James Scott
 

6 - El mundo mesozoico

"Se llega a la conclusión de que, en el Jurásico, el Océano Ártico no estaba cubierto de hielo, y sus aguas eran al menos, tan cálidas como en las actuales zonas templadas.” arkell (Jurassic Geology of the World, 1956).

El comienzo de la Era Mesozoica se caracteriza por una nueva expansión del mundo animal, pero se trata de un mundo muy distinto del que había existido hasta entonces. Los Corales están representados por nuevos tipos, muchos de ellos aún actuales, capaces de formar grandes colonias destinadas a ser un factor más importante en la formación de arrecifes que durante el Paleozoico. Los Crinoides y los Braquiópodos, disminuyen en importancia, pero en cambio, los Moluscos progresan rápidamente. Uno de los tipos principales, entre los nuevos Moluscos mesozoicos, fueron los Ostreidos, que con sus conchas cementadas, llegan a ser unos de los fósiles más frecuentes en las rocas post-paleozoicas, y los Ammonoideos evolucionados. La historia de los Ammonoideos es muy compleja, pero baste decir que los Goniatites de pequeño tamaño, forma redondeada y suturas sencillas ([22]), aparecieron en el Devónico, siendo sustituidos en el Triásico por los Ceratites de mayor tamaño y suturas más complejas; finalmente, los Ammonites, de suturas complejas, adquirieron una gran preponderancia en el Jurásico y en el Cretácico. La Figura 26 ilustra esquemáticamente lo que acabamos de decir y en la parte de la izquierda, el grosor de la columna en negro, indica la abundancia relativa de estos fósiles.

Entre los Vertebrados hubo algunos cambios importantes en la situación general, a pesar de las extinciones que se produjeron durante la crisis paleozoico-mesozoica. Por otra parte, aparecieron dos grupos, de poca importancia en el Mesozoico, pero que estaban destinados a adquirir enorme importancia en el futuro: los Mamíferos y las Aves.

En las plantas, la flora paleozoica se fue reemplazando lentamente por la de Cicadofitas, análogas a las modernas Cycas, que son plantas de tallos reducidos, leñosos, muy duros, de crecimiento muy lento (unos 16 cm. cada siglo en algunas especies), con hojas parecidas a las de las palmeras, que salen directamente del tronco.

LA SITUACIÓN EN EL TRIÁSICO

En el Triásico, los peces Actinopterigios comienzan a colonizar el mar, ignorando a los grupos rivales que habrían de quedar en segundo término, como ocurre en la actualidad.

En los continentes, sin embargo, la situación fue bastante distinta de la actual, siendo los Reptiles los Vertebrados terrestres de mayor importancia, especialmente los Arqueosaurios (Dinosaurios y otros), los que alcanzaron mayor desarrollo manteniendo su preponderancia hasta finales del Cretácico, durante un lapso de unos 100 millones de años. Estos reptiles, que se desarrollaron extraordinariamente durante el Mesozoico, en el Triásico están representados por algunas formas primitivas, como los Phytosaurios, morfológicamente muy parecidos a los Cocodrilos (con hocico alargado, dientes puntiagudos, pequeños orificios nasales y patas cortas), si bien no son sus antecesores, aunque probablemente ocuparon su mismo nicho ecológico, de acuerdo con el principio según el cual, cuando existe un hueco que deba ser colonizado, provisionalmente lo ocupará el grupo disponible mejor preparado, en tanto que no aparezca el más adecuado, que luego lo ocupará definitivamente. De acuerdo con este principio general, encontramos entre los peces Actinopterigios del Triásico, géneros como Colobodus que presenta el aspecto del bacalao; Dollopterus y Thoracopterus, parecidos a los peces voladores; Cleithrolepis y Bobastrania, semejantes al pez-sol; Saurichthys y Birgeria, análogos a los lucios. Probablemente eran ecológicamente equivalentes, aunque no existiese entre ellos ninguna relación evolutiva. Los Coelacántidos triásicos, por otra parte, se parecen al moderno Latimeria, con el que ciertamente estaban genéticamente relacionados.

Por lo que se refiere a los Invertebrados, el Triásico se caracteriza por el desarrollo de bancos de Ostreidos y por la expansión de los Ceratiles; estos últimos, ilustrados en la Figura 26, fueron Ammonoideos de suturas medianamente complejas, notables por su gran variedad en formas y tamaño. De hecho, esta expansión de los Ammonoideos, después de que casi se habían extinguido a finales del Pérmico, sólo es comparable con la que experimentarían a continuación de su decadencia al final del Triásico. Esta curiosa tendencia a la decadencia, que presentan ciertos Ammonoideos, parece ser una característica general del grupo, y esta aparición y desaparición súbita de ciertos grupos de Ammonites, a lo largo de la Era Mesozoica, resulta ser un criterio muy importante para determinar la edad geológica de las rocas estudiadas. En el Treatise of Invertebrate Palaeontology de R. C. moore, se incluyen 30 zonas de Ammonites para el Triásico; unas 45 para el Jurásico y 36 para el Cretácico; cada una de estas zonas, viene caracterizada por las especies de Ammonites que un especialista puede identificar, determinando así la edad geológica de la roca que las contiene.

