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- La primera vida no marina
"Y
el desierto se alegrará, y florecerá como la rosa.” isaías, 35:1.
LAS
PLANTAS DEL DEVÓNICO
Se
ha podido lograr un cuadro, notablemente preciso, de lo que era
la vida terrestre en el Devónico medio, gracias a la feliz circunstancia
de haberse conservado una turbera silicificada, en Rhynie (Escocia).
Esta turbera, no sólo contiene plantas que están aún muy próximas
a sus ancestrales marinas, sino que también nos ha proporcionado
algunos Artrópodos, entre ellos, los Insectos más antiguos que se
conocen. Las plantas son, en su mayoría, tallos delgados y erectos
que se yerguen sobre los rizomas, y la presencia de estomas (poros
reguladores de la humedad), permite asegurar que eran aéreas; aunque
de pequeña talla, parecen haber sido muy numerosas. Su buen estado
de conservación, se debe a un tipo especial de impregnación en sílice,
probablemente debido a que las aguas de la turbera estaban sobresaturadas
de sílice, procedente de la actividad volcánica en regiones próximas.
Su estado de conservación es tan perfecto, que las secciones delgadas
de los tallos revelan la estructura celular y la presencia de hongos.
Como dato curioso, se puede añadir que en la actualidad existe una
planta muy simple, Psilotum, que presenta un cierto parecido con
las plantas devónicas de Rhynie, aunque quizás no esté directamente
relacionado con ellas. El Devónico fue una época en la que las plantas
fósiles experimentaron un gran avance en su evolución; por alguna
razón desconocida, aparecieron nuevos tipos de plantas. No es nuestra
intención describirlas todas aquí, pero si es interesante hacer
notar que aún no habían empezado a desarrollarse claramente las
plantas con semillas, y que los vegetales con tallos leñosos y porte
arbóreo, empezaban entonces a desarrollarse. Los bosques estaban
formados, principalmente, por helechos, y la presencia de lechos
de carbón, en Rusia y otros lugares, indica que la vegetación estaba
ya muy desarrollada hacia finales del Devónico.
Los
grupos de Invertebrados, no revelan ningún cambio significativo
en su distribución, en el Devónico; en cambio, los Vertebrados,
experimentan un notable avance evolutivo al final de este período.
Los peces de agua dulce, en los ríos y lagos del Devónico inferior,
comenzaron, no sólo a invadir la tierra firme, dando lugar a los
Anfibios, sino que también se desarrollaron ampliamente en el mar.
CLASIFICACIÓN DE LOS PECES
Clase
Agnatos — Peces sin mandíbulas.
Clase
Placodermos — Peces acorazados, con mandíbulas.
Orden
Arthrodiros.
Orden
Antiarquidos.
(otros
órdenes de menor importancia).
Clase
Condrictios (Tiburones y rayas).
Clase
Osteictios (Peces óseos: los más frecuentes en la actualidad).
Sub-clase Acantódidos (exclusivamente fósiles).
Sub-clase Actinopterigios (con aletas radiadas).
Sub-clase Sarcopterigios.
Orden
Dipnoos (Peces pulmonados).
Orden
Crosopterigios (con aletas lobuladas).
Sub-orden Coelacántidos (incluido Latimeria).
Sub-orden Rhipidistios (antecesores de los Vertebrados terrestres).
LOS
PECES DEVÓNICOS: SU ORIGEN
Los
primeros restos conocidos de Peces, son fragmentos de su armadura
o escudo cefálico, encontrados en sedimentos del Ordovícico, que
presentan indicios de haberse formado en las proximidades de la
línea de costa. Sin embargo, no es absolutamente seguro si estos
primeros peces, eran realmente marinos o más bien continentales,
cuyos restos, en este último caso, habrían sido arrastrados por
corrientes fluviales hasta el mar. La existencia en el mar en la
actualidad, de ciertos organismos primitivos, relacionados con los
Vertebrados, como los Batanoglossus y los Anfioxus, parecen indicar
vagamente que su origen fue marino.
LOS
AGNATOS
El
más primitivo, aunque no el primer "pez" del que se tiene
buena documentación es Jamoytius kerwoodi, del Silúrico superior
de Escocia. Carece de armadura externa y parece haber tenido esqueleto
cartilaginoso, por lo cual, su conservación es realmente afortunada;
presenta algunos caracteres muy primitivos, que parecen indicar
claramente, cierta relación con los Cordados primitivos del tipo
del Anfioxus, que vive actualmente en nuestros mares.
