos de Termites sobre la llanura— de
la floreciente vida que albergaron.
En
Norteamérica, los arrecifes del Silúrico medio presentan una distribución
general en forma de gran "V", con el vértice en la parte
central de Estados Unidos y los brazos abiertos hacia el Norte,
llegando hasta las Islas del Canadá, del Ártico y El Labrador; parece
posible que estos arrecifes deban su distribución, a las corrientes
marinas de aquella época, que tal vez estaban condicionadas por
los vientos dominantes (los cuales, por supuesto, habrían sido completamente
diferentes de los vientos actuales).
En
Inglaterra, los arrecifes parecen estar relacionados con el Macizo
de Midland, que en aquella época era una zona de aguas someras,
y con el área de Gales, que correspondía a otra da aguas profundas
y, por tanto, poco adecuada para el depósito de calizas recifales.
El límite entre estas dos áreas aparece fuertemente fracturado,
y el juego de las fallas, con tendencia a formar áreas de fuerte
levantamiento y de subsidencia, puede haber afectado considerablemente
a la formación de los arrecifes.
En
la Isla de Oesel, en el Mar Báltico, los depósitos del Silúrico
superior contienen fósiles de Peces: relativamente buenos en las
formaciones continentales, y fragmentarios (probablemente transportados),
en los sedimentos marinos. Los primeros restos de Peces fósiles,
se han encontrado en el Ordovícico de Rusia y de Norteamérica; estos
últimos son fragmentarios y parecen haber sido transportados desde
regiones próximas del continente. Aparentemente, los Peces, al contrario
que el resto de los animales, empezaron poblando las aguas continentales,
y posteriormente se desarrollaron en el mar: decimos "aparentemente",
porque en realidad, sabemos muy poco de los antecesores de los Peces,
y hasta que no los conozcamos mejor, no sabremos si los fósiles
de Peces, encontrados hasta ahora, son realmente los más primitivos.
La
solución al problema, debe encontrarse en las rocas del Cámbrico,
Ordovícico, Silúrico y Devónico. Entre los fósiles de estos períodos,
se encuentran en ocasiones restos de unos organismos que, aunque
tienen placas de calcita como las de los Equinodermos, por otra
serie de caracteres resulta muy difícil encajarlos en ellos. jefferies,
en 1967, ha puesto de manifiesto que estas características especiales,
pueden compararse con ciertos rasgos anatómicos de los Peces primitivos,
y ha propuesto para este grupo, el nombre de Calcicordados (Figura
14), como nuevo sub-phyllum dentro del Phyttum Chordata. De esta
manera, los Vertebrados se relacionarían con los Equinodermos, por
medio de estos extraños fósiles del Paleozoico inferior; y quizás
pudiera ser cierto que los Calcicordados hayan sido los antecesores
de los Vertebrados. La Figura 14 nos muestra un ejemplar de Cothurnocystis,
como representante de los Calcicordados, con sus placas de calcita
y sus hendiduras en forma de "U", junto con una hipotética
reconstrucción del animal en vida: si realmente las hendiduras de
Cothurnocystis, son homologas de las hendiduras branquiales de los
Peces, en tal caso deben tener estos organismos, alguna relación
con los Vertebrados. El problema del origen de los Vertebrados está
lleno de dificultades, y no es fácil decidir cuál de las formas
"primitivas" actuales, como los Balanoglossus, los Anfioxus
o los Pterobranquios, está realmente relacionada con las verdaderas
formas originarias de los Vertebrados, sin introducir eslabones
extinguidos como los Calcicordados o los Graptolitos.
Considerando otro período del Paleozoico, el Pérmico, podemos también
estudiar sus formaciones recifales en diversas localidades. El arrecife
más extenso que se conoce en este período, es el que ocupa la región
de Texas y Nuevo México, donde la interpretación de la discutida
geología regional, no fue tarea fácil, debido a la dificultad en
la interpretación cronológica de los fósiles. En el otro extremo
del mundo, la Isla Timor en Indonesia, se ha hecho famosa por la
abundancia de fósiles de los períodos Pérmico y Triásico. La vida
en el mar, en esta región, era entonces tan abundante como lo pueda
ser ahora, y aún se acrecienta más esta semejanza, por la presencia
de materiales volcánicos entre los fósiles.
En
el Norte de Europa, durante el Pérmico, existió un brazo de mar
que unía Groenlandia con Inglaterra y Alemania, el llamado Mar de
Zechstein, que debía ser cálido, a juzgar por las formaciones recifales
que se encuentran en Inglaterra, las cuales se continúan, al compás
de la regresión marina entonces acaecida, por formaciones salinas
que de muestran una intensa evaporación: gran parte de Inglaterra
debió tener en esta época carácter desértico, y sus condiciones
climáticas debieron ser, en cierto modo, las que imperan actualmente
en la región del Golfo de Aden. Por otra parte, se puede observar,
por el contenido en fósiles de los arrecifes, que la fauna se fue
empobreciendo poco a poco, a medida que se iba secando el Mar de
Zechstein: la variedad de organismos disminuye hacia el final de
la serie de calizas, quedando sólo los organismos más resistentes,
como los Moluscos, con mayor capacidad de adaptación al medio que
los Braquiópodos. En la secuencia estratigráfica, se puede observar
el cambio sufrido, desde un mar cálido con arrecifes ricos en Braquiópodos,
Moluscos, Briozoos, Algas calcáreas, etc., pasando por etapas intermedias,
hasta la regresión completa del mar, con formación de lagunas costeras
eventuales habitadas sólo por los Invertebrados más resistentes
y, finalmente, depósitos salinos y desérticos, sin rastro de vida.
Este proceso se repitió varias veces antes de la desaparición completa
del Mar de Zechstein.
El
estudio de los fósiles contenidos en las canteras y en los farallones
de los arrecifes del Jurásico, revela un profundo cambio en las
faunas asociadas a los arrecifes. Los Corales son, en este período,
más importantes que en el Paleozoico, tanto los constructores del
arrecife como los que viven asociados; los Moluscos son más numerosos
y los Equínidos más frecuentes; sin embargo, los Crinoides son más
escasos. Por supuesto, los Trilobites ya se habían extinguido. Las
esponjas también contribuyen, a veces, a enriquecer la fauna de
los arrecifes.
En
Baviera (Alemania), algunas de estas formaciones del Jurásico superior
corresponden a depósitos en la laguna interior del arrecife, formados
por calizas "litográficas". Estas calizas deben su nombre
al uso que se les daba, para fabricar planchas de imprenta, por
la finura de su textura; aún se llama "litografía", en
algunas ocasiones, a la técnica de impresión.