LA SITUACIÓN EN EL JURÁSICO Y CRETÁCICO

Entre los Vertebrados, el mundo de los Reptiles estaba dominado por los Arqueosaurios, incluidos los Pterosaurios o Reptiles voladores; los Cocodrilos acuáticos; los Ornitopelvianos, herbívoros y los Sauripelvianos, con algunas formas gigantescas. En el mar, los Plesiosaurios y los Ictiosaurios; Tortugas primitivas, Lagartos y Serpientes que inician su desarrollo. Además, aparecen los grupos de Vertebrados de sangre caliente, que se desarrollan a partir de dos grupos distintos de Reptiles; las Aves, que comienzan en el Jurásico, y los Mamíferos, que surgen confusamente en el .final del Triásico, llegando a estar claramente diferenciados en el Cretácico. Sin embargo, no parece que estos nuevos Vertebrados constituyen una seria amenaza para los Reptiles; no más que los murciélagos, actualmente, para las Aves. Vista la situación en el Cretácico, podría parecer que los Reptiles se mantendrían en su posición dominante para siempre; sin embargo, no ha sido este el caso, y en la actualidad, los Reptiles están en franca regresión.

El mundo de las plantas cambió radicalmente durante el Cretácico. Hasta entonces la flora mesozoica comprendía una gran variedad de plantas análogas a las Cicadáceas, Coníferas, Ginkgos y Heléchos. Las Cicadáceas ya las hemos indicado anteriormente; las Coníferas son bien conocidas en la actualidad (pinos, abetos, etc.), y el Ginkgo, que encontramos en algunos jardines y parques, es un resto de un antiguo grupo de Gimnospermas ya casi extinguido; fue muy abundante en el pasado, pero actualmente tan sólo sobrevive en los jardines de los templos en el Japón, de donde se ha exportado a todo el mundo, como árbol ornamental.

Esta flora de Gimnospermas, se sustituyó bruscamente por la de Angiospermas, plantas con flores, que aparentemente se extendieron con gran rapidez, desde Groenlandia a todo el resto del mundo. La hierba es, por supuesto, una Angiosperma, una Gramínea, tan familiar para nosotros, que sería inconcebible un mundo en el que no existiese: pues bien, antes del Cretácico superior aún no había aparecido. La flora fósil del Cretácico de Groenlandia, incluye además, otras muchas plantas, muy parecidas a las actuales: la magnolia, el plátano, el "árbol del pan", el roble, todos ellos están allí representados por géneros análogos a los actuales. Es muy difícil explicar este repentino desarrollo de las plantas con flores: los Insectos pueden haber contribuido a este desarrollo, aunque ya existían desde el Paleozoico. Tampoco coincide este desarrollo de las Angiospermas, con la desaparición de los Dinosaurios, ni con el excepcional descenso del nivel del mar, que ocurrió al final del Cretácico, el cual pudo haber favorecido la expansión de las plantas terrestres, en zonas anteriormente cubiertas por el mar.

Con respecto a los Invertebrados, en el Mesozoico se desarrolló una abundante fauna de Moluscos y Corales, cuya distribución geográfica nos lleva a suponer que los polos terrestres no eran tan fríos como en la actualidad, o que estaban situados en una zona oceánica, por lo que no nos han dejado huellas glaciares de aquella época. Esta cuestión está aún sin resolver, pero de cualquier manera, parece muy probable que, en el Mesozoico, la Tierra tuviese un clima templado y uniforme. En los mares cálidos se desarrollaron unos Moluscos bivalvos, característicos del Cretácico, principalmente los Rudistas, un tipo de bivalvos, a veces de gran tamaño (pueden llegar a tener 2 m. de altura), que por lo general viven cementados a las rocas del fondo del mar, formando grandes colonias o "bancos", en ocasiones de gran extensión. En su mayoría, están limitados a zonas próximas al actual Trópico de Cáncer, en el hemisferio Norte, y si consideramos que su gran tamaño y su abundancia, indican una temperatura alta para el agua del mar donde vivían, resulta que esta región, bien pudo corresponder a la zona ecuatorial del Cretácico. También se han encontrado Rudistas, ocasionalmente, en localidades más al Norte, como en Inglaterra, pero en general, se encuentran en sedimentos que corresponden a las cadenas montañosas de los Alpes y al Himalaya, zonas ocupadas entonces por el Mar de Tethys, cuyos sedimentos, al plegarse, dieron origen a estas cadenas montañosas, y esta zona, estaba muy próxima al ecuador en aquella época.

LOS CEFALÓPODOS

La clasificación general de los Cefalópodos es como sigue:

Clase cephalopoda

Sub-clase Nautiloidea (Tetrabranquiales)

Sub-clase Ammonoidea

Orden Goniatitina ("Goniatites").

Orden Ceratitina ("Ceratites").

Orden Ammonitina ("Ammonites").

Sub-clase Coleoidea (Dibranquiales)

Orden Belemnoidea ("Belemnites").

— Otros Ordenes.

De todos los fósiles característicos del Jurásico y del Cretácico, los "Ammonites" y los "Belemnites", son probablemente los más familiares para los aficionados y para los estudiantes. Los Belemnites eran Cefalópodos parecidos al calamar, cuyo esqueleto, en parte, estaba formado por una pieza cónica en forma de bala o de proyectil, formado por calcita fibrosa. Siendo interno su esqueleto, estaba recubierto por las partes blandas que han dejado ciertas impresiones sobre la superficie de los "belemnites", y de ellas se deduce, que estos Cefalópodos debieron haber sido buenos nadadores, al estilo de los calamares y las sepias.

Los Ammonites son fósiles muy apreciados por los coleccionistas, incluso por los aficionados que no tienen suficiente base científica, debido a su gran belleza y a su forma espiral; los moldes fosilizados en pirita y en calcita, bellamente coloreados son especialmente cotizados. Pero los datos teóricos, que aportan estos fósiles, sobre la historia del Mesozoico, son sin duda, mucho más importantes para el estudiante de cualquier Departamento de Paleontología.

