James Scott
 

8 - La Era Cuaternaria

"¿De qué seno sale el hielo?" — job. 38:29.

La Era Cuaternaria difiere de la Terciaria, principalmente, por la existencia de enormes glaciares que cubrieron extensas regiones de globo terráqueo. El desarrollo de la vida en esta Era, no es una simple prolongación de la del Terciario, sino que tiene especial interés por una serie de circunstancias:

a) la gran talla de los Mamíferos;

b) la existencia de especies ahora extinguidas, pero que fueron contemporáneas de los primeros hombres;

c) la aparición del hombre;

d) las reacciones de los seres vivos, ante las repentinas y profundas fluctuaciones del clima en esta Era.

Antes de tratar con detalle estas cuestiones, debemos considerar el caso que ha llegado a ser clásico, de las variaciones de las faunas de Moluscos en el Mar Báltico, y de su reacción ante los acontecimientos que tuvieron lugar durante e retroceso de la última glaciación. Durante ésta, en las épocas de máximo rigor del clima todo d Noroeste de Europa estuvo cubierto por una enorme capa de hielo, 1 embargo, en los últimos años, el hielo fue disminuyendo, como consecuencia de la elevación de la temperatura ambiente, que continúa en la actualidad, y las siguientes observaciones corresponden a las últimas etapas de este retroceso del hielo.

1) Durante una de las últimas fases de la regresión glaciar en Escandinava, se formó un lago de origen glaciar donde ahora está situado el Mar Báltico, que se fue llenando de agua procedente de la fusión del hielo, hasta que desbordó por el Sur de Suecia comunicando con el Mar del Norte. En el Suroeste de Suecia, se han encontrado morsas y osos polares fósiles; estas especies viven actualmente en Spitzberg, en Groenlandia y en las regiones árticas de la U.R.S.S.

2) En la fase del Mar de Yoldia, aproximadamente 8.000 años antes de Cristo, encontramos en el Suroeste de Suecia, yacimientos de estos Moluscos, característicos de aguas salobres y más frías que las actuales, aunque no tanto como en la fase ártica anterior. El Mar de Yoldia ocupó gran parte del área báltica, uniéndose al Mar del Norte y al Atlántico, a través de la región meridional de Suecia, y caracterizándose por la presencia del Molusco bivalvo Yoldia, al que debe su nombre.

3) En la fase de Ancylus, el Báltico volvió a ser un gran lago poblado por este Gasterópodo de agua dulce al que debe su nombre. Este cambio fue consecuencia del levantamiento de Escandinavia, ocasionado por el deshielo del casquete glaciar que la cubría: el levantamiento de la corteza terrestre, es más lento que la fusión del hielo, de forma que aquél se produce con cierto retraso, y Escandinavia aún se está elevando en la actualidad, a razón de 1 cm. por año. En la costa suroeste de Suecia, se encuentran fósiles de moluscos marinos, que indican una temperatura del Atlántico similar a la actual.

4) El Mar de Littorina ocupaba, aproximadamente, la misma extensión que actualmente ocupa el Báltico, y su nombre se debe a este Gasterópodo que actualmente vive en las costas atlánticas. La invasión del mar en el lago de Ancylus, se debió a la elevación del nivel general del océano, a causa del aumento de volumen de agua por la fusión de los glaciares, que fue más rápido que la elevación de Escandinavia al disminuir la presión del hielo. El deshielo debió producirse como consecuencia de la elevación de temperatura media, en una época aproximadamente 5.000-2.000 a. C, cuando la temperatura era de unos 2° C. superior a la actual, y el nivel del mar estaba más elevado. El género Littorina se encuentra fósil en regiones más internas del Báltico que en la actualidad lo cual nos indica que el Mar de Littorina era más salado que el Báltico actual; además, otras especies de Moluscos, que aún persisten en el Báltico, eran entonces de mayor tamaño, como corresponde a un ambiente más marino, lo cual se puede comprobar actualmente, observando que las conchas del Atlántico son también mayores que las del Báltico. Por otra parte, ciertas especies de Moluscos, hoy frecuentes en las costas de las Islas Británicas y Escandinavia, vivían más al Norte, en Spitzberg, durante esta época de clima más benigno.