La
caliza litográfica es famosa por los fósiles magníficamente conservados
que contiene en su interior. Pertenecen a organismos que cayeron
en las aguas tranquilas de la laguna, y quedaron enterrados en sedimentos
que, por esta razón, no han sufrido los efectos de las corrientes
o el oleaje ni de la bioturbación. Entre los Celentéreos, lo más
notable son las impresiones de medusas, que posiblemente penetraron
en la laguna arrastradas por la corriente de marea. Se encuentra
también un gusano muy bien conservado, Eunicites, del que no sólo
se ha preservado la impresión del cuerpo, sino sus partes blandas
y las pequeñas mandíbulas en el extremo correspondiente a la boca.
Asimismo, se encuentran filamentos apelotonados, que parecen indicar
los excrementos expulsados por gusanos cavícolas, como los que se
encuentran actualmente en las playas.
También
se encuentran muchos Invertebrados provistos de concha. Entre éstos,
tiene especial interés un Belemnoide (un animal extinguido, parecido
al calamar), que no sólo ha conservado fósil su concha interna,
en forma de proyectil (Figura 8), sino incluso la bolsa de tinta
y la impresión de las partes blandas, incluidos los tentáculos:
la bolsa de tinta es un órgano característico de estos Cefalópodos,
y está tan bien conservado, que su contenido puede ser, una vez
humedecido, utilizado de nuevo como auténtica tinta.
Otro
grupo notable de Cefalópodos, son los Ammonites; uno de ellos ha
dejado la marca de su contorno sobre la caliza, y en su proximidad
puede verse la impresión dejada por la base de la concha cuando
cayó al fondo de la laguna con el animal dentro, lo cual demuestra
que estos cefalópodos nadaban con la concha arrollada hacia arriba
y la abertura hacia abajo, tal como ya se suponía por el estudio
hidrostático de la concha, con la cámara de habitación hacia abajo
y las cámaras de gas hacia arriba para facilitar la flotación. El
Nautilus actual, nada en esta misma posición, y al parecer, las
conchas de los Ammonites, sólo quedaron descansando sobre uno de
sus flancos, después de caer al fondo del mar.
El
fósil más famoso de todos los encontrados en la caliza litográfica,
es Archaeopteryx, el Ave-Reptil conocido sólo por dos ejemplares
encontrados en el mismo yacimiento. Estos extraños animales, con
dientes como los Reptiles, pero con plumas como las Aves; sin duda,
murieron sobre la laguna o cerca de ella, y se conservaron completos
en el cieno del fondo, que ahora encontramos transformado en caliza
litográfica. Sobre el significado paleontológico de estos fósiles,
véase el Capítulo 2.
Además
de estos fósiles, en las calizas litográficas se han encontrado
gran número de Insectos (Hemípteros, Himenópteros, Odonatos, Coleópteros,
etc.), algunos de gran tamaño, representados por formas parecidas
a las actuales. Se han hallado también Crustáceos y Limulus, algunos
tan bien conservados, que parece que van a saltar fuera de la roca.
La abundancia de fauna es tan grande en este yacimiento, que nos
proporciona una visión muy real de la fauna de entonces, en una
laguna costera limitada por un arrecife: los Insectos volando sobre
la laguna (algunos quizás algo extraños y primitivos, pero perfectamente
reconocibles y pertenecientes a los grupos actuales); los Archaeopteryx
planeando y deslizándose entre los árboles, helechos arborescentes
y plantas del tipo de las Cicadáceas; Crustáceos en las charcas
junto a la laguna, Ammonites, Belemnites y Peces Ganoideos con escamas
relucientes, nadando en las aguas soleadas, mientras al otro lado
del arrecife se extendía el mar germánico. Sin embargo, virtualmente
faltaban los Mamíferos y las Aves —salvo los Archaeopteryx—, no
había hierba ni flores: un mundo silencioso y monótono alterado
sólo por los graznidos de los Reptiles y los colores apagados de
la vegetación. Quizás Archaeopterix podría "cantar", aunque
con las mandíbulas provistas de dientes, parece poco probable.
Consideremos ahora los arrecifes actuales: sus condiciones, en especial
las de los "arrecifes de coral" son muy restringidas:
la temperatura del agua varía, por lo general, entre 15 y 29° (aunque
toleran eventualmente temperaturas más bajas), y siempre es más
idóneo un fondo del mar firme, para su edificación. Otras condiciones
requeridas son, corrientes marinas que suministren plancton como
alimento para los pólipos constructores del arrecife, y luz intensa,
para que puedan vivir las algas unicelulares simbióticas de los
pólipos, con su función clorofílica. La necesidad de luz implica,
lógicamente, que las profundidades superiores a 50-70 m., son excesivas
(por falta de luz), para el desarrollo del arrecife, el cual tiene
condiciones óptimas hasta los 30 m. de profundidad. Por otra parte,
el agua debe ser clara y de salinidad normal.
Por
supuesto, que hay otros muchos Corales no recifales, que pueden
vivir a grandes profundidades y en mares cuya temperatura rebase
los límites fijados, pero en los arrecifes de coral, por lo general,
se cumplen las condiciones enunciadas. Por otra parte, los Corales
no son los únicos constructores de arrecifes; las Algas calcáreas
también depositan grandes cantidades de caliza, y los Corales pueden
quedar relegados a segundo lugar respecto a ellas, o incluso pueden
faltar, pero en términos generales, los Corales son los agentes
constructores de la mayoría de los arrecifes actuales.
Otros
Calentéreos, incluidos por los no especialistas como "corales",
son las Gorgonias, las Acroporas, las Tubiporas, etc. La caliza
porosa que forma el arrecife, suele ser perforada por innumerables
organismos que viven asociados al arrecife: Gusanos, Pelecípodos,
Crustáceos, Gasterópodos, Anémonas y erizos de mar, que anidan en
los huecos dejando salir sólo sus erizadas espinas que apuntan como
flechas hacia cualquiera que roce su sensible cuerpo. Los Crinoides
viven aún asociados a los arrecifes, aunque son menos abundantes
que en el pasado; los Braquiópodos se han retirado a una existencia
más humilde, en aguas menos pobladas, mientras que los Moluscos
se han desarrollado enormemente, quizás a expensas de los mismos
Braquiópodos. Por supuesto que los Ammonites y Belemnites han desaparecido,
pero los Peces aún continúan, y algunos Mamíferos merodean por los
alrededores del arrecife.
AMÉRICA
CENTRAL, COMO LAZO DE UNIÓN Y BARRERA, PARA LA VIDA MARINA
Podría
esperarse una profunda diferencia entre las faunas marinas del Mar
Caribe y del Pacífico tropical, pues no parece probable que animales
como los Gasterópodos o las Estrellas de mar, hayan emigrado de
un lado a otro de Centroamérica (el llamado istmo de Panamá), bien
fuese rodeando por el Cabo de Hornos o por el Océano Ártico; tal
sería el caso, como si los lagartos hubiesen pasado de la India
a China, atravesando la Cordillera del Himalaya.