Ya hemos explicado, cómo la estructura del Ammonites coincide con la que es propia de los Cefalópodos, y cómo, del mismo modo que los Goniatites y los Ceratites, son muy útiles como "fósiles de zona". En efecto, los Ammonites presentan las cuatro propiedades requeridas por un fósil de zona:

a) debe ser fácil de reconocer,

b) debe haber evolucionado rápidamente,

c) debe tener una amplia dispersión geográfica, y

d) debe ser abundante.

Los Ammonoideos pueden ser identificados, a menudo, incluso a partir de un fragmento, puesto que la forma, tanto de la sección de la espira, como de la concha, su ornamentación y la sutura de sus tabiques, son muy característicos y se continúan y repiten en toda la concha; evolucionan con rapidez en sus diferentes líneas evolutivas; se encuentran asimismo en todo el mundo, desde el Devónico hasta el Cretácico, y con frecuencia son muy numerosos en los yacimientos. Sus inconvenientes comparados con los de otros fósiles, son en realidad escasos, pero también deben ser mencionados: algunos evolucionan lentamente; también pueden presentar fenómenos de homomorfismo, cuando agotadas todas las posibles variantes de forma en un grupo, algunos tipos, muy separados en el tiempo y alejados evolutivamente, pueden llegar a ser muy semejantes en apariencia. Por otra parte, están limitados a los sedimentos marinos (aunque no en todos), y en algunos casos, pueden llegar a ser notablemente escasos, por razones que no siempre están suficientemente claras.

Las "zonas" determinadas por los Ammonites, son en algunas ocasiones muy exactas, y en algunas localidades, donde la sedimentación ha sido muy lenta, puede ocurrir que, una "zona", representada en un sitio por un gran espesor de sedimentos, unos cuantos kilómetros más allá, aparezca condensada en unos pocos centímetros de espesor. En tales casos, la secuencia de estratos condensados, puede contener Ammonites que han sido cortados por una superficie de erosión existente dentro de la misma roca, y existe el peligro de que, algunos Ammonites hayan podido ser extraídos por la erosión, del sedimento aún no completamente consolidado, y depositados en otros sedimentos más modernos, dando de esta forma, una información falsa sobre la edad geológica de la roca que los contiene. Sin embargo, esta contingencia puede salvarse, por el aspecto erosionado típico, que presentan tales fósiles llamados "alóctonos".

Las "zonas" de Ammonites se nombran utilizando el nombre específico de la especie que se ha escogido como característica de la zona. Así, por ejemplo, Psiloceras planorbis, caracteriza la zona "Planorbis" del Jurásico inferior. Esto no quiere decir, que un geólogo que, casualmente, se detenga en un afloramiento poco conocido, vaya a encontrarse ejemplares de Psiloceras planorbis si da la casualidad de que allí aflora la zona de "Planorbis": rara vez ocurre tal cosa, aunque de hecho, si la roca que está al descubierto se formó en el mar, y no se trata de un sedimento en aguas muy profundas o muy someras, bien podría encontrar dicho fósil, pero lo más probable es, que encuentre antes otros fósiles de Ammonites asociados a él, sin que llegue a encontrar el Psiloceras planorbis. En estos casos, a menos que se trate de un especialista en Ammonites, el geólogo, antes de emitir un juicio, deberá esperar hasta haber consultado la bibliografía adecuada, o mejor aún, con un especialista en la materia. Una vez hecho esto, ya puede emplear el método llamado de la "asociación faunística": si los fósiles A, B, C, D, E y F, se encuentran junto con la especie "Z", en un lugar determinado, siendo "Z" el fósil característico de zona, la aparición en otra localidad, de los fósiles A, C, E y F, es un fuerte indicio de que corresponde a la misma zona "Z". Los fósiles A, B, C, etc., pueden ser Ammonites, pero también puede tratarse de otros fósiles, aunque en tal caso, por lo general, si no se trata de Ammonites, los fósiles suelen ser más difíciles de utilizar en Estratigrafía, y muchos de ellos, son prácticamente inútiles, por haber sufrido una evolución muy lenta o por otras causas.

Hay que mencionar también a los Ammonites que no sirven para determinar con precisión la edad geológica. Entre estos están los llamados "enanos lisos", ciertamente de concha lisa, de pequeño tamaño y sin características especiales, que son casi iguales, cualquiera que sea su edad geológica. Tenemos también las formas "desarrolladas", que corresponden a Ammonites bentónicos, probablemente mejores reptadores que nadadores, y que son menos útiles para establecer "zonas" que las forman normales. En general, los Ammonites debían ser buenos nadadores, como los peces, lo cual se ha podido comprobar, indirectamente, con el estudio del moderno Nautilus, el cual, si bien no es un verdadero Ammonites, debe estar muy relacionado con ellos. Este Cefalópodo, permanece durante el día en el fondo del mar, nadando y desplazándose "a reacción", como los calamares y los pulpos, sin utilizar sus tentáculos para moverse, sino únicamente para atrapar las presas de las que se alimenta. La concha, que está llena de gas, le sirve como órgano hidrostático, para poder subir a la superficie durante la noche, pero no la utiliza para flotar indefinidamente. El hecho de que, tanto el Nautilus como los Ammonites, fuesen buenos nadadores, contribuye mucho a su gran dispersión geográfica, lo cual los hace muy útiles como fósiles de "zona", ya que un animal, que nada o flota en el mar, tiene más probabilidades de presentar una amplia distribución geográfica, que uno que se arrastra por el fondo, el cual encontrará constantemente barreras ecológicas importantes.