5) Hoy, después de sucesivas variaciones de su salinidad, el agua del Báltico es menos salina que en la época de Littorina, siendo de carácter más marino en aguas de Dinamarca, y casi de agua dulce en las bahías del interior, de forma que, en su parte Norte, se congela durante el invierno.

Los cambios climáticos durante el Cuaternario, se ponen de manifiesto de muy diversas maneras; una de ellas, es la historia del Mar Báltico que acabamos de referir, y con frecuencia encontramos datos análogos que proceden del estudio de los Moluscos fósiles, aunque estos datos suelen ser indirectos. También el estudio de los Mamíferos fósiles, puede darnos indicaciones precisas, y de hecho, todos los fósiles pueden considerarse como indicadores de estos cambios ambientales durante el Cuaternario. La conclusión general a la que se llega, es que, durante el Cuaternario, el hielo se extendió periódicamente en amplias áreas, y que ahora se encuentra en una fase de retroceso, aunque aún existen extensiones importantes cubiertas por el hielo, en Antártida, Groenlandia y otras regiones, sin que se pueda asegurar si el hielo volverá o no, a ocupar la extensión que anteriormente tuvo.

Posiblemente resultará una sorpresa para el principiante, saber que la mayor parte de Canadá estuvo cubierta de hielo, que el Atlántico Norte estuvo invadido por témpanos flotantes, entre las Islas Británicas y Norteamérica; que el actual glaciar del Ródano, en los Alpes, tuvo entonces una longitud de 160 Km. (actualmente tiene apenas 13 kilómetros), llegando hasta Lyon, y que las montañas de Australia y Tasmania también tuvieron sus correspondientes glaciares.

Los fósiles no suelen probar la existencia del hielo, pero en cambio, aportan datos sobre cambios ambientales, en la forma que ahora veremos, y la existencia de grandes glaciaciones se puede deducir de la presencia de fósiles que acusen estos cambios ambientales:

1. La temperatura del agua fría se puede calcular a base del estudio de las proporciones de isótopos del oxígeno en los fósiles (véanse las páginas. 39-40).

2. La distribución de especies y subespecies no extinguidas, conociendo sus condiciones ecológicas actuales, proporciona datos sobre el clima.

3. La distribución de géneros (y ocasionalmente, de grupos sistemáticos de mayor categoría), no extinguidos, condicionada por la latitud geográfica, también proporciona datos sobre estas condiciones en el pasado (véase la página 136).

4. Los procesos de atrofia y otros trastornos fisiológicos, ocurren como consecuencia de los cambios ambientales.

Sin embargo, se tropieza con muchas dificultades, cuando se trata de interpretar los cambios de temperatura mediante el estudio de los fósiles; entre otras:

A) Los fósiles pueden ser transportados y de nuevo sedimentados, quedando asociados a rocas de edad geológica distinta de la suya propia;

B) rara vez se encuentran los fósiles en el mismo sitio donde vivían los organismos: los restos vegetales flotan, las conchas son frecuentemente arrastradas por las corrientes litorales, los cadáveres de vertebrados terrestres pueden ser arrastrados hasta el mar, y sus huesos pueden depositarse en un ambiente que no les corresponde;

C) las especies pueden cambiar de ambiente, aunque esto no ocurra con frecuencia, ya que normalmente, un cambio ambiental provoca la aparición evolutiva de nuevas especies.

Además, la evidencia de cambios de temperatura, puede no ser siempre un indicio de la existencia de una glaciación, puesto que,

a) una glaciación se produce cuando simultáneamente tienen lugar, un descenso de la temperatura y un aumento de las precipitaciones, pero no por un simple enfriamiento del clima; así ocurre, que siendo Siberia más fría que Islandia, los glaciares están más desarrollados en esta última, por tener un clima más húmedo, mientras que en Siberia es más seco);

b) El descenso de la temperatura del agua del mar, puede ser consecuencia de un descenso en el nivel del mar, que hace aflorar obstáculos que impiden la circulación de las corrientes de agua templada; o bien por una elevación del nivel del mar, que puede dar origen a la apertura de estrechos que dejan pasar las corrientes frías;

c) el agua fría es más densa y, por lo tanto, se acumula en los fondos oceánicos, por lo cual, la temperatura del agua del mar puede descender, si el mar se hace más profundo, aunque el clima permanezca constante.