Sin
embargo, los géneros de algunos grupos de animales, incluidos los
Crustáceos y los Equinodermos, presentan un alto grado de semejanza
a ambos lados, atlántico y pacífico, de Panamá; esta peculiaridad
se acentúa más cuando se estudian las especies, comprobándose que
el parecido es poco acentuado entre las especies más modernas, y
como quiera que no han podido emigrar alrededor de todo el continente
suramericano, parece más probable que, la semejanza que presentan
los géneros, al Este y al Oeste de Panamá, sea debido a que esta
región estuviese cubierta por el mar en el pasado. Los géneros se
extenderían a través del istmo inundado, y cuando éste emergió del
mar, los géneros quedaron los mismos a ambos lados, aunque se desarrollaron
nuevas especies distintas a cada lado del istmo (la formación de
nuevas especies, requiere menos tiempo en su evolución, que la formación
de géneros nuevos). Resulta significativo que las especies comunes
a ambos lados del istmo, sean las más antiguas, tanto como el istmo
mismo; y que muchas especies sean gemelas, es decir, que estén íntimamente
relacionadas entre sí, como si acabasen de diferenciarse. Estas
observaciones, pueden ampliarse también a otros grupos de animales,
como los Moluscos y los Peces.
En
consecuencia, podemos concluir que Panamá ha estado cubierto por
el mar con anterioridad a la época actual; los datos geológicos
apoyan esta misma idea, y en definitiva, sabemos que Norte y Suramérica
han estado separadas por un mar somero desde el Eoceno hasta el
Plioceno superior, y que sólo en época relativamente reciente, han
quedado unidas por el Istmo de Panamá. Esto explica la presencia
de una fauna aislada y extraña, en Suramérica, durante el Terciario,
que fue invadida repentinamente, desde el Norte, en el Plioceno
superior. Como suele ocurrir en los casos de invasiones faunísticas,
procedentes de áreas geográficas amplias, hacia otras más reducidas
(en este caso, Norteamérica pertenece al conjunto Eurasia-África,
conectada a través del estrecho de Behring, que con frecuencia formó
un istmo durante el Terciario), la mayoría de los supervivientes
de este intercambio faunístico, fueron los procedentes del área
mayor; en el caso de Panamá, los Tigres-sable, Mastodontes, Mapaches,
Caballos, Pécaris, Ratones y Ciervos, invadieron el área desde el
Norte, mientras que los Armadillos y Perezosos lo hicieron desde
el Sur.
Resulta
interesante especular lo que ocurriría si, como bien pudiera suceder,
desapareciese el Istmo de Suez, quedando invadido por el mar. La
rica y variada fauna marina del Océano Indico, podría entonces invadir
libremente el Mediterráneo a través del Mar Rojo, con lo que grandes
y brillantemente coloreados Moluscos y Corales, se extenderían hacia
el Norte. Por otra parte, el Mediterráneo es casi un lago confinado
entre continentes; su fauna es pobre y escasa, comparada con la
rica y exótica del extremo Oriente, de forma que, la desaparición
del Istmo de Suez, sería causa de la entrada de numerosa fauna nueva
en el Mediterráneo, mientras que el intercambio en sentido contrario
sería mucho menor.
LA
VIDA EN LOS MARES PROFUNDOS
El
mar puede dividirse, a grandes rasgos, en tres regiones (Figura
15): la plataforma continental, que se extiende hasta los 200 m.
de profundidad, aproximadamente; el talud continental, que llega
hasta los 3.000 ó 4.000 m.; y el fondo oceánico, que puede llegar
hasta los 10.000 ó 12.000 m. Esta distribución de regiones es debida,
a que los bordes de los continentes, tal como se nos aparecen, pocas
veces coinciden con sus verdaderos límites, y estos se encuentran
en realidad, lejos de la costa, a unos 200 m. de profundidad, descendiendo
a continuación el perfil del continente, con relativa rapidez, hasta
la zona abisal, una región en que las extensas llanuras, están excavadas
por profundas fosas o surcos, y surcadas por elevadas montañas submarinas.
La
mayor parte de la vida, está concentrada en la plataforma continental.
La luz solar no penetra más allá de los 100 m., en condiciones muy
favorables, pues hacia los polos, la turbidez del agua y el pequeño
ángulo de incidencia de la luz, disminuyen mucho su penetración;
ésta es la región en que se desarrollan las algas y los corales,
y también el plancton animal o vegetal puebla esta región, el último
por razón de la función clorofílica. La fauna bentónica, que vive
en el fondo del mar, está formada por Crustáceos, Moluscos, Equinodermos,
etc.; a 200 metros de profundidad, la vida empieza a escasear, y
la luz (si aún queda algo), es de un color azul-frío. Más allá de
esta profundidad, las corrientes marinas son raras, las temperaturas
son bajas, y reina la oscuridad; el fondo del mar es fangoso y blando,
muy pocos seres vivos se aventuran en estas profundidades. En las
grandes profundidades abisales, a más de 5.000 m., sólo hay fango
y limos, y el agua es muy fría; el agua de las regiones polares,
debido a su mayor densidad, penetra en estas regiones extendiéndose
sobre el fondo oceánico, donde las temperaturas son próximas a los
4°, incluso en las regiones ecuatoriales.
En
estas profundidades, la sedimentación suele ser muy lenta; los ríos
depositan la mayor parte de los materiales arrastrados, sobre la
plataforma continental o en sus proximidades, y aquí sólo se deposita
el polvo meteórico y las cenizas volcánicas transportadas por el
viento. Los dientes de los tiburones, que caen al fondo, quedan
allí sin enterrar durante siglos; también se encuentran nódulos
minerales acumulados sobre el fondo oceánico, y los restos de la
desintegración de millones de organismos planctónicos, acumulados
lentamente. En esta región donde domina la oscuridad, sólo viven
a tientas unos cuantos grupos de seres vivos; la mayoría son ciegos,
algunos son fosforescentes, su color suele ser blanco o negro, en
algunas ocasiones de tonos rojizos y brillantes. Sus tejidos blandos,
están mal adaptados para realizar una potente acción muscular; horribles
peces con enormes mandíbulas y dientes como agujas, esperan una
presa para clavarlos en ella. Se trata de una zona que, aunque va
siendo bastante conocida por las exploraciones oceanográficas, es
aún geológicamente mal conocida; pocos fósiles pueden realmente
atribuirse con seguridad a esta región, y las mismas rocas abisales,
son muy poco fosilíferas o no afloran en superficie con frecuencia.