Esta analogía del Nautilus con los Ammonites, es importante para poder interpretar la progresiva evolución de sus tabiques. Un Cefalópodo, con una concha llena de gas, que desciende a grandes profundidades o asciende a la superficie con rapidez, es probable que explote o que quede aplastado, por la enorme diferencia de presión que ha de soportar, a menos que tenga una concha muy resistente. Los primeros Ammonoideos, de suturas muy parecidas a la del Nautilus, estaban en desventaja, puesto que la sutura, siendo la línea de unión del tabique con la concha, formaba una débil sujeción de ambos, por lo que la concha podría romperse fácilmente. En la evolución que, desde entonces se observa, pasando por los Ceratites hasta los Ammonites, asistimos fundamentalmente a una creciente complicación de la sutura, es decir, del borde del tabique, lo cual proporciona una estructura mucho más fuerte a la concha, del mismo modo que una viga es más resistente que una simple varilla de hierro. Quizás resulte, entonces, un tanto extraño, que los Ammonites se extinguieran para siempre, en el transcurso del Cretácico, mientras que el Nautilus ha persistido hasta hoy; sin embargo, hay que tener en cuenta, que la presión del agua está muy lejos de haber sido el único factor ecológico que haya contribuido a la extinción de los Ammonites.

LOS REPTILES MESOZOICOS

La clasificación de los Reptiles es la siguiente (véase la Figura 27):

clase reptilia

Sub-clase Anapsida.

Orden Chelonia (Tortugas).

Orden Cotylosauria.

(— otro Orden).

Sub-clase Lepidosauria.

Orden Squamata (Lagartos, serpientes).

Orden Rhynchocephalia.

(— otro Orden).

Sub-clase Archosauria.

Orden Thecodontia.

Orden Crocodilia (cocodrilos).

Orden Pterosauria (reptiles voladores).

Orden Saurischia \(Dinosaurios).

Orden Ormtischia /

Sub-clase Euryapsida (Plesiosaurios, etc.).

Sub-clase Ichthyopterigia (Ictiosaurios).

Sub-clase Synapsida (reptiles mamiferoides; Ambulátiles).

Ya es sabido que los Dinosaurios son los grandes reptiles del Mesozoico, que corresponden a dos grandes órdenes: Saurischia y Ornitischia, también llamados "Sauripelvíanos" y "Ornitopelvianos", por tener la estructura de la pelvis, análoga a la de los lagartos y a la de las aves, respectivamente. Esto puede parecemos una diferencia trivial, toda vez que otros reptiles, como las Tortugas y las Serpientes, presentan modificaciones en sus esqueletos, de acuerdo con sus propias necesidades Gas serpientes tienen un número casi indefinido de vértebras y carecen de extremidades pares). Sin embargo, es una diferencia esencial, que permite distinguir estos dos órdenes de Arqueosaurios.

Los Ornitopelvianos eran herbívoros, y presentan una gran variedad de especializaciones: Hypsilophodon era del tamaño de un mono, y los largos dedos de sus extremidades sugieren que tendría también alguna forma de vida arborícela, como la mayoría de los monos; Iguanodon, que fue el primer Dinosaurio reconocido como tal, era un gran Reptil que tenía el pulgar de las extremidades anteriores, terminado en una fuerte espina —una de las primeras representaciones de este animal, no sabiendo qué hacer con esta espina, nos lo presenta con la susodicha espina sobre la nariz, como si fuese un cuerno nasal.

Los Hadrosaurios tenían aspecto de patos, y probablemente vivían de la misma forma que éstos; ciertos fósiles encontrados en Norteamérica, han conservado la piel fosilizada junto con el esqueleto, y se puede ver claramente, una membrana interdigital, que los hace aún más semejantes a los patos, aunque parece que los dedos de las patas posteriores estaban libres. En cierta ocasión, se sugirió que los diferentes tipos de crestas óseas que aparecen en los cráneos de los hadrosaurios, podrían indicar un diformismo sexual, es decir, que estas crestas serían privativas de los machos; sin embargo, esto no parece ser cierto, puesto que un estudio más detallado de estos fósiles, puso de manifiesto que los dos tipos diferentes, con cresta y sin ella, eran de distinta edad geológica, lo cual haría muy problemática la reproducción de tales reptiles.

Los Stegosaurus se caracterizan por su cerebro muy pequeño, posiblemente compensado por la existencia de un centro nervioso adicional, al nivel de la cintura pelviana; estos reptiles parecen haber resuelto el problema de su defensa personal, mediante una doble serie de placas dorsales y un conjunto de espinas en la cola; los Ankylosauros en cambio, tenían una armadura ósea protectora, de tal manera que su aspecto debía ser parecido al de un Armadillo gigante, que se completaba por la cola en forma de maza. Triceratops tenía un cráneo parecido al de un Rinoceronte, pero con tres cuernos, aunque el cuerno de este animal está formado por una formación cutánea, análoga al pelo, mientras que los cuernos del Triceratops eran óseos.

Los Saurópodos o Sauripelvianos fueron tanto herbívoros como carnívoros, y presentan una notable tendencia a la estación bípeda, adaptándose algunos a la carrera hasta el punto de tener huesos huecos, como las Aves, con objeto de eliminar el peso superfluo, si bien es más probable que los movimientos de tales reptiles fuesen bruscos y rápidos, en vez de lentos y prolongados, como los de un Avestruz.

Los grandes Dinosaurios carnívoros, también eran bípedos, pero más robustos que los anteriores. A este grupo pertenecen los mayores carnívoros que han existido en la Tierra, incluido el Tyrannosaurus, cuyas mandíbulas, de más de 1 m. de longitud, estaban armadas de dientes de 15 cm., y en cambio, sus patas delanteras, muy reducidas, eran aparentemente inútiles. Los Surópodos herbívoros, no eran menos impresionantes, pues comprendían los animales terrestres de mayor tamaño que han existido: Diplodocus tenía casi 30 m. de largo, con una larga y delgada cola en forma de látigo; Apatosaurus (= Brontosaurus) medía unos 22 metros de largo, y pesaba aproximadamente 30 Tm.; Brachiosaurus, aún más corpulento, tenía 26 m. de largo y pesaría unas 50 Tm.

