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- La Era Cuaternaria
"¿De
qué seno sale el hielo?" — job. 38:29.
La
Era Cuaternaria difiere de la Terciaria, principalmente, por la
existencia de enormes glaciares que cubrieron extensas regiones
de globo terráqueo. El desarrollo de la vida en esta Era, no es
una simple prolongación de la del Terciario, sino que tiene especial
interés por una serie de circunstancias:
a) la
gran talla de los Mamíferos;
b) la
existencia de especies ahora extinguidas, pero que fueron contemporáneas
de los primeros hombres;
c) la
aparición del hombre;
d) las
reacciones de los seres vivos, ante las repentinas y profundas fluctuaciones
del clima en esta Era.
Antes
de tratar con detalle estas cuestiones, debemos considerar el caso
que ha llegado a ser clásico, de las variaciones de las faunas de
Moluscos en el Mar Báltico, y de su reacción ante los acontecimientos
que tuvieron lugar durante e retroceso de la última glaciación.
Durante ésta, en las épocas de máximo rigor del clima todo d Noroeste
de Europa estuvo cubierto por una enorme capa de hielo, 1 embargo,
en los últimos años, el hielo fue disminuyendo, como consecuencia
de la elevación de la temperatura ambiente, que continúa en la actualidad,
y las siguientes observaciones corresponden a las últimas etapas
de este retroceso del hielo.
1)
Durante una de las últimas fases de la regresión glaciar en Escandinava,
se formó un lago de origen glaciar donde ahora está situado el Mar
Báltico, que se fue llenando de agua procedente de la fusión del
hielo, hasta que desbordó por el Sur de Suecia comunicando con el
Mar del Norte. En el Suroeste de Suecia, se han encontrado morsas
y osos polares fósiles; estas especies viven actualmente en Spitzberg,
en Groenlandia y en las regiones árticas de la U.R.S.S.
2)
En la fase del Mar de Yoldia, aproximadamente 8.000 años antes de
Cristo, encontramos en el Suroeste de Suecia, yacimientos de estos
Moluscos, característicos de aguas salobres y más frías que las
actuales, aunque no tanto como en la fase ártica anterior. El Mar
de Yoldia ocupó gran parte del área báltica, uniéndose al Mar del
Norte y al Atlántico, a través de la región meridional de Suecia,
y caracterizándose por la presencia del Molusco bivalvo Yoldia,
al que debe su nombre.
3)
En la fase de Ancylus, el Báltico volvió a ser un gran lago poblado
por este Gasterópodo de agua dulce al que debe su nombre. Este cambio
fue consecuencia del levantamiento de Escandinavia, ocasionado por
el deshielo del casquete glaciar que la cubría: el levantamiento
de la corteza terrestre, es más lento que la fusión del hielo, de
forma que aquél se produce con cierto retraso, y Escandinavia aún
se está elevando en la actualidad, a razón de 1 cm. por año. En
la costa suroeste de Suecia, se encuentran fósiles de moluscos marinos,
que indican una temperatura del Atlántico similar a la actual.
4)
El Mar de Littorina ocupaba, aproximadamente, la misma extensión
que actualmente ocupa el Báltico, y su nombre se debe a este Gasterópodo
que actualmente vive en las costas atlánticas. La invasión del mar
en el lago de Ancylus, se debió a la elevación del nivel general
del océano, a causa del aumento de volumen de agua por la fusión
de los glaciares, que fue más rápido que la elevación de Escandinavia
al disminuir la presión del hielo. El deshielo debió producirse
como consecuencia de la elevación de temperatura media, en una época
aproximadamente 5.000-2.000 a. C, cuando la temperatura era de unos
2° C. superior a la actual, y el nivel del mar estaba más elevado.
El género Littorina se encuentra fósil en regiones más internas
del Báltico que en la actualidad lo cual nos indica que el Mar de
Littorina era más salado que el Báltico actual; además, otras especies
de Moluscos, que aún persisten en el Báltico, eran entonces de mayor
tamaño, como corresponde a un ambiente más marino, lo cual se puede
comprobar actualmente, observando que las conchas del Atlántico
son también mayores que las del Báltico. Por otra parte, ciertas
especies de Moluscos, hoy frecuentes en las costas de las Islas
Británicas y Escandinavia, vivían más al Norte, en Spitzberg, durante
esta época de clima más benigno.