Podemos
fijarnos en dos características notables de estos "peces"
primitivos: en primer lugar, carecen de mandíbulas y sólo tienen
una simple boca en forma de orificio por la que ingieren su alimento;
en segundo lugar, están protegidos por escamas y placas óseas. El
primer carácter es el que da nombre a la clase Agnatos (sin mandíbulas),
e implica que estos animales eran, probablemente, comedores de fango;
la segunda es la principal razón por la que se encuentran fósiles,
puesto que su esquelto interno debía ser cartilaginoso y no ha fosilizado:
este material, aunque es lo suficientemente resistente para formar
un esqueleto, no lo es en cambio, para poder fosilizar (los tiburones
y las rayas tienen también esqueleto principalmente cartilaginoso).
Por otra parte, estos peces estaban cubiertos por una armadura de
placas y un escudo óseo, este último recubriendo su cabeza.
Los
Agnatos se desarrollaron desde el Ordovícico hasta el Devónico,
y comprenden represéntales actuales que, por no tener armadura ósea,
no se conocen fósiles. Los primitivos Agnatos no parecen haber sido
marinos, y al parecer, todos los peces devónicos (como veremos más
adelante), y los Vertebrados terrestres posteriores, deben descender
de ellos. Los Agnatos modernos (Lampreas y Mixines), son famosos
por una circunstancia especial, por haber causado la muerte del
Rey Enrique I de Inglaterra (fallecido en 1135), que tiene fama
de haber muerto de una indigestión de lampreas.
La
pregunta que surge inmediatamente es: ¿cómo se formó la armadura
ósea de estos peces? Ya hemos hecho mención de los Calcicordados
con su esquelto formado por placas calcáreas y sus posibles relaciones
con los Cordados; más adelante nos referiremos al posible origen
del hueso, como una reserva de calcio-fósforo en el organismo. Sin
duda, existieron animales predadores, tanto en el mar como en agua
dulce, entre los Invertebrados, que pudieron haber hecho necesaria
la presencia de una armadura protectora para estos primitivos Vertebrados:
los Euryptéridos, Artrópodos gigantes de agua dulce y marinos, que
llegaron a tener 2 m. de largo, con aspecto de escorpiones y provistos
de mandíbulas, debieron ser competidores formidables, de los que
había que defenderse.
Por
lo que al mar se refiere, cualquier pez del Devónico debía sufrir
la competencia directa de los Cefalópodos, que si eran como los
actuales, serían también carnívoros y estarían armados de tentáculos
prensiles. A pesar de todo, los Peces han sobrevivido a los rigores
de todos los tiempos, si bien de diferentes formas.
LOS
PLACODERMOS
En
el Devónico inferior, los Agnatos debieron originar un grupo nuevo
de peces, los Placodermos, también cubiertos de placas óseas como
la mayoría de los Agnatos (del griego plakós, placa y derma, piel),
pero con la diferencia de que estaban provistos de mandíbulas. Estas
mandíbulas parece que se originaron como un recurso para poder alimentarse
de presas de mayor tamaño, ya que están formadas por los huesos
correspondientes a los primeros arcos branquiales de los Agnatos,
al tiempo que se desarrolla cierta granulosidad en la superficie
de la armadura, para formar los dientes en la región de las mandíbulas.
De hecho, la distinción entre "exoesqueleto" (o armadura)
y "endoesqueleto" (o huesos de las mandíbulas), de estos
peces y de sus descendientes, se refleja también en nuestra estructura,
ya que los dientes constituyen el "exoesqueleto" (o lo
que aún queda de él), y el "endoesqueleto" está formado
por las mandíbulas. En realidad, la dentina de nuestros dientes,
se puede encontrar ya en el otro extremo de la serie evolutiva,
formando la armadura de los Agnatos paleozoicos.