Las vértebras de estos enormes reptiles, estaban parcialmente huecas, para aligerar, en parte, el peso que gravitaba sobre sus patas; de todas formas, para algunos Dinosaurios, su peso parece que les impediría andar sobre tierra firme, por lo que se ha supuesto que vivían sumergidos en el agua, conservando la cabeza fuera, gracias a su largo cuello serpentiforme. Una simple relación matemática puede ilustrarnos sobre el problema que supondría para los grandes Dinosaurios, soportar su peso: una diminuta pulga, puede saltar a una altura varias veces superior a la suya, mediante sus frágiles patas, mientras que un elefante, necesita unas patas como columnas, para sostener su peso. Considerando la pulga, si cada una de sus dimensiones se dobla, su volumen (y por lo tanto, su peso), se multiplica por 8, mientras que el área de la sección de sus patas, sólo se multiplica por 4 (y por lo tanto, su resistencia). Según esto, las terribles arañas devoradoras de hombres, de las películas de ciencia-ficción, difícilmente impresionarán a un científico, pues sabe que las patas de tales arañas se romperían bajo su propio peso.

Así, pues, los grandes reptiles, necesitarían para vivir un ambiente acuático, para reducir de esta forma, el peso de sus cuerpos. Como prueba de esto, podemos ver que los orificios nasales de Brachiosaurus, ocupan una posición supera, al parecer, con objeto de que el animal pudiese respirar mientras estaba sumergido bajo el agua, como los hipopótamos y los cocodrilos. Sin embargo, se han encontrado pisadas de estos dinosaurios en el Cretácico de Paluxy River (Texas, EE.UU.), por lo que, al parecer, estos enormes animales, podían caminar por tierra firme, sobre sus patas, a pesar de su enorme peso (sin ayuda del agua), sin derrumbarse; por otra parte, la presión del agua sobre el cuerpo de un animal, a una cierta profundidad, le impide respirar por sus orificios nasales, y además, el dinosaurio no habría tenido necesidad de salir del agua para respirar, puesto que podía respirar utilizando su cuello a manera de "snorkel", estando en inmersión. Parece pues, por lo tanto, que los cuadros que nos presentan a estos dinosaurios como animales acuáticos, deben aceptarse con ciertas reservas.

Además de los Dinosaurios, había otros Arqueosaurios. Los Cocodrilos formaron un grupo preeminente en el Mesozoico y aún persisten en la actualidad, con caracteres primitivos, como la armadura de placas óseas dorsales. Se conocen fósiles desde el Jurásico y al parecer eran marinos; algunos de tamaño notablemente pequeño, no más de 30 centímetros. Los cocodrilos modernos, atrapan sus presas mediante un ataque rápido, agarrándola con sus poderosas mandíbulas y sumergiéndola en el agua para ahogarla; con este objeto, poseen un paladar secundario en la parte superior de la boca, lo cual les permite respirar manteniendo las mandíbulas y el resto del cráneo bajo el agua; en cambio, los del Jurásico, no tenían el paladar secundario bien desarrollado, aunque es posible que estuviese formado sólo por tejidos blandos. Phobosuchus del Cretácico tenía un cráneo de 2 m. de largo, y posiblemente alcanzaba 15 m. de longitud total, siendo así que, la longitud máxima de los cocodrilos actuales, viene a ser de unos 11 m.

Ciertos Arqueosaurios, los Pterosaurios, conquistaron el medio aéreo, desarrollando alas formadas por un repliegue cutáneo sujeto al cuarto dedo de las extremidades anteriores muy desarrollado, si bien, las reconstrucciones de sus esqueletos, parecen indicar mayor tendencia a planear que a volar batiendo las alas como los murciélagos o las aves. Las grotescas mandíbulas y los enormes ojos, contribuían a darles un aspecto exótico; Pteranodon, que alcanzaba una envergadura de mas de 8 m., poseía una gran cresta post-craneal. Otros Arqueosaurios que también conquistaron el medio aéreo, desarrollaron alas cubiertas de plumas, dando así origen a las Aves. De todo lo que antecede, se deduce que los Arqueosaurios invadieron prácticamente todos los habitáis posibles, aunque no tuvieron demasiado éxito en el medio marino, sin duda porque ya estaba ocupado por otros reptiles, principalmente por los Ictiosaurios y los Plesiosaurios.

Los Ictiosaurios tenían forma de delfín, con mandíbulas reptilianas, y nadaban principalmente mediante movimientos del cuerpo y de la cola; las extremidades, en forma de aletas, les debían servir más bien como órganos de dirección. Sus ojos eran muy grandes y tenían un anillo de placas escleróticas. Algunos fósiles se han encontrado en perfecto estado de conservación, y han permitido comprobar que eran vivíparos, lo cual les hace doblemente independientes de la vida terrestre.

Los Plesiosaurios, por el contrario, nadaban batiendo las extremidades en forma de aletas y tenían una cabeza pequeña en el extremo de un cuello largo y flexible. En el estómago de algunos plesiosauros fósiles, se han encontrado cierto número de piedras pulimentadas, que debieron ser ingeridas por estos animales, con el propósito de ayudar a triturar los fragmentos de comida más duros. Otros reptiles marinos fueron los Mosasaurios o grandes lagartos marinos del Cretácico, y las modernas serpientes marinas. Las Serpientes u Ofidios son, en conjunto, más frecuentes en la Era Terciaria que en el Cretácico y, al parecer, derivan de los primitivos lagartos.