5)
Hoy, después de sucesivas variaciones de su salinidad, el agua del
Báltico es menos salina que en la época de Littorina, siendo de
carácter más marino en aguas de Dinamarca, y casi de agua dulce
en las bahías del interior, de forma que, en su parte Norte, se
congela durante el invierno.
Los
cambios climáticos durante el Cuaternario, se ponen de manifiesto
de muy diversas maneras; una de ellas, es la historia del Mar Báltico
que acabamos de referir, y con frecuencia encontramos datos análogos
que proceden del estudio de los Moluscos fósiles, aunque estos datos
suelen ser indirectos. También el estudio de los Mamíferos fósiles,
puede darnos indicaciones precisas, y de hecho, todos los fósiles
pueden considerarse como indicadores de estos cambios ambientales
durante el Cuaternario. La conclusión general a la que se llega,
es que, durante el Cuaternario, el hielo se extendió periódicamente
en amplias áreas, y que ahora se encuentra en una fase de retroceso,
aunque aún existen extensiones importantes cubiertas por el hielo,
en Antártida, Groenlandia y otras regiones, sin que se pueda asegurar
si el hielo volverá o no, a ocupar la extensión que anteriormente
tuvo.
Posiblemente resultará una sorpresa para el principiante, saber
que la mayor parte de Canadá estuvo cubierta de hielo, que el Atlántico
Norte estuvo invadido por témpanos flotantes, entre las Islas Británicas
y Norteamérica; que el actual glaciar del Ródano, en los Alpes,
tuvo entonces una longitud de 160 Km. (actualmente tiene apenas
13 kilómetros), llegando hasta Lyon, y que las montañas de Australia
y Tasmania también tuvieron sus correspondientes glaciares.
Los
fósiles no suelen probar la existencia del hielo, pero en cambio,
aportan datos sobre cambios ambientales, en la forma que ahora veremos,
y la existencia de grandes glaciaciones se puede deducir de la presencia
de fósiles que acusen estos cambios ambientales:
1.
La temperatura del agua fría se puede calcular a base del estudio
de las proporciones de isótopos del oxígeno en los fósiles (véanse
las páginas. 39-40).
2.
La distribución de especies y subespecies no extinguidas, conociendo
sus condiciones ecológicas actuales, proporciona datos sobre el
clima.
3.
La distribución de géneros (y ocasionalmente, de grupos sistemáticos
de mayor categoría), no extinguidos, condicionada por la latitud
geográfica, también proporciona datos sobre estas condiciones en
el pasado (véase la página 136).
4.
Los procesos de atrofia y otros trastornos fisiológicos, ocurren
como consecuencia de los cambios ambientales.
Sin
embargo, se tropieza con muchas dificultades, cuando se trata de
interpretar los cambios de temperatura mediante el estudio de los
fósiles; entre otras:
A)
Los fósiles pueden ser transportados y de nuevo sedimentados, quedando
asociados a rocas de edad geológica distinta de la suya propia;
B)
rara vez se encuentran los fósiles en el mismo sitio donde vivían
los organismos: los restos vegetales flotan, las conchas son frecuentemente
arrastradas por las corrientes litorales, los cadáveres de vertebrados
terrestres pueden ser arrastrados hasta el mar, y sus huesos pueden
depositarse en un ambiente que no les corresponde;
C)
las especies pueden cambiar de ambiente, aunque esto no ocurra con
frecuencia, ya que normalmente, un cambio ambiental provoca la aparición
evolutiva de nuevas especies.
Además,
la evidencia de cambios de temperatura, puede no ser siempre un
indicio de la existencia de una glaciación, puesto que,
a)
una glaciación se produce cuando simultáneamente tienen lugar, un
descenso de la temperatura y un aumento de las precipitaciones,
pero no por un simple enfriamiento del clima; así ocurre, que siendo
Siberia más fría que Islandia, los glaciares están más desarrollados
en esta última, por tener un clima más húmedo, mientras que en Siberia
es más seco);
b)
El descenso de la temperatura del agua del mar, puede ser consecuencia
de un descenso en el nivel del mar, que hace aflorar obstáculos
que impiden la circulación de las corrientes de agua templada; o
bien por una elevación del nivel del mar, que puede dar origen a
la apertura de estrechos que dejan pasar las corrientes frías;
c)
el agua fría es más densa y, por lo tanto, se acumula en los fondos
oceánicos, por lo cual, la temperatura del agua del mar puede descender,
si el mar se hace más profundo, aunque el clima permanezca constante.