LOS
MOLUSCOS
Los
Moluscos, como los Vertebrados, han invadido todos los ambientes
posibles para ellos; los hay marinos, lacustres, fluviales y terrestres;
algunos caracoles pueden sobrevivir en condiciones extremas de sequía,
algunas babosas pueden enterrarse en el suelo y ciertos Pelecípodos
perforan las rocas calizas. Sin embargo, no hay Moluscos adaptados
al vuelo, a menos que se consideren como tales, los "calamares
voladores", que se deslizan sobre las olas, en forma análoga
a la de los "peces voladores". Probablemente hay más especies
de Moluscos, que de cualquier otro grupo de animales, a parte de
los Artrópodos. Además, los Moluscos han sido siempre muy apreciados
por el hombre: 4.000 conchas de la especie Cypraea maneta se valoraron
a un chelín cada una, en al India de la época Victoriana; una sarta
de 25 a 40 conchas en forma de colmillo de elefante, de la especie
Dentalium indianorum, valían el equivalente al precio de un esclavo,
en el Noroeste de Canadá. Asimismo, las conchas se han utilizado
para fabricar cuentas, por los Indios, en Norteamérica, y para hacer
cuchillos y puntas de anzuelos para pescar, en las Islas del Pacífico.
Las ostras del género Pinctada, han proveído de perlas a la humanidad,
durante siglos, y también de nácar; Ostraea, la ostra comestible,
ha servido de alimento desde la Edad de Piedra.
La
Paleontología nos demuestra que, como la mayoría de otros grupos
animales, los Moluscos aparecieron en el Cámbrico; que ya estaban
diversificados en los principales grupos en el Ordovícico, y que,
a partir del Devónico, han estado adaptados a los diversos medios
marinos y no marinos.
Si
consideramos las tres clases principales de Moluscos (Figura 16),
no es fácil encontrar en ellos nada de común: los Gasterópodos tienen
una concha que por lo general, está arrollada en espiral helicoidal;
los Cefalópodos suelen tener concha interna, aunque en el pasado,
dominaron los que tenían concha arrollada en espiral plana, como
el Nautilus, en cuyo interior se alojaba el animal; y los Pelecípodos
o Bivalvos, tienen, naturalmente, dos conchas.
El
estudio de ciertos Moluscos "primitivos" actuales, junto
con el estudio embriológico de algunos de ellos, ha sugerido la
idea, desde hace mucho tiempo, de que los moluscos primitivos, deben
haberse asemejado al "arquetipo" teórico, es decir, a
una forma provista de todos los órganos básicos de un Molusco, con
una concha única, a manera de capuchón. Tiene por lo tanto, gran
interés para los zoólogos, conocer los datos que la Paleontología
nos pueda ofrecer sobre los fósiles de Moluscos más antiguos, por
su posible coincidencia con este "arquetipo".
Hasta
hace poco, no era fácil contestar concretamente a esta cuestión:
los Cefalópodos más antiguos conocidos (Cámbrico superior), presentaban
ya una concha curvada, con la estructura usual en los Cefalópodos:
con tabiques que dividen la concha en cámaras y un sifón que las
une entre sí. Los primeros Pelecípedos, de estructura normal, proceden
del Cámbrico medio; sin embargo, entre los primitivos Gasterópodos,
además de conchas normales, arrolladas en espiral, encontramos otras
cónicas rebajadas, del tipo de las "lapas" (Patella),
algunas de cuyas formas, llegan hasta la actualidad. Las Patellas
actuales, no son, lógicamente, formas primitivas, sino simplemente
conchas inicialmente arrolladas en espiral, que luego adoptan la
forma "pateliforme". Muchos Gasterópodos fósiles presentan
esta misma disposición, con la protoconcha arrollada en espiral,
pero ¿y las formas del Cámbrico? ¿eran realmente pre-helicoidales,
primitivas? Es curioso que, en el Cámbrico, junto a conchas helicoidales
se encuentran numerosas conchas cónicas, pateliformes, y aunque
no es fácil determinar la estructura de los órganos del animal que
no se han conservado fósiles, el estudio detallado de las impresiones
musculares en el interior de la concha, dio como resultado comprobar
que, al menos en algunas formas, el cuerpo del gasterópodo estaba
en un estado pre-helicoidal, es decir, que no había sufrido aún
la torsión característica de estos moluscos.
Estos
deben ser, por lo tanto, los Moluscos realmente primitivos, y en
vista de su estructura especial, han sido incluidos en una nueva
Clase, la de los Monoplacóforos. Como confirmación de esto, se han
encontrado ciertas conchas de las referidas, que muestran un adelgazamiento
en su línea media, y también se ha encontrado una secuencia de conchas,
en la que por progresiva acentuación de este carácter, se pasa de
la condición univalva a la de los bivalvos. Sólo falta encontrar
alguna forma intermedia que sirva de enlace entre los Monoplacóforos
y los Cefalópodos primitivos, y tendremos un cuadro muy completo
de los Moluscos, con los Monoplacóforos que vienen a ocupar el lugar
del "arquetipo" entre los fósiles.
Por
eso, fue una sorpresa cuando se encontró un Monoplacóforo vivo en
una fosa oceánica, cerca de las costas de México, en 1957. El hallazgo
de Neopilina corresponde sin duda a un "fósil viviente":
tiene concha pateliforme, y en toda su anatomía no se observa ningún
indicio de torsión. Aún hubo más sorpresas cuando se estudió con
detalle su anatomía: las investigaciones iniciales pusieron de manifiesto
la repetición de algunos órganos, por ejemplo, tenía 5 pares de
branquias. Esta repetición de órganos no es rara en los moluscos,
pero teniendo en cuenta la situación primitiva de Neopilina, esta
disposición segmentaria de ciertos órganos, dio base a pensar si
tal estructura no sería indicio de un estado evolutivo "anélido/artrópodo"
anterior. Los zoólogos siempre han discutido el origen de los Moluscos;
sería por tanto muy interesante, poder enlazar, mediante una serie
de fósiles, los Artrópodos con los Moluscos, pero incluso entre
los materiales más antiguos del Cámbrico, los restos fósiles de
ambos Phyllum muestran características que ya los diferencian claramente.
Sin embargo, suele ocurrir a menudo, que los fósiles más antiguos,
no son precisamente las formas más primitivas, aunque puede establecerse
una cierta relación entre ellas.
Una
vez que aparecieron los Moluscos, se les presentaron seis posibilidades
distintas de vida; podían vivir sobre el fondo del mar (o de un
lago), excavar en el fondo, arrastrarse por su superficie, nadar,
flotar dejándose arrastrar por las corrientes o salir del agua pasando
a tierra firme.
CEFALÓPODOS
Los
Cefalópodos se han desarrollado en el mar, y en su mayoría escogieron
la natación, de manera que, las demás formas de vida han quedado
reservadas a los Gasterópodos y Pelecípodos. Quizás no sea correcto
decir que son "nadadores", pero lo cierto es que su concha,
cónica y dividida en cámaras llenas de aire, ya sea recta o curvada
o arrollada, está asociada por lo general, a un hábito principalmente
nadador. En la mayoría de los grupos antiguos, la concha es externa
y el animal se aloja en la última cámara de la concha. Durante su
desarrollo, en sucesivas etapas, se van formando nuevos tabiques
que forman nuevas cámaras de gas, alojándose siempre el animal en
la última cámara.