De todo lo que antecede, resulta sorprendente que los fósiles puedan, a pesar de todo, usarse como indicadores de temperaturas en épocas pasadas; sin embargo, mediante un trabajo paciente, y con un amplio conocimiento de los hechos, el paleontólogo puede llegar a conclusiones, a base de considerar simultáneamente todo el conjunto de pruebas. Estas conclusiones, rara vez se basan en el estudio de una sola especie, ya que sería probable cometer graves errores; en cambio, si se consideran muchas especies fósiles, pueden deducirse varias conclusiones sobre el medio ambiente en que vivían.

Además, existen otros indicios que no proceden de los fósiles, como son las estrías glaciares o los depósitos de sal, y de todo ello resulta que las glaciaciones periódicas, durante el Cuaternario, se pueden considerar como definitivamente establecidas, y aunque pueden existir variaciones locales, que complican la cuestión, en líneas generales, el proceso está suficientemente claro. Así, por ejemplo, en los Alpes han existido 4 glaciaciones principales, mientras que en las Islas Británicas sólo ha habido 3. La Antártida, aunque ahora estemos en un período interglaciar, sigue cubierta por un casquete de hielo, de manera que allí no han existido propiamente períodos interglaciares, y puede darnos un ejemplo, de cómo pueden faltar ciertos indicios de glaciares durante el Cuaternario.

En realidad, los principios antes mencionados, pueden aplicarse a la Era Cenozoica en conjunto, y es interesante comprobar cómo va descendiendo la temperatura, a partir del Eoceno, como si fuese preparándose para las próximas glaciaciones del Cuaternario. Un libro de Paleontología no es lugar adecuado para discutir las causas de las glaciaciones o de su periodicidad; basta decir que hay numerosas hipótesis sobre este asunto, que varían, desde el pretendido enfriamiento del sol, hasta la deriva continental y los efectos causados por las corrientes oceánicas. Por su parte, los fósiles son tan mudos para esclarecer estas cuestiones, como elocuentes para demostrar las consecuencias de las glaciaciones.

LOS MAMÍFEROS

Desde el punto de vista evolutivo, los Mamíferos del Cuaternario son simplemente la continuación de los de la Era Terciaria, pero vale la pena hacer algunas observaciones adicionales, sobre algunos muy divulgados, bien sea por su gran tamaño o por sus especiales relaciones con el hombre. El gran tamaño de los Mamíferos del Cuaternario, es un asunto difícil de interpretar: ante todo, no es fácil decidir lo que debe entenderse por "gran tamaño", pues aunque muchos Mamíferos cuaternarios han sido de mayor talla que sus antecesores terciarios, esta tendencia al aumento de tamaño es más bien confusa, y en conjunto, la talla media de los Mamíferos del Cuaternario, puede haber disminuido respecto a los del Terciario, debido a la preponderancia de los Roedores: el mayor Mamífero terrestre que ha existido, el Baluchitherium, corresponde al Terciario. De todas formas, es sorprendente, cómo existen tantos Mamíferos que tengan parientes gigantescos en el Pleistoceno, pero lo cierto es que los Mamíferos de pequeño tamaño, también pueden sobrevivir en climas fríos y, en cualquier caso, el frío intenso es sólo una característica temporal y variable del Cuaternario. De todas formas, podemos indicar los siguientes ejemplos de Mamíferos gigantescos cuaternarios:

Entre los Marsupiales, el Diprotodon era parecido al Wombat actual, pero del tamaño de un rinoceronte, tan grande, que sus huesos se confundieron con los de un elefante.

Entre los Primates, el gigantesco "hombre-mono" Meganthropus del Pleistoceno de Java, pero los restos fósiles encontrados son muy incompletos, y podría tratarse simplemente de un individuo especialmente corpulento de Homo (Pithecanthropus) erectus.