Nos quedan por considerar tres grupos importantes de reptiles mesozoicos: los Quélonios (tortugas), los Synápsidos (reptiles "mamiferoides" o Ambulátiles) y los Rincocéfalos. Los Quélonios, aunque nos resulten familiares, son en muchos aspectos unos reptiles extraordinarios. Su estructura esquelética es, fundamentalmente, la misma de cualquier reptil; pero protegiendo el cuerpo, por encima y por debajo, poseen una coraza o "armadura" de placas óseas recubiertas por otro conjunto exterior de placas córneas, que no suelen coincidir con las anteriores, ya que esto haría más débil la "armadura". Este caparazón exterior, es el que se utiliza en joyería y en ciertos trabajos ornamentales de artesanía. Podemos preguntarnos, cómo se ha llegado a formar este caparazón de las tortugas y, en general, su esquelto completo: Los primeros Quélonios que se pueden reconocer como tales, proceden del Triásico, como Triassochelys, y se asemejan a sus antecesores, los Cotilosaurios; incluso tienen dientes, que se pierden en los posteriores, y existen dudas respecto a si estas primitivas tortugas, podrían ocultar la cabeza, las extremidades y la cola, debajo del caparazón, pero lo que si es cierto, es que el caparazón aparece ya claramente formado, y que el esqueleto interno estaba unido a él. Los Quélonios posteriores han sido muy numerosos y variados: algunos han alcanzado grandes dimensiones, como Testudo atlas del Plioceno, que medía casi 3 m. de largo; algunas tortugas se han adaptado al ambiente acuático e incluso a la vida en el mar, aunque lógicamente, siguen respirando el aire como los demás reptiles. Los Quélonios no han sido desplazados ni sustituidos por la aparición de los Mamíferos, a partir del Cretácico, como ha ocurrido con otros grupos de Reptiles.

Los Rincocéfalos tienen cierta importancia, por comprender una especie actual, el famoso Sphenodon o "tatuara", que vive en las islas próximas a Nueva Zelanda. El grupo es principalmente mesozoico; su único representante actual, auténtico "fósil viviente", es un animal de pequeño tamaño, parecido a un lagarto, y aún conserva en la parte superior del cráneo, una abertura u "ojo pineal", que es un órgano sensible a la luz, heredado de los peces primitivos; viene a ser como un "ojo" adicional a los dos normales.

Los Reptiles Sinápsidos forman un amplio grupo que se desarrolló principalmente en el Permo-triásico con formas primitivas como Dimetrodon, el famoso reptil que tenía una cresta dorsal en forma de "vela", cuya función no está suficientemente aclarada, y al final del Triásico, los Ictidosaurios, grupo de Reptiles cuyas relaciones con los Mamíferos presentan un gran interés, y que ya fueron estudiados en el Capítulo 2.

Resumiendo la historia de los Reptiles en el Mesozoico, podemos decir que llegaron a conquistar los tres medios ambientales básicos de la tierra, el mar y el aire. Sin embargo, esta conquista no fue probablemente tan radical como la de los Mamíferos en la actualidad, porque los Reptiles, al no tener (o sólo en muy pequeño grado) regulación térmica interna, se vuelven lentos y débiles con las temperaturas bajas, mientras que los mamíferos y las aves pueden sobrevivir normalmente. Sin embargo, la estructura de las costillas en ciertos Sinápsidos sugiere cierta capacidad para la respiración rítmica, lo cual podría significar ya un principio de regulación térmica interna, asociada normalmente a los mamíferos y a las aves y, puesto que los reptiles son los antecesores indudables tanto de unos como de otros —y también del hombre—, bien puede decirse que fueron los responsables del desarrollo actual de todos los Vertebrados terrestres actuales. Muchos de los reptiles eran de gran tamaño; el tamaño medio de los Arqueosaurios es de 5 a 7 m. Algunos eran de forma muy extraña; del estudio de los esqueletos, se puede llegar a deducir el modo de vida de la mayoría de los reptiles, pero algunos eran realmente extraños: por ejemplo, es muy difícil comprender el modo de vida de Tanystropheus, con su largo cuello serpentiforme, cuyas vértebras son tan diferentes de las del resto del cuerpo, que inicialmente fueron descritas como pertenecientes a un animal distinto. También resulta difícil comprender cómo podrían levantar el vuelo ciertos reptiles voladores, si es que alguna vez se posaban en el suelo, con sus débiles y cortas extremidades posteriores, o más bien permanecían en la posición de los murciélagos con la cabeza hacia abajo, colgados de una roca o de una rama; tal vez, como los Albatros, se posaban en el suelo lo menos posible.

Y no podemos dar por terminado el tema de los reptiles mesozoicos, sin mencionar siquiera a los Profesores norteamericanos marsh y cope, del siglo XIX, cuya rivalidad en las excavaciones en busca de Dinosaurios, debió regocijar a los paleontólogos de su época, llegando, como de hecho ocurrió, desde publicar cartas insultantes uno a otro, hasta batallas campales entre los partidarios de cada uno de ellos, en los yacimientos de fósiles.

OTROS VERTEBRADOS MESOZOICOS

A pesar de todo, los Reptiles no fueron los únicos Vertebrados que se desarrollaron en el Mesozoico; a parte de los Peces y Anfibios, aparecen las Aves y los Mamíferos. Ya hemos tratado sobre el origen de las Aves en el Capítulo 2, y a partir de su aparición, fueron desplazando lentamente a los Reptiles durante el Cretácico. Las Aves son muy conservadoras en lo que se refiere a la estructura del esqueleto, conservando muchas características reptilianas, con ligeras molificaciones; también es interesante señalar, que ya en el Cretácico, existió un ave de alas atrofiadas, Hesperornis que no podía volar en absoluto.