De
todo lo que antecede, resulta sorprendente que los fósiles puedan,
a pesar de todo, usarse como indicadores de temperaturas en épocas
pasadas; sin embargo, mediante un trabajo paciente, y con un amplio
conocimiento de los hechos, el paleontólogo puede llegar a conclusiones,
a base de considerar simultáneamente todo el conjunto de pruebas.
Estas conclusiones, rara vez se basan en el estudio de una sola
especie, ya que sería probable cometer graves errores; en cambio,
si se consideran muchas especies fósiles, pueden deducirse varias
conclusiones sobre el medio ambiente en que vivían.
Además,
existen otros indicios que no proceden de los fósiles, como son
las estrías glaciares o los depósitos de sal, y de todo ello resulta
que las glaciaciones periódicas, durante el Cuaternario, se pueden
considerar como definitivamente establecidas, y aunque pueden existir
variaciones locales, que complican la cuestión, en líneas generales,
el proceso está suficientemente claro. Así, por ejemplo, en los
Alpes han existido 4 glaciaciones principales, mientras que en las
Islas Británicas sólo ha habido 3. La Antártida, aunque ahora estemos
en un período interglaciar, sigue cubierta por un casquete de hielo,
de manera que allí no han existido propiamente períodos interglaciares,
y puede darnos un ejemplo, de cómo pueden faltar ciertos indicios
de glaciares durante el Cuaternario.
En
realidad, los principios antes mencionados, pueden aplicarse a la
Era Cenozoica en conjunto, y es interesante comprobar cómo va descendiendo
la temperatura, a partir del Eoceno, como si fuese preparándose
para las próximas glaciaciones del Cuaternario. Un libro de Paleontología
no es lugar adecuado para discutir las causas de las glaciaciones
o de su periodicidad; basta decir que hay numerosas hipótesis sobre
este asunto, que varían, desde el pretendido enfriamiento del sol,
hasta la deriva continental y los efectos causados por las corrientes
oceánicas. Por su parte, los fósiles son tan mudos para esclarecer
estas cuestiones, como elocuentes para demostrar las consecuencias
de las glaciaciones.
LOS
MAMÍFEROS
Desde
el punto de vista evolutivo, los Mamíferos del Cuaternario son simplemente
la continuación de los de la Era Terciaria, pero vale la pena hacer
algunas observaciones adicionales, sobre algunos muy divulgados,
bien sea por su gran tamaño o por sus especiales relaciones con
el hombre. El gran tamaño de los Mamíferos del Cuaternario, es un
asunto difícil de interpretar: ante todo, no es fácil decidir lo
que debe entenderse por "gran tamaño", pues aunque muchos
Mamíferos cuaternarios han sido de mayor talla que sus antecesores
terciarios, esta tendencia al aumento de tamaño es más bien confusa,
y en conjunto, la talla media de los Mamíferos del Cuaternario,
puede haber disminuido respecto a los del Terciario, debido a la
preponderancia de los Roedores: el mayor Mamífero terrestre que
ha existido, el Baluchitherium, corresponde al Terciario. De todas
formas, es sorprendente, cómo existen tantos Mamíferos que tengan
parientes gigantescos en el Pleistoceno, pero lo cierto es que los
Mamíferos de pequeño tamaño, también pueden sobrevivir en climas
fríos y, en cualquier caso, el frío intenso es sólo una característica
temporal y variable del Cuaternario. De todas formas, podemos indicar
los siguientes ejemplos de Mamíferos gigantescos cuaternarios:
Entre
los Marsupiales, el Diprotodon era parecido al Wombat actual, pero
del tamaño de un rinoceronte, tan grande, que sus huesos se confundieron
con los de un elefante.
Entre
los Primates, el gigantesco "hombre-mono" Meganthropus
del Pleistoceno de Java, pero los restos fósiles encontrados son
muy incompletos, y podría tratarse simplemente de un individuo especialmente
corpulento de Homo (Pithecanthropus) erectus.