De
esta forma, armados de mandíbulas, los Placodermos se diversificaron
en las aguas dulces continentales del Devónico, apareciendo dos
grupos principales: Artrodiros y Antiárquidos. Los Artrodiros tenían
una armadura masiva que les cubría la cabeza seguida de otra, articulada,
que protegía la región escapular, y estructuras muy peculiares en
las mandíbulas. En nuestras mandíbulas, como en las de la mayoría
de los Vertebrados, los dientes se insertan sobre los huesos de
las mandíbulas, pero en los Artrodiros, son simples proyecciones
de las placas óseas que forman las mandíbulas, por lo general, en
forma de cuña incisiva en la parte anterior, y de lámina cortante
en la parte posterior. Estos Peces, que presentan una clara tendencia
a adaptarse a la vida en el mar, en el Devónico superior, llegan
a alcanzar en algunos casos enorme tamaño: Dinichthys llegó a alcanzar
unos 10 m. de longitud y, a juzgar por el enorme tamaño de sus mandíbulas,
debió haber sido un competidor formidable para otros tipos de peces.
Los Antiárquidos, por el contrario, se caracterizaron por el tamaño
reducido de sus mandíbulas y por tener la coraza ventral plana,
lo que hace suponer que vivían arrastrándose por el fondo del mar,
como muchos peces actuales, que presentan el mismo aspecto y que
también viven sobre el fondo marino.
TIBURONES Y RAYAS
Probablemente, a partir de los Placodermos surgieron los dos grandes
grupos de peces que, en contraste con los Placodermos y sus antecesores
los Agnatos, persisten en su mayor parte hasta la actualidad. Son
los Peces cartilaginosos (Tiburones y Rayas) y los Peces óseos;
estos últimos, constituyen la mayoría de los peces que pueblan actualmente
los mares y los ríos.
Del
grupo de los Tiburones, como cabría esperar, después de haber visto
lo que ocurre con los precedentes grupos de peces que tenían esqueleto
cartilaginoso, no ha quedado una documentación fósil muy precisa.
Sin embargo, podemos decir que el grupo es, en su casi totalidad,
marino, al menos desde su aparición en la documentación fósil, en
el Devónico medio. Parece como si la calcificación del esqueleto
interno de los Placodermos, que suele ser incompleta, se hubiese
detenido completamente o incluso sufriese una regresión con la aparición
de los primeros tiburones y, aunque es cierto que los dientes de
estos Selaceos, en perfecto estado de conservación, constituyen
la obligada introducción del principiante en el mundo de los peces
fósiles, no lo es menos que rara vez se encuentra algo más que dientes,
constituyendo el único resto que nos muestra donde estaba el tiburón,
al desprenderse de sus mandíbulas y caer al fondo del mar.
LOS
PECES ÓSEOS
Con
los Peces óseos, la situación es completamente diferente, pues contamos
con una buena documentación fósil de su historia, debido a que su
esqueleto interno suele ser casi siempre fosilizable. Parece que,
en sus comienzos, los Peces óseos eran de agua dulce, y que no pasaron
al hábitat marino hasta finales del Paleozoico.
Desde
sus comienzos, nos encontramos con dos grupos diferenciados: Actinopterigios
y Sarcopterigios; los primeros enormemente diversificados y muy
numerosos en todas las épocas; algunos incluso, como el "caballito
de mar" o el "pez piedra", se parecen muy poco a
lo que puede llamarse "pez". Un tercer grupo, relativamente
menos importante, el de los Acantódidos, exclusivamente paleozoico,
se caracterizaba por unas espinas óseas situadas en la parte anterior
de sus aletas, que forman láminas cortantes.
SARCOPTERIGIOS
Desde
el punto de vista evolutivo, los Peces pulmonados y los Coelacántidos,
son mucho más importantes, porque pertenecen a este grupo, los que
dieron origen a los Anfibios. Los Peces pulmonados, de los que quedan
tres grupos actuales, viven en los lagos tropicales, y cuando estos
se secan en la estación cálida, quedan semienterrados en el fango
y aletargados, respirando el aire mediante un pulmón rudimentario.
La presencia de este órgano en tales peces, pueden parecemos extraña,
pero de hecho, también en los Actinopterigios existe un saco aéreo
o "vejiga", que funciona como órgano hidrostático, y el
"pulmón" de los Peces pulmonados es, sin duda, un órgano
homólogo a esta vejiga. De hecho, se han encontrado estos "sacos
aéreos" en grupos de peces tan antiguos como los Antiárquidos,
y en relación con esto, no hay que olvidar que también ciertos Gasterópodos
han adquirido la facultad de respirar el aire atmosférico (véase
la página 83). Por otra parte, en el Coelacántido Latimeria, es
donde encontramos los datos más interesantes, en relación con la
transición de Peces a Anfibios, que tuvo lugar en el Paleozoico.