Una
característica importante de los Cefalópolos, es la existencia de
un tubo endurecido o sifón, que va desde la última cámara al ápice
(o parte inicial) de la concha, atravesando todas las cámaras intermedias.
Este órgano, que se adapta como un cable al interior de la concha,
parece que sirve, entre otras cosas, para regular la presión interna
del gas dentro de las cámaras. Sólo un único género de estos antiguos
Cefalópodos, sobrevive en la actualidad; se trata del famoso Nautilus
(Figura 17), que habita en el Suroeste del Pacífico. Se ha observado
que el Nautilus, pasa gran parte del día sobre el fondo del mar,
pero que durante la noche asciende, nadando con el cuerpo hacia
abajo y la concha hacia arriba, en la forma tradicional de los Cefalópodos,
manteniendo su gran concha en posición estable por estar llena de
gas; en contra de lo que se creía, el Nautilus no nada ni navega
por la superficie del mar.
Aunque
la mayoría de los Cefalópodos antiguos, tenían concha del tipo de
la del Nautilus y su misma forma de vida, a finales del Paleozoico
empezaron a aparecen formas totalmente diferentes, los Dibranquiales,
que son los más abundantes en la actualidad. Los más característicos
fueron los Belemnites, muy abundantes en los mares mesozoicos, cuyos
esqueletos internos en forma de "proyectil" (Figura 8),
llegan a ser tan abundantes en los sedimentos, que la roca formada
no es más que una masa compacta de "belemnites" (este
término se emplea lo mismo para la parte conservada de su esqueleto,
que para el animal completo).
Del
estudio de la evolución de los Belemnoideos, se deduce que proceden
de los Nautiloideos (probablemente en el Carbonífero), por un proceso
mediante el cual, estos cefalópodos fueron recubriendo su propia
concha con los tejidos blandos de su cuerpo; un órgano residual
de esta evolución, lo podemos ver en las pequeñas cámaras vestigiales
del esqueleto de los Belemnites, que se suelen conservar en el interior
de la parte ensanchada de su concha, y que ésta era interna, se
puede reconocer por las impresiones que, sus partes blandas, han
dejado sobre el Belemnites. Del estudio de los Cefalópodos actuales,
se deduce que, el esqueleto interno, permite al animal una mayor
libertad de movimientos en el agua, sin la incómoda concha externa
del Nautilus.
Ciertos
calamares pueden salir del agua, saltando como los peces voladores
y pueden recorrer, a veces, varios metros antes de volver a caer
en el mar de nuevo: muchos calamares son predadores, persiguiendo
sus presas como los peces. El pulpo tiende a ser más sedentario
y prefiere esperar su presa acechando en su cueva en vez de nadar
y atraparlas, pero su velocidad de desplazamiento, una vez en movimiento,
es muy notable. En los pulpos, la concha ha sufrido un proceso de
reducción, hasta llegar a desaparecer por completo. Otra característica
especial, dentro del mismo grupo de los pulpos, la presenta el Argonauta,
que aunque no tiene verdadera concha, la hembra puede segregar una
frágil concha, a manera de "cáscara de huevo", para proteger
la puesta, que a primera vista le da el aspecto de un Ammonites,
si bien, esta concha se ha formado de manera completamente diferente
a la de los Ammonites.
Los
otros Cefalópodos son los Nautiloideos y los Ammonoideos, que incluyen
el ya mencionado Nautilus. Los Ammonoideos constituyen un grupo
extinguido de Cefalópodos que, durante la época de su desarrollo,
desde el Devónico hasta finales del Cretácico, llenaron materialmente
los sedimentos, de conchas de forma espiral, los llamados "Ammonites"
(Figura 18), que debido a su enorme proliferación, fácil reconocimiento
y escasa dispersión de las especies, constituyen excelentes "fósiles
de zona", es decir, que a partir del estudio de los Ammonites
que contenga una roca, es posible deducir con precisión su edad
geológica. Claro que muchas rocas, no contienen Ammonites: es posible
que no se formasen en el mar, o que sus conchas se hayan destruido
por las aguas de infiltración, o que no hubiese Ammonites en aquel
lugar, en el momento de su formación; pero en conjunto, los Ammonoideos,
siendo, como eran, animales buenos nadadores de vida libre, se suelen
encontrar fósiles con gran frecuencia, y están ampliamente distribuidos.
El descubrimiento de un Ammonites constituye una experiencia inolvidable;
a parte de la emoción producida por tratarse de un grupo de animales
extinguidos, estas conchas presentan una gran belleza estructural,
en la perfección matemática de su arrollamiento espiral.
Con
frecuencia, los Ammonites alcanzan gran tamaño, y algunas veces
se encuentran ejemplares del tamaño de una rueda de carro. El autor
de este libro, durante una estancia en la Isla de Wight (Inglaterra),
con unos compañeros, encontró un ejemplar conservado en arenisca
ferruginosa, que pesaba más de 100 Kg. y medía unos 45 cm. de diámetro.
El trabajo necesario para conseguir elevar el fósil hasta lo alto
del farallón del que se había desprendido, no fue menor que el que
costó convencer a la tripulación del Ferry, de que tal objeto podía
pasar como "equipaje de mano" (y por lo tanto, más barato),
en vez de facturarlo como "carga" (que habría necesitado
un elevado sobreprecio). Sin embargo, este ejemplar, resulta pequeño
en comparación con algunos del Cretácico superior, del género Pachydiscus,
que pueden alcanzar hasta 2,5 m. de diámetro.
Algunos
Ammonites triásicos y cretácicos, presentan curiosas formas de arrollamiento
en sus conchas: son los llamados "heteromorfos" (de forma
distinta), y parecen estar peor dotados a la natación. Los estudios
realizados en un recipiente de agua, con modelos de conchas, convenientemente
lastradas para simular las condiciones del animal vivo, parecen
indicar que estos Ammonites "heteromorfos" estaban mejor
adaptados a la vida epibentónica, como los Gasterópodos, o quizás
flotando, como las medusas, de acuerdo con la relación peso/capacidad
de movimiento.
PELECIPODOS (BIVALVOS)
Los
Pelecípodos o Bivalvos (del latín, "dos puertas"), son
animales subacuáticos, generalmente epibentónicos, que se arrastren
sobre el fondo, respirando el oxígeno disuelto en el agua y alimentándose
de las partículas microscópicas que ésta lleva en suspensión, que
son retenidas por las branquias, y expulsan luego el agua sobrante.
Aunque todos sean acuáticos, esto no quiere decir que hayan de ser
todos marinos; algunos son dulce-acuícolas. La forma de la concha
es muy variable, según las especies, y aunque a veces sufre una
cierta regresión, nunca se llega a perder por completo, como en
ciertos Cefalópodos (en el pulpo) o en algunos Gasterópodos (babosas).