Entre
los Artiodáctilos destaca el Alce irlandés, Megaceros, que era un
ciervo gigante provisto de las mayores astas conocidas, que podían
llegar a medir hasta cerca de 4 m. de envergadura. Que el hombre
primitivo lo llegó a conocer, es evidente por las pinturas rupestres
de Cougnac (Francia), que datan probablemente del año 15.000 a.
C., y se encuentra desde Irlanda hasta Siberia. El Alce americano
y su congénere europeo, son la misma especie Alces alces, mientras
que el Alce irlandés, pertenece al género Magaceros y propiamente
no es un "Alce". El Bisonte americano que vivió durante
el Pleistoceno, llegó a tener cuernos de más de 3 m. de envergadura.
Los
Desdentados, mamíferos con dentición reducida, que se han desarrollado
principalmente en Sudamérica, comprenden, entre otros, Glyptodon,
una especie de Armadillo gigante, que llegó a tener 3 m. de largo
y debió ser uno de los mayores animales acorazados post-mesozoicos;
un género afín, Doedicurus, tenía la cola en forma de maza, notablemente
similar a la de los Ankylosauros del Cretácico. Megatherium, el
Perezoso gigante, llegó a alcanzar 6 m. de largo, un tamaño similar
al de ciertos Dinosaurios; otro perezoso gigante, Grypotherium,
se encontró en una caverna de Patagonia, y las condiciones del yacimiento
sugieren que estos animales pudieron haber sido criados en rebaños
por el hombre, y sacrificados para alimentarse con su carne, hace
algunos siglos.
Entre
los Proboscídeos, el "Mastodonte" americano, no era excesivamente
grande, para lo que es corriente entre los elefantes; el "Mamut"
(Mammuthus primigenius), tampoco era mayor que los elefantes actuales,
pero tenía la piel cubierta de largo pelo, parecido al "yak",
con una enorme cabeza y colmillos descomunales y retorcidos. En
cambio, el "Elefante antiguo", Palaeoloxodon antiquus,
llegó a medir más de 4 m. de altura, mientras que los mayores elefantes
africanos apenas alcanzan 3,4 m.; un ejemplar hallado en Inglaterra,
midió 4,18 m., y no era todavía adulto .
Los
Carnívoros comprenden varias formas importantes: el famoso "oso
de las cavernas", Ursus spelaeus, sólo era algo mayor que los
osos actuales; el "tigre de dientes de sable", Smilodon,
tampoco era mayor que los tigres actuales, y sus patas cortas y
fuertes sugieren que se trata de un animal que cazaba al acecho,
en vez de atacar a sus presas como los felinos actuales. En el Pleistoceno
inferior del viejo mundo, vivió un Guepardo gigante, Acinonyx jubatus,
del que descienden los guepardos actuales que, aunque no muy grandes,
son los animales terrestres más veloces.
Los
Roedores no han sido nunca muy grandes, pero Eumegamys del Pleistoceno
de Sudamérica, bien pudo alcanzar la talla de un buey, o en tono
caso, un tamaño mayor que el mayor roedor actual, el Capybara, que
mide más de un metro de largo.
No
debe extrañar que hayamos omitido muchas formas de la lista anterior;
los caballos y las ballenas, presentan actualmente su mayor tamaño,
y otros órdenes de Mamíferos, desarrollaron sus formas gigantes
en el Terciario. En cambio, los felinos que se desarrollaron notablemente
en la línea evolutiva de los "dientes de sable", han sido
reemplazados en la actualidad por otros que no están directamente
emparentados con ellos, y que tienen una talla similar.
Más
sorprendente que la talla desacostumbrada de los Mamíferos cuaternarios,
es el hecho de que se hayan extinguido en la actualidad, sin que
existan razones convincentes para ello, pues aunque la acción predadora
del hombre puede haber influido en algunos casos, no ha sido éste
el único factor.