Los
Coelacántidos constituyen un grupo de Peces Sarcopterigios, que
se creía extinguido desde el Cretácico, hasta que se encontró un
primer ejemplar vivo, apenas a 80 m. de profundidad, del género
Latimeria, junto a las costas de Madagascar en 1938. El rasgo más
característico de estos peces, es que presentan las aletas "lobuladas"
en vez de "radiadas" (véase la Figura 23), es decir, que
poseen un lóbulo carnoso, formado por huesos y músculos, en la base
de sus aletas, en su unión con el cuerpo del pez, las cuales se
mueven precisamente por las contracciones de este lóbulo, mientras
que en los Actinopterigios, la aleta forma una simple prolongación
de la piel, con una serie de "espinas" o radios que la
mantienen tersa, y sólo existe una pequeña base de sustentación.
Aunque
ambos tipos de peces óseos, y consiguientemente también algunos
Placodermos, tuvieron las mismas probabilidades de sobrevivir en
las lagunas desecadas de los continentes en el Devónico superior,
respirando mediante sus sacos aéreos, los que poseían aletas lobuladas,
los Crosopterigios, tenían una notable ventaja con relación a los
demás, puesto que podían arrastrarse mediante sus aletas musculosas,
desde una laguna desecada a otra, lo cual les permitía encontrar
finalmente agua, mientras que sus rivales, morirían cuando la sequía
se prolongase más de lo normal. Así se desarrollaron y vivieron
los primeros Anfibios, durante parte del Devónico superior o quizás
durante más tiempo, a consecuencia de la mayor tendencia del pez,
a volver al agua, más que a salir de ella.
En
realidad, no fueron los mismos Coelacántidos los que dieron el paso
definitivo hacia la tierra firme, sino los Rhipidistios, un grupo
de peces muy próximos a ellos ([19]); y si bien ocurre que cierto
pez Actinopterigio, el "saltador del fango", puede verse
actualmente trepando por las raíces de los manglares, utilizando
sus aletas de estructura "radiada" a modo de patas (aunque
tiene que volver periódicamente al agua, para renovar el agua en
sus branquias), también lo es, que este nicho ecológico ha sido
ya definitivamente ocupado por los Anfibios. Latimeria, el famoso
"fósil viviente", tiene de todas formas el interés de
que, con sus aletas lobuladas, nos muestra claramente el proceso
evolutivo que dio origen a las extremidades de los Anfibios.
EL
ORIGEN DEL HUESO Y DE LOS DIENTES
Antes
de continuar con la historia de los primeros Vertebrados terrestres,
nos vamos a referir a ciertas teorías sobre el origen del hueso
y de los dientes de los Vertebrados. Aunque el origen del hueso
no ha podido ser explicado satisfactoriamente, se ha sugerido que
su función inicial fue la de servir como reserva de calcio y de
fósforo, puesto que el hueso es una asociación de tejido orgánico
con fosfato cálcico. Los animales necesitan calcio para el crecimiento
y para la actividad muscular; sin embargo, debe mantenerse en una
determinada concentración en el medio interno, ya que una excesiva
cantidad de calcio en el organismo, puede causar enfermedades o
incluso la muerte. El fósforo es un elemento necesario para la síntesis
de las proteínas y para otros procesos bioquímicos. Por lo tanto,
los peces tienen que asimilar compuestos de calcio y de fósforo
para cubrir sus necesidades, y al propio tiempo deben acumular reservas
de estos elementos, que pueden ser escasos en el medio ambiente,
especialmente en las aguas dulces; y no cabe duda de que el hueso
constituye una buena reserva de estos elementos.
Es
importante anotar que los Peces acorazados primitivos tenían una
"armadura" formada por un tipo de hueso especial, análogo
a la dentina de nuestros dientes, que es un material compacto, formado
por fosfato cálcico sin células asociadas, por lo cual resulta difícil
que pase en disolución a la sangre. En cambio, el hueso, que está
formado por una estructura celular además del fosfato cálcico, puede
intercambiar con facilidad los elementos vitales calcio y fósforo,
por lo cual, representó sin duda una notable ventaja para los Vertebrados,
la aparición de verdaderos huesos, ya que de esta forma, se incrementó
notablemente la reserva de calcio y fósforo, al aumentar su disponibilidad.