Entre los Artiodáctilos destaca el Alce irlandés, Megaceros, que era un ciervo gigante provisto de las mayores astas conocidas, que podían llegar a medir hasta cerca de 4 m. de envergadura. Que el hombre primitivo lo llegó a conocer, es evidente por las pinturas rupestres de Cougnac (Francia), que datan probablemente del año 15.000 a. C., y se encuentra desde Irlanda hasta Siberia. El Alce americano y su congénere europeo, son la misma especie Alces alces, mientras que el Alce irlandés, pertenece al género Magaceros y propiamente no es un "Alce". El Bisonte americano que vivió durante el Pleistoceno, llegó a tener cuernos de más de 3 m. de envergadura.

Los Desdentados, mamíferos con dentición reducida, que se han desarrollado principalmente en Sudamérica, comprenden, entre otros, Glyptodon, una especie de Armadillo gigante, que llegó a tener 3 m. de largo y debió ser uno de los mayores animales acorazados post-mesozoicos; un género afín, Doedicurus, tenía la cola en forma de maza, notablemente similar a la de los Ankylosauros del Cretácico. Megatherium, el Perezoso gigante, llegó a alcanzar 6 m. de largo, un tamaño similar al de ciertos Dinosaurios; otro perezoso gigante, Grypotherium, se encontró en una caverna de Patagonia, y las condiciones del yacimiento sugieren que estos animales pudieron haber sido criados en rebaños por el hombre, y sacrificados para alimentarse con su carne, hace algunos siglos.

Entre los Proboscídeos, el "Mastodonte" americano, no era excesivamente grande, para lo que es corriente entre los elefantes; el "Mamut" (Mammuthus primigenius), tampoco era mayor que los elefantes actuales, pero tenía la piel cubierta de largo pelo, parecido al "yak", con una enorme cabeza y colmillos descomunales y retorcidos. En cambio, el "Elefante antiguo", Palaeoloxodon antiquus, llegó a medir más de 4 m. de altura, mientras que los mayores elefantes africanos apenas alcanzan 3,4 m.; un ejemplar hallado en Inglaterra, midió 4,18 m., y no era todavía adulto .

Los Carnívoros comprenden varias formas importantes: el famoso "oso de las cavernas", Ursus spelaeus, sólo era algo mayor que los osos actuales; el "tigre de dientes de sable", Smilodon, tampoco era mayor que los tigres actuales, y sus patas cortas y fuertes sugieren que se trata de un animal que cazaba al acecho, en vez de atacar a sus presas como los felinos actuales. En el Pleistoceno inferior del viejo mundo, vivió un Guepardo gigante, Acinonyx jubatus, del que descienden los guepardos actuales que, aunque no muy grandes, son los animales terrestres más veloces.

Los Roedores no han sido nunca muy grandes, pero Eumegamys del Pleistoceno de Sudamérica, bien pudo alcanzar la talla de un buey, o en tono caso, un tamaño mayor que el mayor roedor actual, el Capybara, que mide más de un metro de largo.

No debe extrañar que hayamos omitido muchas formas de la lista anterior; los caballos y las ballenas, presentan actualmente su mayor tamaño, y otros órdenes de Mamíferos, desarrollaron sus formas gigantes en el Terciario. En cambio, los felinos que se desarrollaron notablemente en la línea evolutiva de los "dientes de sable", han sido reemplazados en la actualidad por otros que no están directamente emparentados con ellos, y que tienen una talla similar.

Más sorprendente que la talla desacostumbrada de los Mamíferos cuaternarios, es el hecho de que se hayan extinguido en la actualidad, sin que existan razones convincentes para ello, pues aunque la acción predadora del hombre puede haber influido en algunos casos, no ha sido éste el único factor.