Estos moluscos, están adaptados a tres formas principales de vida
(véase la Figura 9 y el texto que la acompaña). La adaptabilidad
de la concha de estos moluscos, se observa claramente en Tridacna,
la "almeja gigante", que ha abandonado la posición normal
de estos animales (con la charnela hacia arriba y abierta hacia
abajo), debido a que, a diferencia de la mayoría de los Pelecípodos,
además de alimentarse de partículas microscópicas retenidas por
las branquias, se alimenta de hidratos de carbono sintentizados
por algas simbiontes, que se alojan en la parte del manto situada
en la región dorsal del animal. De esta forma, Tridacna precisa
abrir sus valvas hacia arriba, para que penetre la luz solar imprescindible
para la fotosíntesis del alga simbionte, pero ha sido sólo la concha
la que ha efectuado el giro de 180°, quedando el cuerpo del molusco
en posición normal, de tal manera que la movilidad de la concha
con relación a las partes blandas del cuerpo del animal, es realmente
muy notable.
Se
cuentan muchas historias de personas, a las que estas enormes "almejas"
atraparon un pie, quedando allí cogidas hasta que se ahogaron o
hasta que el molusco, a fuerza de mover la concha, excitado por
la presencia de un cuerpo extraño, termina por seccionar el pie
entre los bordes de las dos valvas. Según nos cuenta darwin: "Permanecimos
mucho tiempo en la laguna (en el Laggon de Keeling), examinando
los campos de coral y las almejas gigantes, en las que, si alguien
metiese la mano, no sería capaz de sacarla mientras el animal estuviese
vivo."
Pectén,
es una forma muy familiar, con aspecto de cenicero, y ha sido tomada
como símbolo por la Shell Oil Company (uno de sus fundadores era
coleccionista de conchas, de las que ha tomado el nombre y el emblema);
constituye un raro ejemplo de un Bivalvo que puede "nadar":
al encontrarse amenazado por una estrella de mar u otro animal marino,
puede cerrar bruscamente las dos valvas y desplazarse "nadando
a reacción" un cierto trecho, para escapar del peligro, aunque
el animal prefiere permanecer tranquilo, sobre el fondo del mar,
tumbado sobre la valva más convexa. Tanto Pectén como Lima, son
muy notables por sus órganos sensibles a la luz.
Brechites es un extraño tipo de Pelecípodo, que vive constantemente
metido dentro del conducto perforado por él mismo en las rocas calcáreas.
Ciertas especies de Ephippodonta tienen sus valvas constantemente
abiertas 180°, envueltas por los tejidos blandos de su cuerpo, viviendo
adosadas a la pared de la cueva habitada por cierto Crustáceo australiano,
donde están perfectamente protegidas.
Los
Pelecípodos fósiles han sido ampliamente estudiados, debido a su
aspecto atractivo, pero sólo recientemente han adquirido mayor importancia
como indicadores paleoecológicos y para determinar las condiciones
de sedimentación. Con ciertas excepciones, no son buenos fósiles
de zona. A veces pueden formar verdaderos "bancos" o capas
de conchas fosilizadas, como ocurre en Dorset (Inglaterra), donde
hay un "banco de Ostreidos" de más de 3 m. de espesor,
que puede ser detectado durante más de 10 km.; en realidad se trata
de una masa compacta de ostras fósiles, y estratos de este tipo,
son corrientes en todo el mundo.
GASTERÓPODOS
Los
Gasterópodos, bien conocidos en todas partes por los "caracoles
de jardín", comprenden un número de especies mucho mayor que
los Pelecípodos o los Cefalópodos, y tal vez sorprenda saber, que
hay muchos más caracoles en el mar que sobre la tierra. No han llegado
a ser realmente numerosos, hasta la Era Terciaria, y es raro que
formen lumaquelas (capas masivas de conchas), pero en muchas formaciones
del Terciario, presentan una asombrosa variedad de especies. Análogamente
a los Pelecípodos, también los Gasterópodos se encuentran a veces
en sedimentos de agua dulce, y también —cosa que no ocurre con los
Pelecípodos— pueden encontrarse en formaciones estrictamente continentales,
junto con Reptiles, Mamíferos y otros animales que pueblen la superficie
terrestre.
La
transición del medio acuático al terrestre, es un proceso interesante
por sí mismo y merece especial mención. Los Gasterópodos, como la
mayoría de los animales, se han originado en el mar. La temperatura
constante, la abundancia de alimento y el ambiente acuático, son
tres factores vitales para que se desarrolle la vida primitiva;
sin embargo, las branquias de los Gasterópodos, pueden adaptarse
a funcionar en agua dulce o incluso en el aire, llegando a formar,
en este último caso, una especie de pulmón rudimentario. Es curioso
que, mientras muchos Gasterópodos marinos se han adaptado a vivir
en las aguas dulces, la transición al medio aéreo no ha tenido que
realizarse necesariamente a partir del medio dulceacuícola, y en
ocasiones, se ha producido por una migración directamente desde
el mar. Ciertos Gasterópodos, incluidos los que normalmente viven
en el mar, pueden resistir durante varias horas expuestos al aire
libre y al sol, durante la bajamar, lo cual supone, en realidad,
un paso en la evolución de estos animales hacia la vida en un ambiente
puramente terrestre. Ampullarius es un Gasterópodo realmente "anfibio",
pues, puede respirar indistintamente en el aire o en el agua. Algunos
Gasterópodos continentales han llegado a tener adaptaciones extremas,
y viven en ambientes desérticos, donde sólo pueden sobrevivir los
camellos y el hombre; así, ciertas especies de Helix, viven en el
desierto de Argelia, donde las temperaturas pueden alcanzar los
43°. Por otra parte, Bithynia durante la primavera, se encuentra
en los lagos de los Pirineos, mientras que Limnaea peregra geisericola,
prefiere el agua de los géiseres de Islandia.
Al
contrario de lo que podría pensarse, los ríos y los lagos no constituyen
barreras para los Gasterópodos dulceacuícolas o terrestres: las
corrientes permiten la dispersión de los primeros, mientras las
plantas flotantes o las épocas de sequía, permiten a los segundos
hacer lo mismo. Helix aspersa, el caracol de huerta común, tiene
una distribución geográfica mundial, aunque fue llevado por el hombre
fuera de Europa.
Otra
curiosa pieza de la anatomía de los Gasterópodos, es el opérenlo,
una pieza calcárea que, a modo de tapadera, situada en la parte
posterior del gasterópodo, encaja perfectamente y permite cerrar
la abertura de la concha, como una pequeña puerta, cuando el animal
se retrae en el interior de la concha. Cabría esperar que el opérenlo
fuese característico de los Gasterópodos terrestres, que tienen
que invernar o estivar, durante ciertas épocas del año, para aislarse
así de las condiciones ambientales adversas; sin embargo, es muy
raro encontrarlo entre los Gasterópodos Pulmonados, siendo en cambio
característico de otros grupos de Gasterópodos marinos; incluso
cuando existe el opérenlo, no suele encajar exactamente en la abertura
de la concha. Algunos Pulmonados, en cambio, segregan una fuerte
membrana o "epifragma", que les sirve para cerrar la concha,
como el opérculo. La Isla de Jamaica, se caracteriza por ser uno
de los pocos lugares, en que el número de Gasterópodos terrestres
operculados, excede al número de Pulmonados.