Los
camellos y los caballos, son oriundos de Norteamérica, y se extendieron
por el Viejo Mundo, atravesando el "istmo de Behring"
que reemplazó al actual estrecho durante gran parte del Cuaternario,
desarrollándose aquí cuando ya se había establecido el hombre; sin
embargo, se extinguieron en Norteamérica, y ya no existían cuando
llegaron los primeros pobladores, siendo introducido posteriormente
el caballo por los colonizadores, tanto en Norte como Sudamérica,
desarrollándose de nuevo en su propio ambiente. Es indudable que
el hombre ha cazado los caballos para alimentarse, como lo demuestra
el haberse encontrado miles de esqueletos, al pie de un acantilado
de 300 m. en Francia, a donde eran conducidos por los cazadores
para despeñarlos, y existen muchos ejemplos de extinciones de especies,
que se han debido claramente al hombre, sobre todo entre ciertas
Aves que no vuelan: las plumas del "Moa", un Ave de Nueva
Zelanda parecida al Avestruz, se encontraron adornando las empalizadas
de los poblados nativos, por los primeros exploradores blancos,
aunque nunca pudieron ver un "Moa" vivo. El "Dodo"
desapareció de su último refugio en la Isla Mauricio, en pleno siglo
XVII, como consecuencia de la llegada a dicha isla, de marinos europeos,
que no tenían otra cosa mejor de qué alimentarse. El último lobo,
en Inglaterra, fue cazado en el año 1743.
Sin
embargo, algunos Mamíferos se extinguieron al principio del Pleistoceno,
cuando los hombres eran poco numerosos y demasiado primitivos para
que pudiesen ejercer cualquier tipo de influencia en las condiciones
ecológicas del ambiente; actualmente se trabaja en el estudio de
diversos factores que han podido influir en la extinción de grupos
biológicos: factores climáticos, geográficos, relaciones predador/presa,
y simple competencia entre tipos biológicos semejantes, con el triunfo
de los mejor desarrollados.
Desde
nuestro punto de vista, resulta especialmente interesante la prueba
de la coexistencia del hombre primitivo, con animales ya extinguidos
o relegados a otros ambientes lejanos. Por ejemplo, en la caverna
de Kent, en Inglaterra, existen dos accesos: en uno de ellos se
encuentran pruebas de la presencia del hombre paleolítico, mientras
en la otra entrada encontramos los típicos huesos roídos y fragmentados
por las hienas, junto con restos de estas mismas hienas y de un
refugio de lobos. No suele ser fácil establecer la contemporaneidad
exacta de sucesos en Paleontología, pero se ha pretendido que, las
gruesas capas de carbón encontradas en una galería, que separa las
partes de esta cueva ocupadas por el hombre y por las bestias, son
el resto que ha quedado de una barrera de fuego, establecida por
el hombre, para mantener a las hienas y los lobos en el exterior,
mientras ellos habitaban la cueva, facilitándoles tal vez, una reserva
de caza, cuando el alimento escasease en invierno. Todo esto puede
parecemos una existencia horriblemente precaria, pero de cualquier
forma, resulta evidente que el hombre, las hienas y los lobos, vivieron
simultáneamente en este tranquilo rincón de Inglaterra, durante
el Pleistoceno.
La
prueba definitiva de la coexistencia del hombre con los mamíferos
ya extinguidos, nos la proporcionan las cuevas con pinturas rupestres
en Francia y en España, de finales del Pleistoceno, en las que se
pueden reconocer, ejecutadas por una mano maestra, imágenes del
Mamut y del Rinoceronte lanudo, junto a otras especies aún no extinguidas,
pero que ya no se encuentran en estas regiones, como son el Bisonte,
la Hiena y el Reno, aunque sin duda eran familiares a los artistas
del Paleolítico en Francia y en España. Actualmente, el Bisonte
sólo se encuentra en Europa oriental, la Hiena ha quedado relegada
a Asia y África, y el Reno ha emigrado hacia el Ártico.
EL
HOMBRE FÓSIL
La
documentación fósil humana es realmente decepcionante. Sus fósiles
son escasos y sus comienzos resultan difusos; continuamente se publican
trabajos en los que se discute la nomenclatura y la datación de
los fósiles humanos, pero en resumen, se puede concluir que la historia
del género Homo coincide aproximadamente con la Era Cuaternaria,
y que la especie Homo sapiens queda limitada al Pleistoceno superior
y a la época reciente, a pesar de que últimamente se ha sugerido,
que el género Homo podría haber estado presente en el Plioceno superior
de Kenia.