Tal
vez piense el lector, la próxima vez que tenga dolor de muelas,
que no hay ninguna razón fisiológica clara, para que nuestros dientes
deban ser sensibles al dolor. Pues bien, parece probable que la
razón de la presencia de canales nerviosos que atraviesan la dentina,
esté en que son un resto del exoesqueleto, perforado por conductos
nerviosos, de los Peces acorazados paleozoicos del cual derivan,
y cuya función era, sin duda, mantener la sensibilidad a través
de esta coraza, que de otro modo sería insensible.
Ya
en el Carbonífero, esta primera etapa de la evolución de los Vertebrados
se hace más lenta. Los Anfibios, que aparecen por primera vez en
el Devónico superior, se adaptaron rápidamente al medio ambiente,
conservando algunos, hasta la actualidad, el movimiento sinuoso
del cuerpo al andar, que denota su procedencia a partir de los peces.
Además, el cráneo de los Anfibios primitivos, es casi igual al de
los Crosopterigios.
Claro
que los Anfibios, no se han independizado por completo del medio
acuático, pero sus descendientes, los Reptiles, que aparecen en
el Carbonífero superior, resuelven este problema, cubriendo los
huevos mediante un cascarón, de la misma forma que las Aves.
Por
lo que a los Peces se refiere, el complejo grupo de los Placodermos
se extingue en el Carbonífero, quedando desde entonces pobladas
las aguas, principalmente por los Peces óseos y (en los mares),
también por los Condrictios o Peces cartilaginosos.
RESUMEN
DE LA VIDA EN EL DEVÓNICO
En
resumen, parece que, hasta el final del Devónico, no aparecen los
Vertebrados terrestres, aunque los Peces presentaban ya gran desarrollo
y estaban muy diversificados.
Por
lo que se refiere a la fauna de Invertebrados continentales, era
más bien escasa, pero las aguas dulces empezaron a poblarse de Moluscos
bivalvos y Gasterópodos, probablemente, emigrados del mar; algunos
bivalvos eran de gran tamaño, como Amnigenia, que se parece mucho
al Anodonta de nuestros ríos. Los Euryptéridos, provistos de enormes
pinzas, poblaban también los ríos y lagunas, y los efectos de las
épocas de sequía, que caracterizan el final de este período, han
quedado patentes en diversos yacimientos, donde gran cantidad de
peces primitivos, perfectamente conservados, se han preservado materialmente
"empaquetados", en la misma posición en que murieron,
enterrados en el fondo de los lagos desecados.
La
tierra empieza a poblarse de las primeras plantas arbóreas, antecesoras
de las que formarían los bosques que, en el Carbonífero, darían
origen a los grandes depósitos de hulla; y al parecer, giraba sobre
sí misma con un período de sólo 22 horas.
EL
PERIODO CARBONÍFERO
En
este período nos encontramos con uno de los contrastes más notables,
en el estudio de la Geología histórica: la coexistencia de grandes
bosques, de dimensiones equivalentes a los actuales de la región
del Amazonas, en el hemisferio boreal, franjeados por mares en los
que se desarrollaba una variada y rica fauna marina, mientras que
en el hemisferio austral se desarrollaba una época glaciar sobre
un área tan amplia como la Antártida en la actualidad, que ha dejado
los típicos sedimentos glaciares.
EL
BOSQUE CARBONÍFERO
Antes
de dar una explicación a esta paradoja climática, haremos un breve
resumen de la vida en el Carbonífero.
Durante
el Carbonífero superior, época en la que se formaron la mayor parte
de los depósitos de hulla en el hemisferio Norte, la flora continental
se había desarrollado enormemente, tanto en variedad como en tamaño.
El bosque hullero estaba formado principalmente por Pteridofitas:
Licopodios y Equisetos gigantes, Heléchos arborescentes, Pteridospermas
y las primeras Gimnospermas:
Licopodios (del griego lycos, lobo y podós, pie), plantas caracterizadas
por la disposición espiral de sus hojas; están representadas actualmente
por Lycopodium, una pequeña planta herbácea, pero en el Carbonífero,
llegaron a ser árboles (Lepidodendron y Sigillaria), hasta de 30
m. alto.