Los camellos y los caballos, son oriundos de Norteamérica, y se extendieron por el Viejo Mundo, atravesando el "istmo de Behring" que reemplazó al actual estrecho durante gran parte del Cuaternario, desarrollándose aquí cuando ya se había establecido el hombre; sin embargo, se extinguieron en Norteamérica, y ya no existían cuando llegaron los primeros pobladores, siendo introducido posteriormente el caballo por los colonizadores, tanto en Norte como Sudamérica, desarrollándose de nuevo en su propio ambiente. Es indudable que el hombre ha cazado los caballos para alimentarse, como lo demuestra el haberse encontrado miles de esqueletos, al pie de un acantilado de 300 m. en Francia, a donde eran conducidos por los cazadores para despeñarlos, y existen muchos ejemplos de extinciones de especies, que se han debido claramente al hombre, sobre todo entre ciertas Aves que no vuelan: las plumas del "Moa", un Ave de Nueva Zelanda parecida al Avestruz, se encontraron adornando las empalizadas de los poblados nativos, por los primeros exploradores blancos, aunque nunca pudieron ver un "Moa" vivo. El "Dodo" desapareció de su último refugio en la Isla Mauricio, en pleno siglo XVII, como consecuencia de la llegada a dicha isla, de marinos europeos, que no tenían otra cosa mejor de qué alimentarse. El último lobo, en Inglaterra, fue cazado en el año 1743.

Sin embargo, algunos Mamíferos se extinguieron al principio del Pleistoceno, cuando los hombres eran poco numerosos y demasiado primitivos para que pudiesen ejercer cualquier tipo de influencia en las condiciones ecológicas del ambiente; actualmente se trabaja en el estudio de diversos factores que han podido influir en la extinción de grupos biológicos: factores climáticos, geográficos, relaciones predador/presa, y simple competencia entre tipos biológicos semejantes, con el triunfo de los mejor desarrollados.

Desde nuestro punto de vista, resulta especialmente interesante la prueba de la coexistencia del hombre primitivo, con animales ya extinguidos o relegados a otros ambientes lejanos. Por ejemplo, en la caverna de Kent, en Inglaterra, existen dos accesos: en uno de ellos se encuentran pruebas de la presencia del hombre paleolítico, mientras en la otra entrada encontramos los típicos huesos roídos y fragmentados por las hienas, junto con restos de estas mismas hienas y de un refugio de lobos. No suele ser fácil establecer la contemporaneidad exacta de sucesos en Paleontología, pero se ha pretendido que, las gruesas capas de carbón encontradas en una galería, que separa las partes de esta cueva ocupadas por el hombre y por las bestias, son el resto que ha quedado de una barrera de fuego, establecida por el hombre, para mantener a las hienas y los lobos en el exterior, mientras ellos habitaban la cueva, facilitándoles tal vez, una reserva de caza, cuando el alimento escasease en invierno. Todo esto puede parecemos una existencia horriblemente precaria, pero de cualquier forma, resulta evidente que el hombre, las hienas y los lobos, vivieron simultáneamente en este tranquilo rincón de Inglaterra, durante el Pleistoceno.

La prueba definitiva de la coexistencia del hombre con los mamíferos ya extinguidos, nos la proporcionan las cuevas con pinturas rupestres en Francia y en España, de finales del Pleistoceno, en las que se pueden reconocer, ejecutadas por una mano maestra, imágenes del Mamut y del Rinoceronte lanudo, junto a otras especies aún no extinguidas, pero que ya no se encuentran en estas regiones, como son el Bisonte, la Hiena y el Reno, aunque sin duda eran familiares a los artistas del Paleolítico en Francia y en España. Actualmente, el Bisonte sólo se encuentra en Europa oriental, la Hiena ha quedado relegada a Asia y África, y el Reno ha emigrado hacia el Ártico.

EL HOMBRE FÓSIL

La documentación fósil humana es realmente decepcionante. Sus fósiles son escasos y sus comienzos resultan difusos; continuamente se publican trabajos en los que se discute la nomenclatura y la datación de los fósiles humanos, pero en resumen, se puede concluir que la historia del género Homo coincide aproximadamente con la Era Cuaternaria, y que la especie Homo sapiens queda limitada al Pleistoceno superior y a la época reciente, a pesar de que últimamente se ha sugerido, que el género Homo podría haber estado presente en el Plioceno superior de Kenia.