Los
cambios estructurales acaecidos en los Primates, que dieron origen
al hombre, son los siguientes:
1) incremento de la capacidad craneal, en términos generales,
desde 500 ce. a 1.500 ce., en forma progresiva;
2) desarrollo del mentón, hasta originar la mandíbula cuadrada
del hombre moderno;
3) adquisición progresiva de la posición erguida del cuerpo;
4) reducción del tamaño de los caninos;
5) tendencia hacia la vertical, en el perfil facial, como consecuencia
del desarrollo de la frente;
6) disminución de los arcos superciliares, que ocupan la posición
de las cejas.
Estas
y otras modificaciones estructurales en el hombre, reflejan la tendencia
a caminar erguido, correr y trepar, indicando el abandono de la
vida en la selva, y una adaptación mental, creciente, a las peculiaridades
de la vida social.
El
estudio del hombre fósil es por sí mismo una empresa bastante difícil
y no se consigue precisamente facilitarlo, con la intervención de
ciertos bromistas. El llamado "hombre de Piltdown" de
Sussex (Inglaterra), con el que estaban obsesionados los libros
de texto de los años 40, se demostró que era una asociación fraudulenta
de la mandíbula de un chimpancé con un cráneo humano, ni siquiera
tan antiguo como se pretendía. Por otra parte, se ha dicho del hombre
de Neanderthal, que caminaba en posición encorvada, lo cual contribuye
a su apariencia bestial en las reconstrucciones, cuando la realidad
es que, esta falsa apariencia se debe a que uno de los esqueletos
estudiados, estaba afectado de osteoartritis; de hecho, lo más probable
es que caminase erguido como nosotros. Se ha observado que el cráneo
de Homo (Pithecanthropus) erectas, aunque tiene un volumen bastante
menor que el nuestro, muestra en su interior el "centro del
lenguaje" ligeramente desarrollado, lo cual sugiere una cierta
capacidad para entenderse con sus compañeros, y de esta forma se
iniciarían los primeros avances sociales.
Tanto
el Homo neanderthalensis, como el Homo sapiens, hicieron uso del
fuego, enterraban a sus muertos y cazaron al rinoceronte lanudo,
al oso de las cavernas, al mamut y a otros animales contemporáneos.
En
conjunto, los acontecimientos del Pleistoceno, estuvieron poco influenciados
por el desarrollo humano, debido a que, como eran cazadores y se
alimentaban de la caza que podían capturar, su desarrollo estaba
frenado continuamente por el peligro de morir de inanición. La situación
debió ser parecida a la de Norteamérica o África, antes de la llegada
del hombre blanco: tribus dispersas de cazadores, prácticas de religiones
animistas y escasa supervivencia por la elevada mortalidad infantil
y las frecuentes muertes, en un país a menudo rebosante de caza.
Ejemplos de la abundancia de grandes mamíferos durante el Pleistoceno,
nos lo proporcionan los yacimientos de esta época, que suelen ser
ricos en Mamíferos fósiles, pero que casi nunca contienen restos
humanos. En el yacimiento de alquitrán de Rancho La Brea en Los
Ángeles (California), no sólo abundan los restos de elefantes y
otros herbívoros, sino también del tigre con "dientes de sable",
que sin duda los cazaba, y de buitres que se alimentarían de sus
carroñas: Teratornis, un buitre del Pleistoceno de Los Ángeles ha
sido, sin duda, el ave voladora de mayor tamaño conocida.
PUENTES
INTERCONTINENTALES E ISLAS EN EL CUATERNARIO
La
fauna de Mamíferos de Eurasia y África, ha sido probablemente la
más variada. Muchos Mamíferos pasaron a Norteamérica, atravesando
el "Istmo de Behring", cuando fue practicable durante
el Pleistoceno, y algunos han penetrado por el Istmo de Panamá procedentes
de Sudamérica. En cambio, Australia y otras islas, sólo han recibido
penetraciones esporádicas de Mamíferos durante este período, dando
como resultado, la aparición de faunas endémicas. El destino de
los animales confinados en las islas, puede ser muy diverso, debido
a múltiples factores. En Malta, por ejemplo, anteriormente unida
a Sicilia por un istmo de tierra firme, y por intermedio de ésta
con Europa, en ciertas cuevas se han encontrado fósiles de elefantes
e hipopótamos enanos; sin duda sus antepasados eran de tamaño normal,
pero fueron disminuyendo de tamaño, posiblemente por escasez de
alimento, cuando Malta quedó convertida en isla. En otras islas,
sin embargo, el proceso ha sido contrario, llegando a originarse
formas gigantes, por ejemplo, las "aves-elefante" del
Cuaternario de Madagascar o las "Moas" de Nueva Zelanda,
que llegaron a medir más de 4 m. de altura, extinguidas hace sólo
unos siglos, y aún persisten las tortugas gigantes de las Islas
de los Galápagos.