Equisetos (del latín equus, caballo, y seta, pelo, cerda), son plantas
con las hojas dispuestas en verticilos, representadas ahora por
la "cola de caballo", que comprenden también los Calamites
del Carbonífero, que alcanzaron unos 20 m. de altura.
Helechos, plantas con hojas típicamente compuestas y dentadas, que,
como todas las Pteridofitas, se reproducen por esporas en vez de
semillas.
Pteridospermas (del griego Pteris, helecho y sperma, semilla), son
plantas actualmente extinguidas, con hojas del tipo de las de los
helechos, pero que tenían semillas.
Gimnospermas (del griego gymnos, desnudo, y sperma semilla), son
plantas en las que la semilla está situada al descubierto, sobre
una hoja modificada; están representadas actualmente por las Coníferas
(pinos, abetos, etc.).
Sin
duda, existieron en estos bosques otras muchas plantas, que se desarrollaron
profusamente: Algas en las lagunas, Líquenes sobre los troncos y
ramas de los árboles, Hongos sobre los troncos podridos, Musgos
y otras plantas herbáceas en las márgenes de los arroyos y manantiales,
pero al no ser leñosas, no fosilizaron o sólo dejaron una leve huella.
Lo más espectacular de estos bosques, que dieron origen al carbón,
es la enorme altura de sus árboles, que corrientemente llegaban
a 30 metros, lo cual resulta aún más impresionante, si se compara
con los descendientes actuales de estas plantas que, a parte de
las Gimnospermas, son plantas herbáceas. La acumulación de los restos
de estas plantas que componían el bosque hullero, y su posterior
compresión, es la que ha dado lugar a la formación del carbón que
encontramos ahora, y la presencia de troncos enraizados en la roca
subyacente al carbón, nos indica que éste se ha formado, en su mayor
parte, in situ, es decir, en las mismas zonas donde crecían las
plantas.
No
sólo es posible enumerar los tipos de plantas que formaban estos
bosques, sino que también es posible reconstruir un cuadro preciso
de sus relaciones mutuas. Por ejemplo, del estudio de millares de
plantas fósiles procedentes de la cuenca carbonífera del Sur de
Gales, se ha llegado a la conclusión de que, mientras los Calamites
(un equiseto gigante) y Cordaites (una Gimnosperma), están más o
menos uniformemente distribuidos en toda la serie estratigráfica,
en la parte más baja de la serie, que corresponde a la época más
húmeda, predominan las Licopodiáceas, en tanto que en la parte más
alta, correspondiente a la época más seca, predominan las Pteridospermas
y los Heléchos. El mismo carbón, se puede clasificar en varios tipos
según su origen: la hulla "grasa", rica en materiales
bituminosos, deriva directamente de los restos vegetales, mientras
que el llamado "boghead", una variedad menos común, que
arde con una llama aceitosa, se formó por acumulación de esporas,
algas, semillas, etc., en lagunas abiertas.
Ocasionalmente pueden encontrarse nódulos calcáreos, a los que se
suele dar el nombre de "tacañas", que contienen restos
de plantas fósiles perfectamente conservados, incluso con su estructura
celular. Del estudio microscópico de estas plantas, que en ciertos
casos contienen cristales de minerales que no han deformado las
células vegetales, se deduce que estas plantas, aún vivas, debieron
sufrir una cierta mineralización: al parecer, vivían en zonas pantanosas,
cuyas aguas contenían sales minerales que fueron mineralizando lentamente
las plantas, con lo cual resultaban más frágiles, y se favorecía
su caída sobre el área cubierta por el agua, donde algunos fragmentos
quedaron preservados en una matriz calcárea que forma los nódulos
de carbón referidos. El tamaño alcanzado por las plantas, nos demuestra
que el clima era favorable para su desarrollo, y la presencia de
moluscos bivalvos de agua dulce, que frecuentemente están asociados
a los yacimientos de carbón, parece indicar que las zonas pantanosas
estaban muy próximas a los bosques.
LA
DERIVA CONTINENTAL
No
toda la Tierra estuvo cubierta por estos bosques exuberantes, durante
el período Carbonífero. A parte de las áreas oceánicas, en las formaciones
continentales encontramos materiales de color rojo, que indican
condiciones climáticas de tipo desértico, los cuales aparecen, en
algunos casos, a continuación de los depósitos de carbón; y también
encontramos indicios de otros ambientes distintos. En los continentes
del hemisferio Sur, la flora presenta un notable contraste con los
frondosos bosques del hemisferio Norte, estando representada por
plantas especiales, de las cuales Glossopteris (una planta de afinidades
dudosas, que se reproducía por semillas), es la más característica.