Los Mamíferos no fueron tan rápidos en su evolución como las aves y tardaron más en establecerse. Aparecen en el Triásico superior o en el Jurásico inferior (según lo que entendamos por "Mamífero"), y los siguientes restos que se han encontrado proceden ya del Jurásico superior, aún insignificantes en comparación con sus vecinos los Reptiles; es de lamentar, que los curiosos ovíparos australianos, Platypus (Ornitorrinco) y Echidna, no tengan, prácticamente, antecesores fósiles, aunque se supone que, por su estructura en parte reptiliana, debieron originarse en el Triásico. El resto de los Mamíferos, puede distribuirse en dos grupos básicos: los Marsupiales o Mamíferos con "bolsa", como los Canguros, y los Placentados, que tienen placenta, dentro de la cual se desarrolla la cría completamente, hasta el momento de su nacimiento, característica de la mayoría de los Mamíferos actuales, incluido el hombre. Ambos datan del Cretácico superior, con predominio probablemente de los Marsupiales, en aquella época.

Una ojeada a los Mamíferos del Mesozoico medio (que nos sirve también para resaltar la escasez de sus restos fósiles, por el escaso desarrollo de los Mamíferos en el Cretácico inferior), nos llevaría al Jurásico superior, época a la que corresponden los yacimientos de la Isla de Purbeck, en Inglaterra: eran de pequeño tamaño, de menos de medio metro de longitud; algunos parecen haber sido carnívoros, y uno de ellos, presenta una dentición análoga a la de los Roedores; es probable que pudiesen trepar a los árboles, sin duda, con objeto de roer la corteza y los frutos. A ciencia cierta, no se sabe si estos animales ponían huevos, aunque la estructura de su esqueleto, parece indicar que ya habían superado esta etapa evolutiva. El lecho fosilífero asociado a este yacimiento, se denominó con notable optimismo "capas de Mamíferos", para confusión de los pocos expertos en trabajos de campo, ya que no se han vuelto a encontrar restos de Mamíferos desde 1856. Ninguno de los Mamíferos fósiles de esta época, se puede incluir en los tres grupos de Mamíferos actuales, y sólo uno de ellos, característico por su dentición parecida a la de los Roedores, sobrevivió hasta comienzos de la Era Terciaria; todos eran de pequeño tamaño, sin duda, para pasar inadvertidos a los terribles Dinosaurios carnívoros

LOS INSECTOS FÓSILES

Notemos en primer lugar, que aunque los Vertebrados fósiles son muy numerosos, referidos al número de especies —hay casi tantas especies de Vertebrados fósiles como actuales—, son realmente los Invertebrados los que por regla general se encuentran fósiles, debido al gran número de individuos que comprenden. Según esto, cabría esperar que los Insectos, que exceden en número de especies actualmente a cualquier otro grupo biológico, fuesen igualmente abundantes como fósiles. Sin embargo, pese al duro caparazón que los recubre, su pequeño tamaño y su fragilidad, disminuyen notablemente su capacidad de fosilización, y por ello, probablemente el número de especies de Insectos fósiles, en una determinada época de la Historia de la Tierra, no refleja su abundancia y diversidad, sino que más bien es consecuencia de su escasa probabilidad de fosilizar, por lo que es muy raro que los encontremos en los yacimientos. Los caracteres evolutivos básicos de los Insectos, debieron manifestarse ya en el Paleozoico, y luego, en el Mesozoico, probablemente, estos caracteres no hicieron más que desarrollarse.

EL FINAL DE LA ERA SECUNDARIA

Cuando echamos un vistazo al conjunto de la vida en la Era Mesozoica, la primera cuestión que se nos plantea es ésta: ¿por qué la vida, tan próspera en esta época, vino a tener un final tan catastrófico, al final del Cretácico? Podríamos decir, para abreviar, que nadie conoce la respuesta a esta pregunta. Cuando se trata de interpretar conchas o huesos fósiles, es relativamente fácil responder a un problema concreto planteado, mediante la investigación directa; pero el problema de la extinción masiva, no se presta a una descripción o investigación directas, porque intervienen en él demasiados factores, como son las interrelaciones de unos animales con otros, las variaciones climáticas, etc., que han dejado muy pocas huellas, para poder responder a una cuestión tan fundamental. Por poner un ejemplo, se puede exponer el caso del caballo (Equus), que vivió en Norteamérica durante el Cuaternario antiguo, se extinguió posteriormente y volvió a extenderse ampliamente, cuando fue de nuevo importado por los colonizadores: se trata de un fenómeno difícil de explicar, a pesar de ser tan reciente.

Hay un gran número de teorías, sobre la extinción de los Dinosaurios, algunas tan extravagantes, como la que pretende que murieron de "estreñimiento", a causa del cambio de vegetación, ya que en el Mesozoico abundaban los helechos, bien conocidos por sus propiedades laxantes, que son mucho más escasos en el Terciario. Pero si nos atenemos a los hechos, tal como se conocen, cualquier solución debe tener en cuenta los siguientes puntos:

a) Aunque es cierto que los Dinosaurios se extinguieron al final del Cretácico, no ocurre lo mismo —al menos exactamente— con otros grupos de Reptiles: algunos ya se habían extinguido con anterioridad, como es el caso de los Ictiosaurios, mientras que otros sobreviven en el Terciario, y muchos grupos llegan hasta la actualidad (Lagartos, Tortugas, Cocodrilos, Rincocéfalos). Sin embargo, los Pterosaurios y los Plesiosaurios, sí se extinguieron junto con los Dinosaurios.

b) Las Aves y los Mamíferos, en cambio, no se extinguieron al final del Cretácico, y se desarrollaron ampliamente en el Terciario.

c) En el mar, sólo fueron afectados algunos grupos de Invertebrados: los Ammonites, Belemnites y Rudistas, pero otros Moluscos bivalvos, los Gasterópodos, Nautiloideos, Equinodermos, Corales, Braquiópodos, Briozoos, etc., sobrevivieron, y los Peces tampoco fueron muy afectados por esta crisis del Cretácico superior.

d) Los vegetales no presentan profundos cambios en esta época; para entonces, ya había tenido lugar la gran expansión de las Angiospermas o plantas con flores.