LA
ÉPOCA RECIENTE
Con
la última retirada de los hielos, el período pleistoceno deja paso
a la época actual, aceptándose comúnmente para el comienzo de esta
época, unos 9.000 años a. C. Así entramos en la época histórica
cuando el hombre, liberado de las restricciones impuestas por la
vida de cazador, empezó a labrar la tierra y a multiplicarse sobre
la Tierra, hasta llegar al estado de civilización que ahora conocemos.
En esta época, la Paleontología cede el paso a la Arqueología, y
así termina el objeto de este libro.
Posiblemente sea este el momento oportuno para volver al principio
y relatar la Historia de los descubrimientos de fósiles y de su
interpretación. Los primeros hallazgos conocidos de fósiles, relacionados
intencionalmente con el hombre, están asociados a restos muy antiguos
de Homo sapiens; el "hombre de Cro-Magnon" (hace 10.000
a 30.000 años), coleccionaba, al parecer, cristales de ciertos minerales
y fósiles de Ammonítes. Los indios de las llanuras de Norteamérica,
recogían fósiles que conservaban en bolsas especiales, usándolos
como "medicina"; algunos, los perforaban y ensartaban,
formando una especie de rosario de cuentas. Algunos huesos del Mamífero
gigante del Oligoceno, Brontotherium, fueron hallados por los Pieles
Rojas que los atribuyeron a "caballos del trueno", suponiendo
que correspondían a ciertos animales que descendían a la Tierra
con los truenos de las tormentas; precisamente, el nombre de Brontotherium
(del griego bronte, trueno, y ther, animal), hace alusión a esta
leyenda. Los nativos de Siberia, conocían hace ya mucho tiempo,
los cuernos fósiles del ya extinguido Rinoceronte lanudo, denominándolos
"grifos", aludiendo a una supuesta asociación con el gran
"pájaro grifo" de la mitología.
Sin
duda, el hombre primitivo ignoraba lo que fuesen los fósiles, coleccionándolos
simplemente por su especial atractivo. Aunque los griegos y los
romanos, conocían la existencia de los fósiles, en la región mediterránea,
y en ocasiones llegaron a identificarlos correctamente, no llegaron
a darse cuenta, realmente, de su verdadero significado. Fue necesario
llegar hasta Leonardo da Vinci, en el siglo XV, para encontrar las
primeras interpretaciones correctas; este científico, no sólo comprendió
que los fósiles hallados en las colinas del Norte de Italia, eran
moluscos marinos, sino que también se dio cuenta de que debieron
llegar hasta estos parajes, cuando el Mediterráneo cubría, en épocas
pretéritas, lo que ahora era tierra firme, y fue entonces cuando
empezó a surgir la verdadera Paleontología. También se dio cuenta
de que los fósiles hallados en el Este de Europa, indicaban la existencia
de un gran mar, del cual son restos el Mar Caspio, el Mar Negro
y los lagos de Hungría; ahora sabemos que estaba en lo cierto, y
que se refería simplemente al área sarmatiense. Incluso llegó a
sugerir que el Mar Mediterráneo y el Mar Rojo, debieron estar unidos
en otros tiempos, a través del Sinaí, como un barrunto del Tethys.
Leonardo
da Vinci, naturalmente, se adelantó mucho a su época, por lo que
se refiere al pensamiento científico, pero con el tiempo, sus ideas
fueron poco a poco admitidas por todos los científicos, y las teorías
que un día estuvieron en boga, de que los fósiles eran como minerales
que se formaban en las rocas, fueron finalmente reemplazadas por
el concepto de fósil, que hemos presentado en este libro.
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