La abundancia de tales plantas en Sudamérica, Australia, África
del Sur, Antártida y en la India, que contrasta con su casi nula
aparición en los países nórdicos, nos confirma la teoría de la deriva
continental, que concuerda con la presencia de sedimentos glaciares
en los mismos continentes, durante el Paleozoico superior.
Una
investigación detallada sobre las glaciaciones en el Paleozoico
superior, nos revela la existencia de estrías, en las rocas subyacentes,
que por sus direcciones, indican como origen de todas estas glaciaciones,
una región que actualmente está cubierta por los océanos, a no ser
que se coloquen los referidos continentes, unos junto a otros, como
en un rompecabezas. Dichas estrías, marcan las direcciones según
las cuales, se movían los casquetes de hielo, y parecen indicar
que el hielo provenía de zonas oceánicas, lo cual es muy improbable,
pues el hielo se desliza por gravedad sobre los continentes. La
única solución posible, es admitir que los continentes australes
formaban, en el Paleozoico superior, una masa continental única,
tal como se indica en la Figura 25. Por otra parte, la distribución
actual de los sedimentos glaciares en estos continentes es tan amplia,
que resulta imposible situar el polo Sur en un lugar adecuado, suficientemente
próximo a todas las áreas donde se desarrollaron los glaciares,
a no ser que admitamos que el área en cuestión, se ha ido fraccionando
y separándose sus partes, por la deriva continental, desde el Paleozoico
superior. Pero si estos continentes, se consideran independientes
de los del hemisferio Norte, agrupándolos entre sí, las áreas consideradas
quedan unidas, dibujando un casquete glaciar único, que se extendió
desde Suramérica en el Carbonífero inferior, sobre la Antártida,
Sudáfrica y la India en el Carbonífero superior, llegando hasta
Australia en el Pérmico, con lo cual, las zonas cubiertas de hielo,
estarían limitadas por regiones de clima frío, donde se habría desarrollado
la flora de Glossopteris.
A
este "supercontinente", se le ha llamado Gondwana, y resulta
tentador suponer que las variaciones en la distribución del hielo
en dicho continente, durante el Paleozoico superior, se debieron
a la deriva de Gondwana con relación al polo Sur, y que la situación
actual en el hemisferio Sur, se debe a la fragmentación de dicho
continente durante el Mesozoico. Esta es la teoría de la deriva
continental, que ya va siendo generalmente admitida por los geólogos,
con algunas raras excepciones (por ejemplo, el Profesor Beloussov,
de la U.R.R.S., que no se muestra partidario de dicha teoría).
Los
continentes nórdicos, que en aquella época debían formar un continente
único conocido por "Laurasia", probablemente estaban situados
más cerca del ecuador durante el Carbonífero, lo cual habría favorecido
el desarrollo de los grandes bosques hulleros. Tal vez pueda encontrarse
difícil de aceptar la deriva continental, debido a que el fondo
de los océanos, debajo de los sedimentos, está formado por roca
sólida, pero esta dificultad puede superarse si se considera que,
incluso las rocas más resistentes, pueden adquirir cierta plasticidad,
sometidas a las elevadas presiones existentes en el interior de
la Tierra, deformándose cuando estas condiciones actúan en la inmensidad
de los tiempos geológicos. Del mismo modo que el hielo de los glaciares,
aparentemente rígido se desliza por las laderas al cabo de centenares
de años, también la corteza terrestre, en apariencia tan dura, puede
deslizarse con cierta rapidez a lo largo de millones de años; los
pliegues que aparecen en los estratos de las rocas, en muchas zonas
de la corteza terrestre, nos demuestran que esto es una realidad.
La prueba definitiva de la deriva continental, consistiría en medir
directamente el desplazamiento real de los continentes, y parece
que, mediante métodos modernos de gran precisión, es posible realizar
tales medidas, tanto entre continentes, como en relación con la
posición de la Luna. Una de las derivas continentales más rápidas,
que debe haber disminuido, sin embargo, en la actualidad, parece
ser el desplazamiento de la India con relación a la Antártida, a
partir del Carbonífero: una distancia aproximada de 6.000 Km. en
unos 270 millones de años, lo que viene a ser una velocidad de 2,5
cm. al año, que puede ser una velocidad medible.