Los cambios estructurales acaecidos en los Primates, que dieron origen al hombre, son los siguientes:

1) incremento de la capacidad craneal, en términos generales, desde 500 ce. a 1.500 ce., en forma progresiva;

2) desarrollo del mentón, hasta originar la mandíbula cuadrada del hombre moderno;

3) adquisición progresiva de la posición erguida del cuerpo;

4) reducción del tamaño de los caninos;

5) tendencia hacia la vertical, en el perfil facial, como consecuencia del desarrollo de la frente;

6) disminución de los arcos superciliares, que ocupan la posición de las cejas.

Estas y otras modificaciones estructurales en el hombre, reflejan la tendencia a caminar erguido, correr y trepar, indicando el abandono de la vida en la selva, y una adaptación mental, creciente, a las peculiaridades de la vida social.

El estudio del hombre fósil es por sí mismo una empresa bastante difícil y no se consigue precisamente facilitarlo, con la intervención de ciertos bromistas. El llamado "hombre de Piltdown" de Sussex (Inglaterra), con el que estaban obsesionados los libros de texto de los años 40, se demostró que era una asociación fraudulenta de la mandíbula de un chimpancé con un cráneo humano, ni siquiera tan antiguo como se pretendía. Por otra parte, se ha dicho del hombre de Neanderthal, que caminaba en posición encorvada, lo cual contribuye a su apariencia bestial en las reconstrucciones, cuando la realidad es que, esta falsa apariencia se debe a que uno de los esqueletos estudiados, estaba afectado de osteoartritis; de hecho, lo más probable es que caminase erguido como nosotros. Se ha observado que el cráneo de Homo (Pithecanthropus) erectas, aunque tiene un volumen bastante menor que el nuestro, muestra en su interior el "centro del lenguaje" ligeramente desarrollado, lo cual sugiere una cierta capacidad para entenderse con sus compañeros, y de esta forma se iniciarían los primeros avances sociales.

Tanto el Homo neanderthalensis, como el Homo sapiens, hicieron uso del fuego, enterraban a sus muertos y cazaron al rinoceronte lanudo, al oso de las cavernas, al mamut y a otros animales contemporáneos.

En conjunto, los acontecimientos del Pleistoceno, estuvieron poco influenciados por el desarrollo humano, debido a que, como eran cazadores y se alimentaban de la caza que podían capturar, su desarrollo estaba frenado continuamente por el peligro de morir de inanición. La situación debió ser parecida a la de Norteamérica o África, antes de la llegada del hombre blanco: tribus dispersas de cazadores, prácticas de religiones animistas y escasa supervivencia por la elevada mortalidad infantil y las frecuentes muertes, en un país a menudo rebosante de caza. Ejemplos de la abundancia de grandes mamíferos durante el Pleistoceno, nos lo proporcionan los yacimientos de esta época, que suelen ser ricos en Mamíferos fósiles, pero que casi nunca contienen restos humanos. En el yacimiento de alquitrán de Rancho La Brea en Los Ángeles (California), no sólo abundan los restos de elefantes y otros herbívoros, sino también del tigre con "dientes de sable", que sin duda los cazaba, y de buitres que se alimentarían de sus carroñas: Teratornis, un buitre del Pleistoceno de Los Ángeles ha sido, sin duda, el ave voladora de mayor tamaño conocida.

PUENTES INTERCONTINENTALES E ISLAS EN EL CUATERNARIO

La fauna de Mamíferos de Eurasia y África, ha sido probablemente la más variada. Muchos Mamíferos pasaron a Norteamérica, atravesando el "Istmo de Behring", cuando fue practicable durante el Pleistoceno, y algunos han penetrado por el Istmo de Panamá procedentes de Sudamérica. En cambio, Australia y otras islas, sólo han recibido penetraciones esporádicas de Mamíferos durante este período, dando como resultado, la aparición de faunas endémicas. El destino de los animales confinados en las islas, puede ser muy diverso, debido a múltiples factores. En Malta, por ejemplo, anteriormente unida a Sicilia por un istmo de tierra firme, y por intermedio de ésta con Europa, en ciertas cuevas se han encontrado fósiles de elefantes e hipopótamos enanos; sin duda sus antepasados eran de tamaño normal, pero fueron disminuyendo de tamaño, posiblemente por escasez de alimento, cuando Malta quedó convertida en isla. En otras islas, sin embargo, el proceso ha sido contrario, llegando a originarse formas gigantes, por ejemplo, las "aves-elefante" del Cuaternario de Madagascar o las "Moas" de Nueva Zelanda, que llegaron a medir más de 4 m. de altura, extinguidas hace sólo unos siglos, y aún persisten las tortugas gigantes de las Islas de los Galápagos.