El
estudio de los Gasterópodos se ha fomentado mucho por la natural
belleza de sus conchas helicoidales, y en las últimas décadas también
se ha desarrollado la investigación sobre estos moluscos, con objeto
de obtener algún resultado práctico, aunque en general, cunda el
desaliento, al comprobar su relativamente escaso valor estratigráfico,
es decir, que pocas veces son útiles para determinar la edad geológica
de una roca, y por otra parte, la extraordinaria proliferación de
especies, dificulta enormemente los resultados.
OTROS
FÓSILES MARINOS DE INTERÉS
El
encabezamiento de este apartado, es más bien optimista, en el sentido
de que ya llevamos muchas páginas dedicadas al estudio de "diversos
fósiles marinos", sin llegar siquiera a describirlos, pero
ciertamente, en este complejo material paleontológico, es posible
escoger algunos ejemplos significativos.
Los
Insectos fósiles son raros en los sedimentos, porque su sistema
de respiración traqueal, tan efectivo en el medio aéreo, les impide,
en general, vivir en el agua; los escarabajos acuáticos, por ejemplo,
tienen que llevar consigo una reserva de aire, pues en otro caso
se ahogarían, y tienen que salir periódicamente a renovarla, del
mismo modo que las ballenas. Sin embargo, hay otros muchos Artrópodos,
que viven en el mar y que se encuentran fosilizados en los sedimentos.
Los Trilobites constituyen un famoso grupo, ya extinguido, limitado
exclusivamente al Paleozoico; los cangrejos y las langostas, se
encuentran fósiles desde el Mesozoico, mientras los pequeños Ostrácodos,
abarcan desde el Paleozoico hasta la actualidad.
Los
Ostrácodos constituyen un grupo muy interesante, debido a que, no
sólo son eminentemente útiles al paleontólogo, sino que también
son un buen ejemplo de las dificultades de entendimiento entre palaeontólogos
y zoólogos. Son de pequeño tamaño, normalmente no pasan de 1 mm.,
con aspecto de quisquilla o de camarón, poseen una concha bivalva
de aspecto parecido a la de un Pelecípodo en vías de desarrollo.
En condiciones favorables, aparecen en normes cantidades y todos
son exclusivamente acuáticos, viviendo por lo general próximos al
fondo del mar o del lago, donde encuentran su alimento. Cuando mueren,
sus conchas quedan enterradas por millones en los sedimentos, y
de esta manera, pasan a ser "microfósiles", en el sentido
de que se necesita un microscopio para estudiarlos correctamente,
si bien se pueden ver a simple vista, los de mayor tamaño. Poseen
tres ventajas fundamentales, que les confieren especial interés
para el paleontólogo:
1,
suelen ser muy numerosos, fáciles de encontrar, y pueden estudiarse
estadísticamente;
2,
por lo general, son buenos indicadores de las condiciones del medio
ambiente donde vivieron;
3,
también pueden ser útiles para determinar la edad geológica de los
sedimentos donde se encuentran.
De
hecho, ya existe el término "ostracodólogo", para designar
al especialista en estos crustáceos, pero se presenta una gran dificultad,
por el hecho de que sólo fosilice la concha, ya que los zoólogos
prefieren clasificarlos atendiendo a los caracteres de sus partes
blandas, mientras que los paleontólogos tienen que utilizar las
características de las conchas. Para todo trabajo paleontológico,
es necesario utilizar una clasificación de fósiles, fácil de comprender
y de aplicar. Así, cuando se trata de interpretar un ambiente, a
partir de ciertos Ostrácodos que están íntimamente relacionados
con un tipo actual, es preferible que el especialista en Ostrácodos
actuales, tenga el mismo criterio de clasificación que el paleontólogo;
de no ser así, será difícil que lleguen a un acuerdo sobre formas
que de hecho son algo diferentes. Sin embargo, ya se viene prestando
la debida atención a este problema, y las dificultades van siendo
superadas.
Los
Foraminíferos son otro grupo de microfósiles que presentan las mismas
ventajas de los Ostrácodos, y que ha sido estudiado aún con mayor
intensidad que éstos, debido a su gran utilidad para resolver problemas
en la geología del petróleo. Durante muchos años, estos pequeños
organismos unicelulares, de esqueletos asombrosamente complicados,
y que ocasionalmente son lo suficientemente grandes para poderse
ver a simple vista, han sido el objeto de una intensiva investigación,
llevada a cabo mediante los importantes recursos de las Sociedades
petrolíferas. Los Foraminíferos son, en su mayoría, marinos o de
aguas salobres; muchos de ellos viven en el fondo del mar, pero
algunos, especialmente desde el Cretácico, han pasado a la vida
planctónica, formando los "cienos de foraminíferos", un
tipo especial de sedimentos compuesto en gran parte por los esqueletos
de millones de estos organismos, y que después de compactados, forman
las calizas y las margas. La "creta" del Noroeste de Europa,
famosa por formar los blancos acantilados de Dover, y la tierra
de cultivo de los viñedos de la Campaña, es una roca de edad cretácica
formada por la acumulación de estos microfósiles, en su mayor parte.
Los
Foraminíferos son sensibles a los cambios de temperatura, por lo
cual pueden utilizarse como indicadores de temperatura y profundidad
del mar (las aguas más profundas, en general, son más frías). Además,
tienen gran importancia como indicadores ambientales en mares antiguos:
arrecifes, líneas de costa, etc., donde se formaron sedimentos que
pueden contener o ser fuente del petróleo.
Los
Equinodermos constituyen un amplio e importante grupo de fósiles:
Asteroideos (estrellas de mar), Equínidos (erizos de mar) y Crinoides
(lirios de mar), están ampliamente representados, sobre todo los
dos últimos, como fósiles. Las "estrellas de mar", tienen
especial interés por sus características predadoras; son el principal
enemigo de la mayoría de los Pelecípodos de pequeño tamaño, por
su habilidad para abrir las conchas, por el método de mantener en
tensión sus músculos aductores durante mucho tiempo.
Los
Equínidos son pequeños organismos con el cuerpo erizado de espinas,
cuya agudeza es bien conocida por los pies de los bañistas en los
mares cálidos, mientras que los Crinoides son pacíficos organismos,
con aspecto de plantas, que con frecuencia pasan su vida arraigados
al fondo del mar.