LA
FAUNA DEL CARBONÍFERO
Como
en esta época aún no habían aparecido las Aves, los bosques del
Carbonífero debieron ser notablemente silenciosos. Los aires estaban
poblados por libélulas que alcanzaban hasta 1 m. de envergadura,
mientras otros Insectos parecidos a cucarachas, corrían por el suelo.
Otros animales que poblaban los continentes, no necesariamente los
bosques, eran los Vertebrados: Anfibios, Reptiles y Peces. Algunos
Anfibios, como Eogyrinus, llegaron a alcanzar 5 m. de largo, y en
general, eran muy abundantes; por su parte, los Reptiles son todavía
escasos y sólo se han encontrado en el Carbonífero superior; los
Peces de agua dulce, eran principalmente Peces óseos, conocidos
como Paleoniscoides, mientras en el mar predominaban los Seláceos.
EL
PÉRMICO
En
algunos sitios, por ejemplo en Gran Bretaña, a los estratos carboníferos
se superponen otros de areniscas estériles pertenecientes al Pérmico,
que se caracterizan por sus coloraciones rojizas, de la misma forma
que las rocas del Carbonífero están caracterizadas por la presencia
de carbón. Estos colores rojos, de las areniscas y margas, denotan
la presencia de una vegetación muy escasa o la falta total de vegetación
en esta época.
Sin
embargo, la fauna era muy parecida a la del Carbonífero, lo cual
justifica la inclusión de este período dentro del Paleozoico. Los
Anfibios continúan como en el Carbonífero; en cambio los Reptiles
eran mucho más abundantes: Seymouria era una forma de transición
entre los Anfibios y los Reptiles, hallada en la localidad de Seymour
(Texas), que presenta una notable combinación de caracteres de ambos
grupos, aunque, como en el caso del Ornitorrinco, parece ser una
forma residual de las auténticas de transición, más bien que una
forma de transición en sí misma, puesto que su situación en el Pérmico
inferior, es posterior a los Reptiles del Carbonífero. También del
Pérmico eran los Cotilosaurios, un grupo de Reptiles primitivos,
del cual se piensa que derivaron todos los demás.
Los
Anfibios son poco más que peces adaptados a la vida aérea, y están
obligados a volver al agua, durante cierto tiempo, en su ciclo vital
aunque sólo sea para poner sus huevos. Es sabido que el Axolote
mejicano se puede transformar en un animal terrestre, que respira
el aire atmosférico, cuando se le suministra una dosis masiva de
la hormona tirosina en estado larvario, mientras que normalmente,
conserva branquias externas en estado adulto. En cambio, los Reptiles
son auténticos animales terrestres, excepto cuando se han adaptado
secundariamente a la vida acuática, como los Ichthyosaurus y ciertas
serpientes marinas. Algunos Reptiles conservan los dientes palatinos,
que son propios de los Peces y Anfibios. Finalmente, de los Cotilosaurios,
derivaron los representantes pérmicos de los Reptiles Synápsidos,
que fueron los antecesores de los Mamíferos.
Los
cambios acontecidos en los seres vivos al final del Pérmico, no
afectaron profundamente a los Reptiles; por su parte, la flora del
Carbonífero evolucionó durante el Pérmico hacia un nuevo régimen
en el que predominan las Gimnospermas, por lo cual, la transición
al Triásico no se marca como un profundo cambio de la flora. En
cambio, en el mundo de los Invertebrados, el final del Pérmico coincidió
también con la extinción de muchos grupos importantes: todos los
Trilobites, muchos grupos de Cefalópodos, Equinodermos, Corales,
etc., desaparecieron completamente por lo cual, el Triásico marca
el comienzo de una nueva Era, el Mesozoico.
En
realidad, varios grupos de Reptiles se extinguieron en esta época,
pero los grupos más importantes persisten y dan lugar a una nueva
expansión de estos Vertebrados en el Triásico. Por ahora desconocemos
las causas de esta extinción masiva de grupos de animales, pero
parece que coincidió con un descenso temporal del nivel del mar
a escala mundial; en el próximo capítulo haremos alguna consideración,
sobre esta extraña interrupción de la historia de la vida.
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