LA ÉPOCA RECIENTE

Con la última retirada de los hielos, el período pleistoceno deja paso a la época actual, aceptándose comúnmente para el comienzo de esta época, unos 9.000 años a. C. Así entramos en la época histórica cuando el hombre, liberado de las restricciones impuestas por la vida de cazador, empezó a labrar la tierra y a multiplicarse sobre la Tierra, hasta llegar al estado de civilización que ahora conocemos. En esta época, la Paleontología cede el paso a la Arqueología, y así termina el objeto de este libro.

Posiblemente sea este el momento oportuno para volver al principio y relatar la Historia de los descubrimientos de fósiles y de su interpretación. Los primeros hallazgos conocidos de fósiles, relacionados intencionalmente con el hombre, están asociados a restos muy antiguos de Homo sapiens; el "hombre de Cro-Magnon" (hace 10.000 a 30.000 años), coleccionaba, al parecer, cristales de ciertos minerales y fósiles de Ammonítes. Los indios de las llanuras de Norteamérica, recogían fósiles que conservaban en bolsas especiales, usándolos como "medicina"; algunos, los perforaban y ensartaban, formando una especie de rosario de cuentas. Algunos huesos del Mamífero gigante del Oligoceno, Brontotherium, fueron hallados por los Pieles Rojas que los atribuyeron a "caballos del trueno", suponiendo que correspondían a ciertos animales que descendían a la Tierra con los truenos de las tormentas; precisamente, el nombre de Brontotherium (del griego bronte, trueno, y ther, animal), hace alusión a esta leyenda. Los nativos de Siberia, conocían hace ya mucho tiempo, los cuernos fósiles del ya extinguido Rinoceronte lanudo, denominándolos "grifos", aludiendo a una supuesta asociación con el gran "pájaro grifo" de la mitología.

Sin duda, el hombre primitivo ignoraba lo que fuesen los fósiles, coleccionándolos simplemente por su especial atractivo. Aunque los griegos y los romanos, conocían la existencia de los fósiles, en la región mediterránea, y en ocasiones llegaron a identificarlos correctamente, no llegaron a darse cuenta, realmente, de su verdadero significado. Fue necesario llegar hasta Leonardo da Vinci, en el siglo XV, para encontrar las primeras interpretaciones correctas; este científico, no sólo comprendió que los fósiles hallados en las colinas del Norte de Italia, eran moluscos marinos, sino que también se dio cuenta de que debieron llegar hasta estos parajes, cuando el Mediterráneo cubría, en épocas pretéritas, lo que ahora era tierra firme, y fue entonces cuando empezó a surgir la verdadera Paleontología. También se dio cuenta de que los fósiles hallados en el Este de Europa, indicaban la existencia de un gran mar, del cual son restos el Mar Caspio, el Mar Negro y los lagos de Hungría; ahora sabemos que estaba en lo cierto, y que se refería simplemente al área sarmatiense. Incluso llegó a sugerir que el Mar Mediterráneo y el Mar Rojo, debieron estar unidos en otros tiempos, a través del Sinaí, como un barrunto del Tethys.

Leonardo da Vinci, naturalmente, se adelantó mucho a su época, por lo que se refiere al pensamiento científico, pero con el tiempo, sus ideas fueron poco a poco admitidas por todos los científicos, y las teorías que un día estuvieron en boga, de que los fósiles eran como minerales que se formaban en las rocas, fueron finalmente reemplazadas por el concepto de fósil, que hemos presentado en este libro.

 
Introducción a la PALEONTOLOGÍA