Las
características de los Equinodermos, que los individualizan como
Phyllum independiente de los demás, en el mundo animal, son, su
simetría penta-radiada (a diferencia de los animales activos, que
tienen simetría bilateral), su esqueleto formado por placas calcáreas,
cada una formada por un cristal único de calcita, su hábitat exclusivamente
marino, etc. Es curioso, sin embargo, que algunos Equinodermos exclusivamente
paleozoicos, sean menos característicos, y que, de hecho, la proliferación
de nuevos grupos (algunos abortivos), en aquella época, nos haya
dado algunas sorpresas. Por ejemplo, los Calcicordados (véase la
Figura 14 y el texto correspondiente), incluyen formas análogas
a los Equinodermos, exclusivamente paleozoicos, cuyas partes blandas,
reconstruidas por las impresiones dejadas en el esqueleto, han dado
lugar recientemente a una interpretación más acorde con la anatomía
de los Cordados, a pesar de su apariencia general que los aproxima
mejor a los Equinodermos. ¿Fueron realmente, los Calcicordados,
el anillo de unión entre nuestro propio Phyllum y los Equinodermos?
Bien podría haber sido así. La Figura 14 nos presenta algunas características
de estos Calcicordados, de acuerdo con los modernos puntos de vista;
pueden parecemos muy distintos de los peces, pero no hay que olvidar,
que ciertos organismos actuales, enteramente parecidos a gusanos,
presentan suficientes analogías anatómicas con los Vertebrados,
como para poder incluirlos en el Phyllum Chordata, a pesar de que
para cualquier pescador, no pasarían de ser simples "gusanos".
En
el otro extremo de la escala animal, tan lejos de los Cordados como
es posible, sin descender a los organismos unicelulares, encontramos
los Poríferos o esponjas. La mayoría de las esponjas son marinas;
la "esponja de baño" común (que ahora se va sustituyendo
por otras artificiales), corresponde a un tipo que no fosiliza,
pero muchas esponjas contienen una trama de finas espículas de calcita
o de sílice, en sus tejidos, y ciertos tipos, incluso presentan
estas espículas unidas en una red esquelética rígida, aunque ésta
no tenga siempre la misma forma definida que el esqueleto de otros
animales. Las esponjas, tienden a ser de modesto tamaño en nuestras
latitudes, pero en otras regiones, suelen ser más grandes, adoptan
formas variadas de vasija y están vivamente coloreadas; se encuentran
a diversas profundidades, pero son más abundantes sobre la plataforma
continental de los mares cálidos. Su valor paleontológico es más
bien escaso, pero es frecuente que su presencia tenga efectos secundarios:
la formación de nódulos de sílex o pedernal, puede estar relacionada
con la abundancia de esponjas silíceas en el mar, cuando se formaron
los sedimentos, pues las espículas, por ser tan finas, se disuelven
fácilmente (de la misma forma que los granos de azúcar se disuelven
en el agua con más facilidad que un bloque de mayor tamaño), y seguidamente
se precipita la sílice formando nódulos.
Los
Braquiópodos, son considerados por los Biólogos como un "grupo
menor" de animales, pero desde el punto de vista paleontológico,
casi ocurre lo contrario, pues en las rocas paleozoicas y, hasta
cierto punto, también en las del Mesozoico, estas conchas bivalvas
son muy abundantes. Sin embargo, sólo son "bivalvos" en
apariencia, porque desde el punto de vista zoológico y paleontológico,
su verdadera naturaleza es completamente distinta a los verdaderos
Moluscos Bivalvos, y aunque las distinciones zoológicas, impresionen
poco al recolector de fósiles, sí debe apreciar el característico
"foramen peduncular" (Figura 21), que es un orificio situado
en el vértice de una de las valvas, por donde sale al exterior el
pedúnculo musculoso que sirve para fijar al Braquiópodo al fondo
del mar, en forma análoga al "biso" de ciertos Pelecípodos.
No todos los Braquiópodos poseen este "foramen"; el mundo
animal elude constantemente las definiciones precisas.
LOS
CORALES, Y SU INFORMACIÓN SOBRE LA EVOLUCIÓN DE LA TIERRA
Ya
hemos hablado de la naturaleza y de la historia de los grandes arrecifes
marinos, y de la parte que en ellos juegan los Corales; pero para
completar su conocimiento, hay que mencionar los corales solitarios,
y a la información obtenida por el estudio de las bandas de crecimiento
de los corales.
Los
corales solitarios, están mucho más extendidos que los arrecifes
de coral: mientras estos últimos sólo prosperan en los mares cálidos,
tropicales y a escasa profundidad (véase la página 70), los primeros
pueden encontrarse a otras latitudes y profundidades, y a distintas
temperaturas. Se han encontrado corales que viven más allá de las
costas de Noruega, por encima de los 69° de latitud Norte, y también
se han extraído corales de los fondos abisales, donde reina la oscuridad
más absoluta.
La
mayoría de los corales modernos, requieren una base firme para sustentar
sus pesados esqueletos, y tienden a evitar los fondos marinos cenagosos.
Sin embargo, algunos corales han adoptado ingeniosas formas de supervivencia
en tales fondos: la Calcedla del Devónico medio, que tiene forma
de "zapatilla" (del latín calceolus, zapatilla), vivía
tumbada horizontalmente, sobre el mullido fondo del mar.
La
observación de la concha de cualquier Molusco, Gasterópodo o Pelecípodo,
nos revela la existencia de líneas de crecimiento, concéntricas,
dispuestas alrededor del punto donde se inicia el desarrollo de
la concha. Si el animal ha pasado por un período de crisis, o de
escasez de alimento o de condiciones adversas, las líneas de crecimiento
aparecen muy apretadas; por el contrario, cuando están normalmente
espaciadas, denotan condiciones óptimas para su desarrollo, aunque
existen otros factores que condicionan la formación de la concha.
Estas observaciones, sirven para reconstruir, en cierta forma, las
condiciones ambientales en las que se ha desarrollado el molusco,
a partir de las líneas de crecimiento de su concha.
Esta
circunstancia, también ha sido observada en los corales, puesto
que, en su exterior, también presentan líneas de crecimiento, y
la historia del coral, puede interpretarse mediante el estudio de
su epiteca, que es la capa calcárea que recubre exteriormente el
polipero. Los corales se alimentan normalmente de plancton, y se
comprende que, al menos en parte, sus fluctuaciones en el océano,
estén relacionadas con las fases de la luna, ya que probablemente,
la luz de la luna, es un factor importante en este proceso. En las
líneas de crecimiento de la epiteca, se observan ciclos de crecimiento
diario, mensual y anual, y un estudio detallado de estos ciclos,
pueden darnos la clave para determinar la edad del coral. Lo más
notable de todo esto, es que estos principios, se han aplicado a
los corales fósiles, y, por ejemplo, encontramos en los corales
del Devónico ciclos anuales que tienden a tener 400 días en vez
de 365, lo cual significaría que, en aquella época, el día tenía
sólo 22 horas. En otros términos, parece que la Tierra se ha ido
retrasando en su movimiento de rotación; como la cumbre que se desgasta
lentamente por acción del viento, la Tierra ha debido retrasarse
por la fricción de las mareas, que constantemente fluyen sobre las
costas en todo el mundo.
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