A pesar de todo, la súbita desaparición de tantas formas de vida, casi al mismo tiempo, requiere una explicación.

En relación con estos cambios, resulta del mayor interés al estudio de las secuencias de sedimentos, depositados en esta época: con frecuencia se puede comprobar que los sedimentos neríticos, de plataforma continental, pasan a ser claramente continentales, o que desaparecen de las series estratigráficas, perdiéndose por completo. De esta forma, resulta que una secuencia de sedimentos marinos, completa, en el tránsito del Cretácico al Terciario, es de gran valor para la investigación (puesto que los fósiles continentales suelen ser raros y pocas veces permiten una datación precisa); pero tales secuencias, suelen estar formadas por sedimentos de gran profundidad, donde los fósiles son también escasos. A pesar de todo, se conocen algunas series bastante completas, de materiales de plataforma, que reflejan una sedimentación continua, en las que puede estudiarse esta variación biológica, por los fósiles que contienen.

Los mismos problemas del tránsito del Mesozoico al Terciario, los encontramos en el paso del Paleozoico al Mesozoico, y los que han estudiado las escasas secuencias estratigráficas marinas, en el Permo-Triásico, hacen notar los repentinos cambios que experimentan los grupos biológicos mayores.

Cualquier hipótesis que pretende explicar esta "crisis" que tiene lugar, en el tránsito de una a otra Era, debe tener en cuenta los hechos que hemos mencionado, y por lo que se refiere a la crisis Cretácico-Terciario, ninguna explicación parcial resulta convincente; parece como si el desarrollo de los Mamíferos en el Terciario, hubiese tenido como objetivo, llenar los "vacíos" dejados por los Reptiles, sin que propiamente llegase a establecerse una "lucha" o competencia entre ambos grupos de Vertebrados, de la que hubiesen triunfado los Mamíferos.

Posiblemente, un proceso originado en el interior del globo terráqueo, fue causa de que los fondos oceánicos —al menos en ciertas zonas— se hundiesen ligeramente, provocando así, un desplazamiento de las aguas, desde las plataformas continentales a estas zonas, lo cual provocaría la extinción de la fauna que se desarrollaba sobre la plataforma; aunque no se comprende bien, cómo pudo afectar este fenómeno a la vida que se desarrollaba en los continentes.

En general se tiende a considerar al universo estático, pero no tenemos ninguna garantía de que esto sea cierto. Por ejemplo, la explosión de una supernova (una estrella que, repetidamente, aumenta su luminosidad al explotar), dentro de nuestra galaxia, pudo originar radiaciones de efectos letales, similares a los que tendría una guerra nuclear, aunque ciertamente, estas radiaciones se debilitarían al atravesar la masa de agua. La última explosión de una supernova en nuestra galaxia, tuvo lugar en el año 1604, afortunadamente bastante alejada de nosotros, pero no tanto que no pudiese ser observada a simple vista; y la supernova de 1054, registrada en el lejano Oriente, fue visible incluso a la luz del día. Es posible, por lo tanto, que otras supernovas más cercanas a la Tierra, hayan expuesto a nuestro planeta a la acción de partículas subatómicas, varias veces, a lo largo de la Historia Geológica. Los Astrónomos que han estudiado la distribución del hidrógeno en nuestra galaxia, han podido detectar la presencia de una gran masa de este gas, viajando por las proximidades de la Tierra a 50 km./segundo, que aparentemente sería el resto de la explosión de una supernova ocurrida hace 30 millones de años; el hidrógeno puede haberse enrarecido extraordinariamente, durante el tiempo que ha tardado en llegar hasta nosotros, pero la luz (que nos habría llegado apenas después de unos 30.000 años), y las partículas subatómicas (que habrían llegado poco después), pueden haber llegado a ser realmente muy intensas; por otra parte, el tránsito del Cretácico al Terciario, ocurrió hace 60 ó 70 millones de años. Nuestro objeto ha sido, simplemente, hacer notar que, mientras las radiaciones que ahora recibimos del espacio exterior, son muy débiles y no parece que ejercen ningún efecto apreciable sobre la vida en la Tierra, no podemos asegurar que esto haya sido siempre así en el pasado.

OTRAS EVIDENCIAS DE VIDA EN EL MESOZOICO

Con cierta frecuencia leemos noticias de fósiles significativos del Mesozoico. Una de estas ocasiones, fue el descubrimiento de un "nido" con huevos de Dinosaurios, en el Desierto de Gobi (Mongolia), por la expedición del Prof. R. C. Andrews, algunos de los cuales contenían incluso restos del embrión de un Reptil, Protoceratops, al parecer relacionados con los famosos dinosaurios de tres cuernos, Triceratops.

Otro ejemplo de este tipo, fue el descubrimiento en unas areniscas, en Alemania, de huellas de un gran Reptil, junto a otras más pequeñas atribuidas a un Insecto; y algo más adelante, en el mismo rastro, la siniestra presencia de sólo unas huellas, las grandes.

 
Introducción a la PALEONTOLOGÍA